¿Es usted un mal padrino?

01 de abril de 2018 12:30 AM

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Cuando era niño, recuerdo disfrutar las veces que veía a mi padrino, porque siempre, siempre, acostumbraba a regalarme una cuelga de $10, $20 o $30 mil, la suma aumentaba si era mi cumpleaños, Navidad o una fecha especial.

Realmente, no entendía bien por qué me daba plata, pero yo era feliz con esa ‘millonada’ y asociaba a los padrinos con seres supremos que la vida ponía en nuestros caminos para darnos regalos y llenarnos los bolsillos. Sin embargo, eso también era algo confuso, porque mi madrina, por su parte, no me regalaba más que la bendición, un saludo y, sin falta, me llamaba cada cumpleaños, algo que me gustaba, que se acordara de mí. En todo caso, pensaba en que los padrinos eran algo especial y envidiaba a mi hermana mayor, no sé por qué ella tenía varios padrinos, seis en total. Y me preguntaba: ¿por qué yo solo tengo dos?

Mis padrinos son unos primos cercanos a mi madre, a los que dejé de ver a medida que crecía. Para Laura, una amiga, la historia es un tanto diferente. A su padrino, un buen amigo de su papá, lo ve muy poco y, a veces, hasta se le olvida que es su padrino. Sin embargo, la madrina de Laura es su hermana ocho años mayor, quien quiso bautizarla, para hacerse cargo de ella y de otra hermana, en un momento de crisis familiar.

“Cuando en la casa la situación estaba difícil y mis papás no tenían dinero, ella quiso bautizarnos para hacerse cargo de nosotras, a mí y a otra hermana nos bautizaron ya grandes, cuando teníamos 14 años. Consiguió un trabajo y, sí, se hizo cargo de nosotras. Era como una segunda mamá, incluso era muy estricta, demasiado. Nos daba todo lo que necesitábamos pero también nos regalaba cosas. Todavía es la hora y es como nuestra mamá. Es más, ahora yo seré la madrina de uno de sus hijos”, me comenta.

María José, otra amiga, dice que sus padrinos son unos tíos paternos, cercanos, de los que se lamenta porque nunca le han regalado algo, “ni siquiera de cumpleaños”.

Mientras tanto, Ricardo recuerda a aquel muy buen amigo que le prometió ser el padrino de su primogénito pero, cuando el niño nació, nunca más lo volvió a ver. Es como si el compromiso de apadrinar al bebé lo hubiera espantado.

César, por su parte, prefirió poner de madrina de su hija Camila a la amiga que más tuviera plata, una ingeniera adinerada, para asegurar así que no fallara con los regalos. Y así fue, no falló en los cumpleaños y navidades por los primeros tres años, luego se desapareció. Ya no se hablan.

Y es que quizá por alguna creencia construida en el imaginario colectivo, se piensa en que se es buen o mal padrino dependiendo de los regalos y el dinero. Algo falso, completamente, y alejado del fin real. Hay quienes tienen muchos ahijados y a su vez, muchos compadres y comadres, como se dicen entre sí los papas y padrinos.

Más que regalos...
La figura de los padrinos y madrinas se relaciona directamente con los cristianos católicos y ortodoxos, con los sacramentos del bautismo, la confirmación y el matrimonio.

Fabián Ramos, experto en teología, explica que “en el Antiguo Testamento se entraba al reino de Israel, al pueblo de Dios, bajo la figura de la circuncisión. Todo varón, a los ocho días de nacido, debía ser circuncidado. Ahora, en el Nuevo Testamento, con Cristo, la manera de entrar es bajo el bautizo”.
Y es ahí, junto al bautismo, cuando aparecen las figuras de los padrinos y de las madrinas.

“Con el bautismo, los padres adquieren el compromiso de educar a sus hijos en la fe. Lo mismo los padrinos, y por eso vamos a encontrar un símbolo en el bautizo que es la vela, la idea de vela, simboliza a Cristo, es un poco la filosofía de esta práctica”, afirma Fabián, quien tiene unos padrinos a los que todavía se encuentra por ahí y saluda.

Más allá del dinero o los regalos, si se es buen o mal padrino tiene que ver más con “acompañar a los niños durante el inicio de vida cristiana, con el deber de educarlos y formarlos”.

“No están para cumplir con las obligaciones económicas que el niño pueda tener, ni para darles regalos. Ellos dicen que sí, bautizan al niño, por tanto el principal deber que tiene un padrino es contribuir con la formación y tienen un carácter indefinido, son para siempre, por eso un papá y una mamá deben escoger muy bien a los padrinos de sus hijos”, agrega el padre Rafael Castillo Torres.

Suplentes
Las funciones de padrinos y madrinas, así como ciertos requisitos para serlo, están reguladas por el código de derecho canónico y van más allá de la mera formación y acompañamiento.

Ese más allá tiene que ver con la historia de Laura y de su hermana mayor, que la apadrinó para ayudarla, cuando sus padres pasaban una situación difícil. “Si faltan los padres, los padrinos, de acuerdo a la tradición, correrían con el cuidado y la custodia del menor. Tienen una tarea central y no son una figura decorativa, por el contrario, no solamente están para apoyar y asistir en la educación, si no también materialmente, en el sustento, la alimentación, si llegaran los padres a faltar, más allá de cómo la gente hoy lo asume”, dice Fabián.

Ramos asegura que en el caso de la confirmación, la función de los padrinos es más de acompañamiento a confirmar a la fe, mientras que en el matrimonio es más de testigos, aunque también pudieran servir de consejeros.

“Mucha gente espera a que venga el familiar del extranjero para bautizar al niño y lo hacen a las carreras. Lastimosamente, sí se está perdiendo el sentido como tal, de lo que son los padrinos”, asegura.

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