En Salamina: manos que crean arte comestible

17 de julio de 2020 08:37 PM

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Carmen Yolanda Pimienta Vásquez nació en San Jacinto, Bolívar, hace 56 años.

“Yo nací sobre la aguja -dice-, en San Jacinto, viendo tejer hamacas y mochilas, así que empecé a trabajar a los 11 años lo que es la artesanía... viendo a María, mi mamá”. Pero desde niña hacía cocadas y las vendía en las tiendas de los barrios.

Años después, en Salamina, Magdalena, el destino de esta artesana se encaminó hacia la repostería, una labor que hace por pasión y tal vez por hobby, porque estar en un pequeño pueblo puede no ser tan rentable, aunque le deja la enorme satisfacción de que aprecian su trabajo.

Le apasiona hacer galletas, pudines con formas divertidas, flores en fondant... en general ningún diseño que se imagine le queda grande y, de las cuatro reposteras que hay en Salamina, ella se destaca por ser de las más detallistas.

“Primero aprendí a hacer pudines y pastillaje con una amiga, pero me quedaba un pastillaje duro.

“El primer pudín que hice fue a una de mis hijas, fue para sus 15 años y la pasta se quebró porque quedó rígida”, ríe.

Gracias al Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, pudo hacer cursos de Manipulación de alimentos, Panadería y Repostería en Salamina, con los que pulió sus habilidades en la cocina. Las herramientas tecnológicas de hoy también han sido de gran ayuda.

“Te digo que he aprendido mucho con la chef Juliana Álvarez, la sigo en su canal de YouTube, me gusta porque ella tiene carisma y es muy buena en lo que hace. De ella aprendí algunos tips para hacer los pudines dorados y otros consejos para mejorar.

“También me gusta ver canales de por allá de China, Japón, no me importa el idioma, yo veo las cosas y me salen. Creo que estoy mal cuando no estoy haciendo cualquier pudín o galleta. No sé qué sería de mí si no pudiera hacer estas cosas que me gustan”.

Sus clientes son conocidos y algunos que consigue a través del voz a voz. Siempre que ven sus creaciones se preguntan ¿quién hizo este pudín?

“Me gusta cuando me dicen que quedó bonito y sabroso. Hice hace poco una torta a una amiga: llevaba un barquito, unas matas de maíz, unas matas de tomate, ¡ella tenía una emoción, la hubieras visto! ¡Esa es la satisfacción!”.

Yolanda, como la conocen, vive en Salamina desde hace 30 años, y solo hasta hace un tiempo ha podido encontrar algunos de los ingredientes para sus creaciones en el pueblo; la mayoría tiene que encargarlos a Barranquilla o incluso Cartagena. Partió de San Jacinto buscando establecerse con su esposo y hacer familia en ese rincón del Magdalena y, en sus palabras, “le agradezco a Salamina porque me ha acogido y aquí mi familia tiene lo mucho o lo poco que tiene”.

Su galería de fotos está llena de sus tortas temáticas: flores espectaculares, animales de zoológico, muñecas, batas de médicos, de maquillaje, incluso de Game of Thrones.

“Creo que es difícil ser repostera de este tipo de pudines en un pueblo, pero me mantengo. No dejo de hacer, aunque sí me gustaría tener más encargos. A veces por la edad me pongo a pensar que me hubiera gustado empezar con esto cuando estaba ‘nueva y joven’ pero hago las cosas por hobby, porque hago lo que me gusta, para mis amigos y sobre todo para mi familia, para que conozcan mi creatividad”.

Yolanda teje crochet, diseña ropa, elabora panes, borda y cualquier cosa que le llame la atención aprender. Es un don que no muchas personas poseen, y que no sabe de dónde viene.

“Pienso que todo lo que se hace con dedicación, y amor, todo sale perfecto”, cree.

Sobre su pasión repostera

A la semana, puede crear uno o dos pasteles. Solo para decorar puede invertir 2 o 3 horas... tiene una paciencia envidiable.

“Hay gente que en 5 minutos decora un pudín... yo aún no puedo”, ríe. Dice que lo más difícil de la repostería es trabajar con crema. “Esta crema tiene que tener su punto, a veces no sale, se derrite. Ya estoy mejorando mucho, pero esa es la parte más difícil. Por otro lado, como yo soy creativa, me gusta y me parece fácil el fondant. Es un trabajo de paciencia, es lo más fácil, me gusta hacer muñecos, flores...”.

Para ser sinceros, el negocio de Yolanda no es ni de lejos rentable, o le permite vivir de ello, pero es una alternativa que la hace salir de la rutina y explorar sus dones y talentos.

A veces, cuando Yolanda está acostada en su hamaca, siente aquella necesidad de levantarse y ponerse a hornear, incluso aunque no tenga encargos, solo para ella y su familia, así que puede vérsele a las 7 de la noche metiendo panes en su estufa, o preparando algunos cupcakes.

Sus tres hijas, su yerno, sus dos nietos y su esposo, son quienes prueban de primera mano sus creaciones, y quienes por supuesto, tienen una torta temática en cualquier fecha especial.

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