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[Video] Cerro de La Popa, los que sobreviven en las alturas

¿Ha pensado alguna vez qué ha sido de las personas que dependen del Cerro de La Popa?, ¿todos siguen ahí?, ¿cómo han sobrevivido a todos estos meses?

LAURA ANAYA GARRIDO

10 de enero de 2021 08:00 AM

Nadie quiere que el hambre toque su puerta, por eso, apenas Renzo Segovia sintió que se venía acercando, le sacó el cuerpo de la única forma que encontró: “tirando carretilla”. Todavía se le quiebra la voz cuando lo recuerda: su hijo empeñó una moto y se fue con él “a caminar media Cartagena para poder sobrevivir. Nunca en mi vida lo habíamos hecho”, me dice y calla. “Después de eso -vuelve a callar-, me fui para el mercado de Bazurto a trabajar haciendo viajecitos en carretilla, de ahí sobrevivíamos, el día a día, hasta el mes de octubre, que volvieron a abrir y estamos aquí de nuevo”.

“Aquí” es lo más alto del Cerro de La Popa, hoy es el primer miércoles de 2021 y Renzo es el señor que cuida los carros en el parqueadero que está justo afuera del Convento. ¡Ah, también ofrece paseos en una burra a la que llama “La colombianita”!

En el parqueadero, que además es una especie de plaza donde usted se puede encontrar artesanías, lo mismo que souvenirs o empanadas de huevo, trabajan unas 40 personas... “Ahora estamos viniendo ‘pico y placa’: la mitad un día y la mitad el otro, para no haber tanto tumulto”, me cuenta y le da gracias a Dios por los turistas, nacionales que han vuelto a visitar el cerro, “los extranjeros son muy pocos”, añade.

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Aunque muy pocos, los turistas han retornado poco a poco a visitar al Cerro de La Popa. //Foto: Julio Castaño - El Universal.

Le pregunto qué espera del 2021, especialmente cuando se acerca un febrero que muy seguramente no tendrá las tan tradicionales y multitudinarias procesiones en honor a la Virgen de La Candelaria, y me responde: “Estamos esperando muchas cosas, a ver qué se sobreviene por el coronavirus, porque dicen que van a cerrar, que no, que dizque ahora hay pico y placa. El de arriba es el que sabe, para ver qué nos trae. Si el 2020 nos trató un poco... Vamos a ver este qué nos trae”. (Lea aquí: ¿Va a visitar el Convento de La Popa? Esto es lo que debe saber?)

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El sonido siempre contundente de las palabras de Raimundo Urruchurtu López traspasa su tapabocas para dejarme claro que él tiene 65 años “bien vividos” —aunque 2020 haya sido pésimo—.

“Estamos, ahora mismo, laborando más que antes, tenemos unos ingresos más —ahora mismo es hoy, ahora mismo es desde octubre, cuando regresó a La Popa a ser el taxista de siempre—. No es el turismo total que hemos tenido todos los años, pero siempre ha llegado gentesita, que (con ellos) nos hemos bandeado para el sustento de nuestras vidas, porque nosotros vivimos del día a día. Nosotros no tenemos ayuda de gobierno ni de nadie”. Y descarga la indignación que ha acumulado en todos los días y todas las noches de toda su vida manejando carros que no son suyos.

“Lastimosamente, nosotros aquí no tenemos pensiones ni nada, al contrario: tenemos administradores de taxis que nos quitan cada día 5.000 pesos para el auxilio de nosotros, o sea, para el médico, para tener una tarjeta, y no debe ser así —ahora tiene rabia—, porque un administrador que pase de diez o veinte taxis es una empresa, debe darle el auxilio médico a ese taxista, más sus prestaciones. Entonces, nosotros queremos que, a raíz de ustedes, le comuniquen al Ministerio de Transporte (...) que también nos tenga en cuenta aquí, en Cartagena, que nosotros también necesitamos de su ayuda, que las tarifas de noviembre y de diciembre las aumentaron, cuando no hay de dónde”, dice y extiende sus brazos. “Nosotros tenemos una entrega de ochenta, cien mil pesos, que a veces no se hacen. Tenemos que cumplir con eso, porque si no, nos quitan el pan de cada día. Ojalá y le comunique eso a toda Colombia —‘Al presidente’, sugiere alguien—, al presidente de la República también, al doctor Iván Duque, que aquí, los taxistas de Cartagena estamos desamparados. Nos tienen abandonados”, dice y sus compañeros le aplauden. Sus compañeros.

Un grupo de turistas sale del convento y necesita bajar del cerro para, qué sé yo, ir al hotel, ducharse y caminar por el Centro, así que el taxista que más trae carreras al Cerro de La Popa, el que vive lejos, allá, en Las Gaviotas, “El Pepe Cana”, padre de dos y abuelo de otros dos, se despide...

—Yo hablo para todos, papi —les pregunta a sus compañeros y a ellos solo les falta aplaudirlo—. Oye, estuvo bien, ¿ah?

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Edwin Martínez. Vendedor de cadenas, pulseras y aretes desde hace veinticinco años. Vive en La María.

“Para nosotros afrontar esta pandemia ha sido muy difícil porque la verdad es que nosotros dependemos totalmente del turismo y si no hay turismo, pues... Estuvimos mal, mal, mal, mal... Muchos compañeros salimos con carretillas para sobrevivir y fue pésimo. Fue una experiencia demasiado pésima porque las ayudas no nos llegaron. La verdad es que pasamos duro, duro, duro. Sobrevivimos gracias a Dios”, cuenta y recuerda que varios días no tenía ni siquiera para darles qué comer a sus hijos. Eso, sin duda, ha sido lo más duro. “Nosotros regresamos, nos reactivamos el 1 de noviembre. Como usted lo puede ver, nos dividimos, una parte un día y así. La afluencia de turismo ha sido poca. Los meses anteriores ha sido bajita, ahora, de diciembre y lo que llevamos de enero, se ha visto un poquito más, pero no es a lo que estamos acostumbrados, pero le damos las gracias a Dios porque ya estamos vendiendo alguito”.