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Entre conservas y bocadillos de plátano en Turbaco

La familia Daniels ha hecho populares los bocadillos de plátano gracias al legado de la señora Silveria Dau, que empezó a elaborarlos desde 1954.

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

28 de marzo de 2021 06:00 AM

Niria Daniels Puello me abrió las puertas de su casa para encontrarme con una tradición dulcera que viene de 1950.

La responsable de que los bocadillos de plátano conquisten el paladar de los turbaqueros y de aquellos compatriotas que están al otro lado del mundo es la señora Silveria Dau, una matrona cuya vida cambió con la muerte de su esposo, con quien crió una familia en el barrio Manga en Cartagena.

“Mi abuela tuvo que sacar a su familia adelante con sus dotes de cocina y de respostería. Incluso, tuvo una panadería... allí trabajó mi papá y también algunos tíos. Ella hacía dulces, conservas y les enseñó a sus hijos”, empieza Niria.

El padre de la entrevistada prefiere no dar declaraciones a los medios, él cuida de su esposa y de esa tradición, con la que también él mismo pudo levantar una próspera familia, que se estableció con el tiempo en la calle real de Turbaco.

Todos en el municipio saben quiénes hacen los mejores bocadillos de plátano y cubanitos de la región, y no tienen nada que envidiarle a las grandes fábricas, cuyas recetas caseras se van perdiendo en el tiempo.

“Él tiene una técnica especial, sabe cuál es el punto exacto de ese dulce y eso es difícil que alguien lo saque de una”.

Don Antonio Daniels Dau trabaja a sus 86 años aún en el oficio de crear los más variados dulces, incluso para exportar en paquetes de regalo, a Estados Unidos o Japón. Han bautizado a este emprendimento Dulces de la Abuela, tradición familiar desde 1960.

“Los vendemos en ‘sais’, restaurantes como en la Vaca Golosa. Desde 1954, mi abuela empezó a hacer estos dulces, empezó a ensayar y a mi papá le tocó aprender... Es que mi abuelo murió muy joven, cuarenta y pico de años tenía”, continúa Niria. Muestra esas piezas rectangulares, espolvoreadas de azúcar molida, que tienen un color rojizo... “Yo los sé hacer, dice, pero no como mi papá”.

“El bocadillo no es negro, como los típicos, es suave y mi papá se esmera en dejarlo en un punto que solo él conoce”, añade.

Hacen además cubanos de coco, canela y azúcar, cocadas, conservas de leche... todo heredado del sazón de su abuela, quien incluso hacía quibbes y comidas especiales, resaltando su legado árabe.

Es un honor continuar la tradición

El negocio partió de la necesidad de emprender, para mantener a una familia, pero con el tiempo fue una pasión y es que la señora Dau nunca dejó de hacer sus dulces... unos cocos que usaría para una receta fueron los últimos ingredientes que solicitó en vida.

Naira empieza a menear el contenido en el caldero y explica que son unas cuatro horas las que se tardan haciendo los bocadillos de plátano. Me cuenta sobre su familia. Son tres hermanas y un varón: Amaranto, Aiza, Gisela y Niria.

De Mompox es oriundo su padre, Antonio Daniels Dau, y su madre sí es turbaquera, Mercedes Puello Arellano.

“Mi papá llegó a Cartagena los 12 años, todos de Mompox. Mi abuela se quedó sola con cuatro hijos, y le tocó duro pero, como venía de una familia trabajadora, les enseñaron a hacer de todo: tejía, bordaba, tenía dotes para la cocina.

“Con el tiempo, sus hijos empezaron a ayudarle. Silveria Dau Sepúlveda, ella fue la pionera de todo esto”.

Los dulces con corazón

El de plátano es una conserva que perdura meses sin alterar su sabor, por eso es perfecto para llevarlos de viaje.

El señor Antonio ha mantenido la tradición dulcera en honor a su madre y hoy la sostiene como una empresa. Cuatro horas demora el dulce en tomar la forma de conserva... Hay que decir que es muy celoso con la receta.

“También hacemos el dulce de guayaba con leche. Es complicado, pero es delicioso y además es combinado”. Niria, que es comerciante independiente, anexa la venta de dulces con su oficio.

Anécdotas, un sabor que traspasa fronteras

“Estos dulces han ido hasta a Japón, te digo”, cuenta con orgullo Niria.

“Hay una señora que siempre que va al médico le lleva.

“Una vez vino alguien porque una señora norteamericana que probó estos dulces allá, en EE. UU., supo que él venía para acá y le pidió que le llevara algunos. ¡Se llevó 300!. Somos los únicos que conservamos el negocio de los dulces típicos en el pueblo”, afirma.

En Semana Santa les hacen muchos pedidos; tienen clientes fieles, que conocen sus recetas desde hace años.

“Ya yo tengo los míos encargados. La conserva de plátano es la mejor; ni en el Portal de Los Dulces se come uno algo así. Ese dulce es poca la gente que lo sabe hacer, tienen un sabor y una textura característica”, dice Mónica Viaña, una de sus clientes más antiguas. “Envío para mi familia a Medellín y Barrancamermeja, porque cuando les pregunto qué quieren de acá, dicen que esas conservas”.