Crónica desde Fano, Italia: Es solo una gripa...

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Paola Fuentes Corcione

Especial para El Universal

Era el último domingo de carnaval, 23 de febrero de 2020, el más esperado de los tres domingos en los cuales Fano (pequeña ciudad en Las Marcas, Italia) saca a relucir sus carros alegóricos, dando fin a la más antigua tradición “carnavalesca” de toda Italia. En este año precisamente el tema era sobre todo lo relacionado con el medioambiente, un colorido alusivo a toda la belleza que poco a poco la humanidad ha ido destiñendo.

Entre la emoción y los preparativos se filtraba una sombra. Esa pequeña vocecita que hablaba de un virus mortal que ya hace varios días había llegado al país, que había enfermado a una, dos, tres personas. Pero eso era lejos, en un pueblito en el norte... Ojalá que no nos vayan a cancelar el último desfile -decían-, al fin de cuentas, es solo una gripa.

Pasó la tarde en medio de bailes y lluvia de chocolates, disfraces, música y fiesta. Fiesta que, sin saberlo, sería la última en muchísimo tiempo.

La semana siguiente fue trayendo pequeños cambios, uno cada día, cada uno más grande que el anterior. (También le puede interesar: COVID-19 ha matado a 17.669 personas en Italia)

Lávense más las manos. Ampliemos el espacio personal alejándonos un metro los unos de los otros. De un momento a otro las canecas de los baños estaban llenas de papel absorbente, ¿será que antes no nos lavábamos las manos?

El miércoles trajo consigo el cierre de los colegios y jardines infantiles. Muchos colegas se vieron en la necesidad de quedarse en casa cuidando a sus hijos. La oficina en la compañía donde laboro estaba cada vez más vacía.

A partir del jueves impusieron limitaciones en las cafeterías. Los empleados eran divididos en tres grupos, con 30 minutos para comer y liberar el espacio. No más de tres personas por mesa. En la cafetería reinaba un silencio que no se había sentido nunca. En Italia la hora de la comida es la más ruidosa del día, era inquietante.

El viernes instalaron paneles de acrílico en los buses para separar al conductor de las personas que viajan. No se puede saludar sino a través del espejo retrovisor central del bus.

Llegó el fin de semana y las personas, con algo de incertidumbre, salieron. Los almacenes y restaurantes estaban medio vacíos. Botellitas de gel antibacterial adornaban las mesas y las personas se lo echaban una y otra vez.

Comenzó una nueva semana. Cada vez eran más los casos confirmados. Crecía la incertidumbre. Una amiga del trabajo es natural de Codogno (provincia de Lodi-región de Lombardía), la ciudad donde se inició todo este desastre. Estaba inquieta, no veía a sus padres ancianos desde hacía más de un mes y no sabía cuándo volvería a verlos. Buscaba desesperadamente a alguien que le vendiera algunas mascarillas para enviarlas a casa, de manera que su mamá pudieran salir a hacer mercado una vez a la semana. No recuerdo exactamente qué día empezaron a llegar las órdenes del Ministerio de Salud trayendo consigo una serie de límites a las personas y a las actividades. Bueno, pero estos límites aplicaban solo a las zonas en el anexo 1, nosotros no estábamos ahí, hasta que estamos bien... ¡es solo una gripa!

Llegó otro decreto del Ministerio, esta vez indicando algunos límites que llegaban hasta las Marcas. Límites a los almacenes, bares y restaurantes. ¡Menos mal no me habían cerrado el gimnasio!

Otro día, otro decreto. Se habían vuelto como el pan fresco de cada día. Pero este día era diferente. Se había detectado el primer caso en la región, el segundo, el tercero. Se habían multiplicado, ahora éramos considerados zona naranja. Prohibidas las actividades de grupo. Las personas iban contagiándose apresuradamente y, aun así, era solo una de tantas gripas por efectos del clima, de los cambios de temperatura, o de una u otra excusa.

Ese sábado decidí continuar mi vida sin tanto alarmismo, al fin de cuentas era solo una gripa. Fui al gimnasio con mi amiga y la empujé a completar ese entrenamiento como si fuera el último en mucho tiempo. Lo fue.

Domingo al mediodía, nuevo decreto del Ministerio, estábamos en zona roja, se cerraban todo tipo de actividades, bares, cafés restaurantes, gimnasios y piscinas, centros estéticos y peluquerías. Podían abrir solo restaurantes con servicio a domicilio, pero eso sería por poco tiempo.

Entre el sábado por la mañana y el domingo en la noche las personas arrasaron con los supermercados, pero no comprando papel higiénico y agua, más bien como el gorgojo, acabando con pasta y arroz, papas, harina y pan.

¿Y el trabajo?

Tengo la fortuna de hacer parte de una empresa que permite el trabajo desde la casa, de lunes a viernes, de 9 a. m. a 6 p.m.

La vida seguía, el trabajo seguía y el decreto me permitía salir a caminar para hacer actividad física. Sin ella, no sabría qué hacer, pero me iba a tocar aprender.

Cada vez eran más casos, más muertos, más daños. Ya no se podían ignorar las noticias, te bombardeaban desde cada esquina, redes sociales, TV, radio, publicidad. Uno de cada dos comerciales hablaba del coronavirus. Los contagios aumentaban, los muertos eran cada vez más y cada vez más jóvenes. Las medidas se apretaban y ya no podía salir a caminar, solo a hacer mercado. Ya no era solo una gripa.

Pasaba una semana, dos, tres. Ya estábamos en la cuarta y aún no se habían estabilizado los contagios, pero estábamos cerca. Esperábamos el próximo decreto, ese que nos diría que no podíamos salir hasta después de Semana Santa y que posiblemente se extendería hasta el mes mayo.

Cuando salgamos de aquí, el mundo va a ser diferente, como lo es después de cada gran evento que conmociona al mundo. Digo cuando salgamos porque seguramente salimos.

Unos vivos y otros no, unos con heridas en el cuerpo y otros con heridas en el alma, pero saldremos. Y miraremos entonces, espero que así sea, la vida de otra manera, y nos daremos cuenta de cuáles son las prioridades, las cosas que importan, o de pronto no, de pronto algunos no crezcan con esta situación, pero eso también está bien.

Al final, era solo una gripa que, como todas las gripas, nos deja un poquito diferentes a como éramos antes. (También le puede interesar: Los positivos en Italia “son 10 ó 20 veces más”, según estudio del Gobierno)

No salgas, no salgas, le digo siempre a mi mamá, aquí no le pusimos la atención debida. No salgas, mami, ni a tomar fotos, ni a caminar, quédate en casa, es lo único que evita que el virus se propague.

Pues sigo insistiendo ante tantas muertes... ¡Al final, era solo una gripa!

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