Erick David, un milagro que respira

12 de mayo de 2019 12:00 AM

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Era el turno de Erick David Guerrero Archbold, lo habían llamado para recibir su diploma como químico farmacéutico. Esa mañana, la del martes 30 de abril de 2019, se viviría un emotivo episodio en el Paraninfo de la Universidad de Cartagena, en la sede San Agustín. Un joven en silla de ruedas, casi inmóvil, aguardaba por ese momento después de haber estudiado con esfuerzo durante cinco años. Sus lágrimas, tal vez, expresaban todo lo que podía sentir justo en ese momento y todos en el lugar parecían entenderlo. Conmovidos, lo aplaudían, gritaban o lloraban al igual que él. Atrás, entre la multitud asombrada, estaban su mamá, su tía y su novia, orgullosas de ver cómo él hacía realidad sus metas a pesar de las dificultades, mientras el rector y todos los que hacían parte de la mesa directiva, decanos y docentes, se levantaron y llegaron hasta él para entregarle su título.

Y es que Erick estaba a punto de terminar sus compromisos académicos cuando sucedió algo inesperado. Hace un año, el 14 de mayo de 2018, un fuerte dolor de cabeza empezó a dar señales de que algo no andaba bien. “Le hicieron un TAC y se dieron cuenta de que tenía un aneurisma, lo dejaron internado 15 días y el 31 de mayo entró a cirugía a las 6:30 de la tarde. Al parecer todo había salido bien, pero convulsionó. Le dio una isquemia”, recuerda Mavis Guerrero, su mamá.

Erick estuvo por mes y medio en coma. Los médicos -relatan sus familiares- no le daban esperanzas. “El dictamen médico siempre fue negativo. Nos decían que no iba a sobrevivir, él es un milagro de Dios, porque siempre hemos confiado en Él y hasta ahora nos ha mostrado su obra y su misericordia”, dice su tía Nubia, y Erick comienza a llorar al escucharla.

En la sala de un pequeño apartamento en el barrio Escallón Villa, donde viven, Erick está atento a cada palabra que se pronuncia. No puede caminar, tampoco hablar, pero su mente está lúcida. Ríe a carcajadas cuando su novia, Angie, empieza a contar cómo se conocieron hace ocho años, o cuando su tía recuerda las travesuras que de pequeño hacía, pero llora cuando alguna de ellas revive lo difícil que ha sido su proceso de recuperación.

Mavis y Nubia aseguran que Erick va mostrando mejoría cada día desde que decidieron sacarlo de una institución, a donde lo habían llevado después de que salió del coma y donde estuvo hasta mediados de noviembre pasado. “Pedimos que lo hospitalizaran en casa contra viento y marea, porque veíamos que allá no avanzaba, buscamos una vivienda adecuada para poder traerlo y desde el primer momento empezó a comunicarse con nosotros a través de señas. Allá no hacía nada, el calor del hogar ha sido fundamental para su recuperación. Los médicos han quedado sorprendidos, no encuentran explicación, por lo que ellos le habían diagnosticado”, indica Nubia.

De acuerdo con el neurocirujano Rafael Almeida, casi el 80% de las personas a las que les ocurren estos casos fallece. “Un 50% muere en el momento que le da el sangrado (un aneurisma es una zona débil en la pared de un vaso sanguíneo que provoca que este sobresalga y a veces se rompa) y otro 30% durante el transcurso de la cirugía o en las siguientes tres o cuatro semanas. O sea, que él (Erick) es un sobreviviente de 20 en 100”.

Un joven de varias facetas

Nació el 5 de enero de 1991, el único hijo de una madre soltera que lo sacó adelante con la ayuda de Nubia y Elsa, las tías que dicen quererlo como a un hijo.

Cursó el bachillerato en un colegio militar privado, donde todos los años ganaba una beca por ser muy buen estudiante. “Siempre ha sido muy activo. Cuando estaba pequeño, eran las 12 de la noche y todavía quería estar despierto. Nunca tenía sueño, era hiperactivo. Eso sí, que desde muy niño miraba hacia el futuro, siempre tuvo esa visión para superarse”, agrega Nubia.

Erick entró a la Universidad de Cartagena a estudiar Química pura, pero con el tiempo fue descubriendo un interés por la farmacéutica. Hizo nuevamente el examen, fue admitido y arrancó en su nueva carrera, destacándose siempre con buenas calificaciones.

Alternaba sus estudios con su trabajo como animador de eventos, como profesor en una institución tecnológica y como colaborador en una reconocida fundación. Antes de enfermarse, Erick estaba a punto de entregar su tesis de grado. “Solo le faltaba la sustentación final, que era para los primeros días de junio, pero para esos días ya estaba en UCI. Su tutor, que sabía todo sobre su trabajo de grado, decidió, con un comité, presentarla delante de toda la facultad y de ahí en adelante la universidad se encargó de todo”, explica su novia Angie Ruiz, quien lo describe como un hombre dedicado, amoroso y detallista.

Sus amigos lo ven como un ejemplo de esfuerzo, de lucha y valentía. Él les ha demostrado a todos que las metas se cumplen siempre que haya voluntad. Se ha mantenido vivo a pesar de todos los pronósticos y poco a poco ha ido venciendo a una enfermedad que quiso impedir que su mente brillara. Pero Erick apenas alcanzó un primer peldaño de todo lo que quiere lograr. Ahí, en esa silla de ruedas en la que apenas puede hacer pequeños movimientos, sigue planeando su futuro. Su tía Nubia dice que su deseo es estudiar medicina, a raíz de todo lo que ha vivido.

¿En qué quieres especializarte, mi amor?, le pregunta ella.

Él, con esfuerzo, mueve su mano izquierda y la lleva hasta su cabeza, señalando en su sien.

Todos tienen fe en que lo verán graduarse una vez más, y en esa próxima ocasión como neurólogo y no en una silla de ruedas, sino con los pies bien firmes sobre el suelo, con valentía, como siempre ha afrontado la vida.

“Estamos avanzando mucho y esperando en Dios... que termine de hacer su obra, porque ya el milagro está hecho y es que está aquí con nosotros”, concluye Angie.

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