Las mujeres en Cartagena emprenden con sazón y dulzura

12 de julio de 2020 12:00 AM

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Un emprendimiento de esposos

Aura Gutiérrez, de 30 años, es una abogada operada del corazón, a quien la pandemia obligó a emprender.

Mamá de Milagros, de un año y medio, Aura quedó sin trabajo al inicio de la cuarentena, así que el sueldo de su esposo Jorge Quintana se convirtió en la única fuente de ingreso. Sus destrezas en la cocina se convirtieron en una salida viable, en un ‘delicioso’ salvavidas.

“Mi esposo y yo siempre hemos sido amantes de la cocina, nos gusta inventar recetas nuevas, a mi esposo más que a mí. Elaborábamos encurtidos, mermeladas, pesto de pimentón, pastas de tomate, pasta de ajo y mantequilla de ajo con orégano. Nos compraban amigos cercanos, o del trabajo y nos decían: ‘¿Por qué no los venden al público?, les iría muy bien’”.

Aura dice que siempre tenían una excusa: la falta de tiempo.

“Mi esposo trabaja todo el día en una fundación en La Boquilla y yo también estaba trabajando súper fuerte, esa era la excusa, que no teníamos tiempo. Pero resulta que cuando llegó la cuarentena me quedé sin trabajo, y el ingreso se redujo a uno, así que se desestabilizó nuestra economía”.

Su esposo es fan del canal El Gourmet y sus amigos incluso les regalaron libros de recetas de mermeladas. Después de una noche en la que Aura no pudo dormir pensando en darle forma a su idea de emprendimiento, decidieron sentarse y evaluar sus posibilidades, sacar cuentas. Así nació Al Natural

“No me gusta sentarme a esperar que las cosas sucedan; me gusta hacer que sucedan. Le dije a mi esposo: ‘Mi amor, hay que hacer algo’. Al principio era mucho temor por el virus, para repartir el domicilio. En la casa tenemos estrictas medidas de bioseguridad porque yo soy paciente de alto riesgo, fui operada a corazón abierto hace unos años y tengo marcapasos. Le huyo lo más que pueda al virus, pero resultó que mi cuñado también está sin trabajo y puede hacer los domicilios, con permiso, claro está”, continúa Aura.

Parte de su último sueldo de abril lo invirtieron en frascos, frutas verduras, “y hasta hice publicidad”, ríe, “una amiga me ayudó un montón”.

“Empezamos a vender nuestras mermeladas, encurtidos, y pastas y la gracia de Dios nos ha acompañado, aún sigue ese hueco de tener un ingreso fijo, pero lo más importante de esta experiencia es no postergar lo que queremos hacer, lo que uno dice que hará después, no lo hace nunca”.

Todo el trabajo que han logrado hasta hoy ha sido posible gracias a las redes sociales. Las frutas y vegetales los piden a domicilio con proveedores de alta calidad, guardando las medidas de higiene y confiando en que cada día su emprendimiento tome más fuerza.

Tortas, la esperanza en la crisis

La historia de Cindy May y María José fue por casualidad, también debido al desempleo que ha dejado el nuevo coronavirus, y gracias al ‘arranque’ de hacer una torta de zanahoria a altas horas de la noche.

“Yo hago embarazos complicados y hace 2 años nació mi segunda hija. Estando embarazada renuncié a mi trabajo porque era demasiado exigente la labor. Al cumplir mi hija los ocho meses de nacida, empecé a buscar trabajo nuevamente y se me dio la oportunidad de una OPS en la Alcaldía como Ingeniera de sistemas. Como todos sabemos, el tema de la política no es fácil y, bueno, este año quedé desempleada nuevamente. Toqué las puertas en el trabajo que había dejado anteriormente y volví, pero al mes de estar laborando empezó la cuarentena y la empresa prácticamente cerró y sacó a la mitad de los empleados, incluyéndome”, empieza Cindy.

Como han hecho muchas personas para tratar de escapar del confinamiento desde casa, estas chicas empezaron a hornear postres todas las semanas.

“Mis papás viven en Bogotá y mi mamá justo el año pasado terminó sus carreras de Chef internacional y Repostería internacional. De esos temas que le dan a uno, empezamos a hacer postres fit. Pero resulta que a nadie gustaban en casa y me reclamaban. Un día cualquiera estaba viendo el perfil de un blogger que sigo que cocina y publicó una receta de una torta de zanahoria. Me levanté de la silla y dije: ‘Tengo los ingredientes la voy a hacer’. Mi esposo hasta me reclamó. Me dijo que era necia, que esas no eran horas de hacer torta. Le dije que iba a hacer algo que les gustara, para que no reclamaran más – ríe Cindy-

“La cuestión fue que la hice y la dejé en el comedor. Pero resulta que pasaron dos días y nadie la probó. Allí quedó. Al tercer día nos visitaron unas tías de mi esposo que viven cerca, y les brindé la torta. Cómo era grande, la repartí con los vecinos y te cuento que todos estaban fascinados con ella.

“Bueno, yo, al ver la reacción de la gente al probar la torta, le dije a la sobrina de mi esposo, María José: ‘¿Será que tú me ayudas y vendemos unas tortas para el fin de semana de las madres?’. Ella se va a todo lo que la invito y me dijo que sí”.

De 4 a 5 tortas con las que creyeron empezar, en su primera semana tuvieron 9 pedidos.

“No era fácil, solo teníamos un molde. Tengo dos hijas, todo el cuidado de la casa. Mientras yo hacia la mezcla, Majo me ayudaba dividiendo los ingredientes, engrasando el molde. En fin. La tercera semana ya nos organizamos. Creamos la parte financiera. Tuvimos que restablecer los precios de las tortas y a pedido de clientes fueron saliendo nuevos productos y lo que empezó el 9 de mayo va hasta hoy en firme, gracias a Dios”, continúa Cindy, de 34 años.

Para María José Díaz García, de 26 años, especialista en Gerencia de Proyectos de la UTB, esta es una oportunidad para hacer algo que le gusta, para experimentar. “Cuando empezamos teníamos $40.000 entre las dos. La primera semana nos enredamos un poquito, quedamos cansadas, pero a la semana siguiente la gente siguió pidiendo y unas amigas compartieron la foto en Instagram y amigos de ellas pedían la página y nosotras no teníamos nada. Ahí fue cuando creamos todo. ¡Ya vamos para casi 300 seguidores!”, cuenta.

Ya han sido invitadas a eventos de alianzas, donde además de presentar su nuevo proyecto, ofrecen sus servicios como ingenieras y gerente de Proyectos para futuros emprendedores. Pronto tendrán su primer giveaway para fortalecer su marca.

Cindy agradece haber tomado esta decisión. ”Estamos las dos en este negocio. Entre las dos invertimos y, la verdad, cada semana tratamos de que se nos vendan mínimo 10 unidades. Siempre inventamos algo. Hubo semanas en que cerrábamos en 20. Ya compramos más implementos para trabajar y pues mi mamá ha sido una ayuda fundamental con sus conocimientos, también nos regaló algunos implementos. Y la verdad estoy segura que esto es de Dios, y quiso que hiciera esto”.

Redes: mimi.cakectg

Facebook: Mimi Repostería y Pastelería.

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