‘Fandango’, la única adicción de José

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José Pérez Trillos sacó de su vida el sentido de culpa y las palabras ‘preocupación’ y ‘problemas’; esta última, prefiere cambiarla por ‘situaciones’.

Él, que fue alcohólico durante 27 años y drogadicto durante 21, hoy saca adelante el proyecto Fandango, descrito como “el conjunto de música folclórica de Cartagena que más piezas discográficas produce en el año”.

El vallenato, el porro y la gaita hacen lo suyo en las manos y voces de estos 15 artistas, pero la historia de José Pérez no deja de ser menos especial que sus ganas de apoyar el folclor. Él la cuenta así:

Mi nombre es José Joaquín Pérez Trillos. Nací en el año 1965 y soy una persona que fue recibida accidentalmente. Mi papá, siendo médico, tenía su problema de alcoholismo y mi madre era una persona recién salida del colegio, santandereana, que no sabía mucho de la vida.

Nací en una parranda, así que mis pañales eran los pañuelos de los borrachos (ríe).

Tuve ciertas limitaciones al nacer, sin embargo, mi madre y mi tía eran personas que pudieron superar los obstáculos, aunque no estaban listas para formar y educar.

Ya en Cartagena, mi abuela tuvo una influencia grande en mi formación, y eso después me ayudó mucho.

Desde niño me sentí rechazado. Se formaron complejos, debido a que desde pequeño usé gafas. Me matoneaban, entonces mi reacción ante eso no fue ser sometido, sino volverme agresivo.

Comencé a ser agresivo y a matonear a otras personas, a formar mis grupos, mostraba liderazgo, pero negativo.

Esos complejos y vacíos afectivos hicieron de mí una persona individualista.

Fui buen alumno, a pesar de que no estudiaba.

Desde los 13 años fui alcohólico. Fui criado en el barrio Pie de La Popa. Cuando llegaron los 18 años, en la época de la música, quería pertenecer a grupos musicales. La gente me veía como una persona que ‘no encajaba’. Comenzó el tiempo del Festival de Música del Caribe y mis nuevos amigos me ofrecieron cocaína por primera vez. Fue tan grata la experiencia en su momento, que me acabé todo lo que me dieron.

Comencé a aspirar, a andar con ‘amigos’ y mi familia no sabía que yo consumía drogas. Sabía disimular.

Mi familia estaba centrada en otros aspectos, de igual forma yo era ‘el loco de la casa’.

Buscando entrar al mundo de la música y el arte, caí en las drogas.

Andaba con personas ‘de apellido’ de Cartagena, las ovejas negras de sus respectivas familias. Dicen que el adicto anda con quien se sobre identifica porque todos están viviendo los mismos problemas.

Tenía mis problemas de droga cuando llegó mi hija.

Continuaba con mi vida, empezó Fandango, sin embargo continuaban mis adicciones.

Con los años vivía deprimido. Llegué a un momento con el alcoholismo, donde ya no podía controlarme para nada, ni el consumo de droga. Llegué a tener ganas de matarme y ahí fue donde empezó a entrar la parte espiritual a mi vida. Siento que Dios pensó en mí. Me iba a tirar de un precipicio en Quito, Ecuador. Estuve al borde, con las lágrimas afuera. Estaba borracho, se me había acabado la plata, no tenía dónde dormir. Estaba con la música y rebuscándome vendiendo libros. Yo había ido a Ecuador y había logrado posicionar a Fandango. Le tocábamos a cónsules, a embajadores, pero yo no sabía manejar nada estando borracho. Metía las patas cuando estaba con ellos.

El día que me iba a tirar, sentí una mano en el hombro y una voz que me dijo: “No es hora de matarte”.

Después me fui a Pasto.

Llorando, volví y me drogué en un hotel. Mirando la televisión, vi en una entrevista callejera a mi mamá. Era un tema de actualidad, no me acuerdo. Pero ella apareció y la vi como un mensaje espiritual.

Veía muchos programas de motivación, de Jorge Duque Linares. Yo pensaba, “él sabe lo que yo sé. Todo lo que dice lo sé, pero yo no lo aplico”. Gracias a él empecé a rezar el rosario. Él decía que si uno empieza a hacer eso, la vida se va transformando.

Salí de Pasto, vendiendo libros.

Llegué a Cali, me drogué y recé el rosario.

Llegué a Medellín, ya estaba más cerca. Mi hermana me dijo que me ayudaba si llegaba a Cartagena por mis propios medios.

Vendiendo libros, llegué a Cartagena. Me metí una borrachera, a las 2 de la madrugada, así, borracho, me puse a vender libros en un Microbús y me fui al Centro Histórico. No vendí nada. Ese día me quedé dormido en unas matas cerca de Las Bóvedas.

Llegué a la casa de una tía, donde estaba mi abuela y dije: “Voy a buscar ayuda, Dios no me dio una vida para que la dañara”.

La recuperación

José fue a ‘Hogares Crea’, en Ternera, y comenzó el proceso. Tenía 39 años. Desde el primer día que pisó el centro dejó de consumir. Lo analizaron, no tenía tendencias psicópatas, esquizofrenia ni otra enfermedad mental. Lo que padecía eran problemas de conducta, alcoholismo y drogas, derivados de su poco autocontrol, así que trabajaron en él y manejó su comportamiento.

Su abuela fue su más grande apoyo. Silvia Bustamante llegaba a visitarlo en sillas de ruedas.

“Ella se limpiaba, se ponía bonita y decía ‘voy para donde mi nieto’, y cuando llegaba donde mí, decía que yo era un berraco y que yo saldría del problema”, cuenta José. En momentos de crisis, ese recuerdo era su herramienta para no desfallecer

Fandango volvió mejorado

Hace 14 años, después de salir de Crea, ya reeducado, tuvo su primer trabajo con la banda Fandango en Turbaco y empezó su primer contrato. Es vocalista, pero más que todo se encarga de la percusión menor y de estar al frente del grupo.

Los 15 integrantes de Fandango tocan porro, vallenato, gaita y toda la música del Caribe. Han tocado en todo el país durante festivales, fiestas y tres años consecutivos se presentaron en el Carnaval de Barranquilla.

“Nuestra música en Cuba gusta mucho, y nos han invitado este julio a ese país. Somos los artistas invitados de Colombia. Mi llamado es a las instituciones de Cartagena y a la empresa privada, a que nos ayuden con los recursos para ir a Cuba”.

Por lo pronto, con fiestas y eventos, buscan lograr su objetivo. “Queremos que nos ayuden, es un S.O.S por el folclor”, ríe.

***

En el pasado quedaron las lágrimas de José, su adicción y los sinsabores. Quien lo conozca sabe que su pasión está en la tarima, organizando eventos... trabajando para llenarse la vida con fandango.

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