Facetas


“En la vida no se puede hacer nada solo”

ANDRÉS PINZÓN SINUCO

05 de enero de 2014 12:02 AM

No es una coincidencia que su devenir personal, siempre equilibrado y espontáneo, lo haya inducido a la presidencia de la Red de Instituciones de Educación Superior del Caribe Colombiano (Riescar).
 

Para Dionisio Vélez White, el liderazgo es una condición a la que asiste casi de manera inconsciente pero con una determinación feroz que se fue cimentando desde que tenía 15 años, cuando su padre lo impulsó a que administrara el negocio de transporte que tenía su familia.

Esa suerte de emprendimiento se nota en su voz grave y en el buen sentido del humor que mantiene como condición constante. Así lo comprueba la sucesión de acontecimientos afortunados que Riescar, red conformada por 28 universidades de la Región Caribe, ha conseguido bajo su gestión, sobre todo en lo concerniente a convenios interinstitucionales e investigaciones.

La punta de lanza de esta agrupación de universidades es  que los planteles tengan acceso a la Red Nacional de Tecnología Avanzada (Renata), que a su vez las comunica virtualmente con las redes académicas  y los centros de investigación más desarollados del mundo.

Dionisio, padre del Alcalde Mayor de la Heroica, y rector de la Fundación Tecnológica Antonio de Arévalo, es ante todo un cartagenero, cuya infancia transcurrió en Manga, uno de los barrios más tradicionales de la ciudad.

Se trata entonces de un nombre convencido de las posibilidades de la Región Caribe colombiana y de las aptitudes de sus dirigentes, con los que comparte la idea inequívoca de que sólo la educación y el descubrimiento personal y espiritual puede transformar vidas.

¿Cómo recuerda su infancia?
-Muy feliz, con unos padres bastantes estrictos y como todo niño con los juegos… Dentro de un núcleo familiar de 6 hermanos de los que soy el mayor. Mi padre fue muy estricto conmigo porque yo tenía que dar ejemplo, me lo dejaba ver muy frecuentemente.
Vivía en Manga por los lados del hospital… En esa época era un sito tranquilo y plácido…

¿Qué condición principal cree que plasmó su padre en su formación?

-A medida que fui creciendo él me fue dando responsabilidades, inclusive responsabilidades que estaban muy por encima de lo que mi edad me permitía. Recuerdo que mi padre tuvo la primera empresa de transporte de carga que se llamaba Cosmopolita, tenía buses y camiones.
Él era una especie de asistente de mi abuelo. La empresa fue mi primera responsabilidad a los 15 años.

¿Cuál era su trabajo exactamente?
-Yo era jefe. Compraba los tiquetes en la gobernación y en mi tiempo libre, por la noche, liquidaba a los trabajadores. Ellos me daban el dinero y yo consignaba. Recuerdo que mi última ‘limpia’ (reprimenda) fue porque alguien le dijo a mi padre que me habían visto manejando un bus. A lo que él me dijo: ‘te voy a dar unos cuerazos porque yo no te tengo a ti para que manejes un bus, sino para que los administres’.
Después de eso, a mi padre se le metió la idea de que yo tenía que ir a estudiar afuera de Cartagena mi bachillerato, pero nunca fui porque le tenía terror al avión, así que me gradué en el Colegio de La Salle.

¿Por qué decidió estudiar agronomía?
-Fue guiado por mi tío Orlando Vélez. Nosotros siempre tuvimos finca y mi tío me dijo: ‘Ni mi papá, ni yo, ni tu papá somos eternos. Esto tiene que quedar en manos de alguien y el nieto mayor eres tú’.

¿Y cómo termina un agrónomo siendo un líder académico?
-Entré a la universidad del Magdalena y fui el presidente del Consejo Estudiantil. Ahí comenzó mi actividad en la academia, es decir como activista. No pensé nunca dedicarme a lo que ahora me dedico. Terminé agronomía en Santa Marta con la ilusión de gerenciar la ganadería de mi abuelo, pero el gobierno de Lleras (Carlos Alberto Lleras Restrepo, presidente de Colombia 1966-1970) incoró todo lo que tenía la familia Vélez: 17 mil hectáreas en Sincerín (Bolívar) y el Ingenio que tenía mi abuelo. Le dejó a la familia 900 hectáreas, 100 hectáreas por hijo. Entonces un profesor me dijo que tenía un puesto para mí en el ICA (Instituto Colombiano Agropecuario), en Bogotá.

Ese fue entonces su primer ejercicio como profesional.
-Sí y fue en comunicaciones, porque yo fui director técnico de las publicaciones que sacaba el ICA, e hicimos muchos manuales.

Pero usted también estudió Administración…
-Sí porque del ICA salí a trabajar en el Sena (Servicio Nacional de Aprendizaje). Y además de eso entré a ser director del programa de promoción profesional, y a organizar toda la parte didáctica y tenía que dictar los cursos además de recorrer todos los pueblos. Después fui gerente de empresas públicas municipales de Cartagena.

¿En qué momento se vincula a Tecnar?
-De las empresas públicas me voy a trabajar en Edurbe (Empresa de Desarrollo Urbano de Bolívar) y de ahí me dediqué a ejercer la agricultura.
Después de que estoy cultivando me dicen unos amigos que querían hacer una institución de educación superior pero que necesitaban una persona que tuviera un predio. Me dijeron que se estaba haciendo sin un peso y tenían deudas en todos los bancos.
Yo era agricultor fuerte y tenía crédito en todos los bancos. Esos fueron los inicios de Tecnar, eso fue en el 85. Tecnar tiene 29 años.

¿De qué cree que están hechas las mejores universidades?
-Hoy por hoy, Colombia tiene dentro de su Sistema Educativo un elemento que se llama la Acreditación de Alta Calidad que te exige tener todos los elementos que considero necesarios para dar una excelente educación.
Yo me metí por ahí y hoy tengo con Tecnar 5 programas tecnológicos acreditados con alta calidad.

¿Qué música le gusta?
-Los boleros, las baladas y la música clásica. En cuanto a artistas pues la vieja guardia: Olga Guillot y Agustín Lara.

¿Qué hace cuando no tiene que trabajar?
-Mi mujer dice que yo tengo una enfermedad que es el trabajo, pero normalmente lo que hago cuando descanso es leer. Aquí te toca leer así no te guste. Leo, oigo música y veo televisión… También me devoro todos los periódicos y leo sobre todo los libros que tienen que ver con la actividad académica, y me encanta la buena comida.

¿Qué paisaje tiene grabado en la memoria?
-Ya no lo puedo ver pero era la entrada al Ingenio Santa Cruz, allí en Sincerín. En un sitio que se llama La Cruz del Viso... Era una hilera de robles amarillos y morados del lado derecho, y del lado izquierdo unos cocos grandes, y tú veías eso... Todavía lo tengo en la cabeza… Ya hoy no existe pero eso era una belleza...

¿Qué sabor prefiere?
-El picante me encanta.

¿Qué olor lo motiva?
- El olor que más me gusta es el de la lavanda. Me baño en lavanda, me encanta ese olor.

¿Por qué es importante trabajar en una red como Riescar?

- Porque en la vida si estás solo no se puede hacer nada. Cuando quieres desarrollar una actividad que realmente favorezca a la ciudad no vas a lograrlo solo, si lo haces vas a quedar con una acción muy tímida. Pero si el equipo empuja al mismo lado, tú vas a lograr tus objetivos. Me di cuenta de la importancia que tenía Riescar y empecé a trabajar sin aspiraciones ni nada, pero trabajé. Y me han venido renovando la presidencia cada dos años. El concepto es hacer una labor de equipo. Con Renata rompimos un esquema a nivel nacional, hoy todas las instituciones entran a Renata y logramos meternos dentro de las 8 redes que son la élite en el país.
Ahora estamos sacando adelante un gran proyecto que es la zona franca académica, crear la biblioteca de toda la Región Caribe.

  NOTICIAS RECOMENDADAS