Fanuel Hanán Díaz encantó a los niños de París

14 de julio de 2019 12:00 AM

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Fanuel Hanán Díaz vino con una sorpresa entre sus manos: su libro ¡No, tú no!, recientemente publicado en México por la editorial Tecolote y seleccionado para el Premio Tatoulo en Francia.

No solo deslumbra a los lectores niños y niñas con sus historias, que sacuden la imaginación y la curiosidad de quienes empiezan a leer y descubren que el libro es como viajar a los territorios donde lo imposible se vuelve un sueño al alcance de la mano.

Fanuel es un escritor venezolano que se ha dedicado por muchos años a investigar sobre temas de literatura infantil.

Recientemente en Inglaterra fue publicado un ensayo suyo sobre el realismo mágico en la literatura infantil, pero sobre todo es conocido por sus indagaciones sobre los libros ilustrados.

¿Cómo ha sido tu recorrido por la escritura y la investigación de la literatura infantil?

-En primer lugar, el oficio de investigar en el territorio de los libros para niños es muy solitario y también exige mucho de tu tiempo libre. Comencé hace ya más de treinta años, cuando trabajaba en el Banco del Libro de Venezuela. Quizás el punto de partida fue cuando recibí una beca para investigar sobre libros antiguos para niños. Estuve viviendo por varios meses en un castillo en Alemania. Esta experiencia no solo me sedujo para trazar mis líneas de investigación, sino que me convenció de que realmente eso era lo que quería seguir haciendo. Y ahora, después de todo ese tiempo, hay muchos frutos que he logrado cosechar.

¿Cuéntamos cómo este libro fue seleccionado por los mismos niños de todos los colegios de Francia?

- Este libro tiene una historia particular, primero fue publicado en Francia con el título de Non, pas toi. Incluso fue incluido en la selección que hacen los niños de las escuelas francesas para el Premio Tatoulou. Luego fue publicado en español en México y casi al haber nacido fue incluido en la lista de los Altamente Recomendados de Fundalectura. Es un libro curioso, que trata de desbancar ese concepto moderno del niño domesticado, el niño que obedece a las reglas y que se somete al mundo de los adultos. De alguna forma los empodera, porque les abre una reflexión: solo en el estado salvaje podrás ser realmente feliz. Quizás esto sea un poco subversivo.

¿A qué te refieres con eso de la domesticación de la infancia?

-Para responderte tendría que hacer una pequeña digresión y es que cuando uno escribe deja fluir muchos contenidos subconscientes, entre ellos lo que uno piensa que debe ser la infancia. Y creo que aquí afloró una aventura más psíquica, de una niña que busca opciones para acoplarse con su lado salvaje, podríamos decir que con su sombra en términos junguianos. Y esa es quizás la revelación del libro, solo apelando a tus emociones no controladas puedes llegar a ser feliz. Hay una autora estadounidense que se llama Allson Lurie, comienza uno de sus ensayos refiriéndose a la infancia como una tribu semisalvaje, antigua y ampliamente extendida. Uno de los arquetipos que se asocian a los conceptos de infancia es justamente el de los niños en estado silvestre, los llamados niños ferales, algunos de los cuales han sido famosos, como el caso de Víctor, encontrado en un bosque en Francia a comienzos del siglo XVIII, y las hermanas cridas por lobos, descubiertas en una cueva en India. Hay casos muy controvertidos, de niños que han sido criados por perros, por osos, incluso gallinas en distintas partes del mundo. Aunque este es todo un tema que requiere mayor precisión, lo que sí es importante señalar es que en la literatura para niños este arquetipo se desarrolla con frecuencia, Tarzán de los monos, Mowgli el de El Libro de la selva o incluso el celebrado Max de Donde viven los monstruos son formas de este mismo modelo.

¿Y qué tiene que ver ese arquetipo con tu libro? ¿Qué formas adquiere durante la aventura de esta niña en medio de un bosque?

-Pues justamente quisimos, y en este caso uso el plural porque la idea realmente fue de un trabajo en equipo, invertir el modelo del niño salvaje. Generalmente se habla de la domesticación en estos libros: Mowgli vuelve al mundo de los humanos atraído por el amor; Tarzán se inserta en la sociedad civilizada y Max regresa a su hogar a continuar con su rutina. En el caso de ¡No, tú no! optamos por invertir ese proceso y partimos de una niña domesticada, aburrida, que emprende un viaje hacia un espacio metafórico (en este caso una selva donde encuentra a estos personajes estrafalarios) y sufre una metamorfosis. Tiene que “monstrificarse”, por así decirlo, volverse salvaje, para poder conectar con un flujo vital que la haga feliz. Ella busca una aprobación, buscar formar parte de un grupo y al final lo logra. No es libro que intencionadamente quieras buscar este sentido, quizás desde lo racional yo lo analizo así, pero lo que sí intenta es abrirles a los niños la posibilidad de pensar que hay formas de encontrar la autenticidad, que un mundo lleno de reglas puede ser asfixiante, que la infancia es una etapa que se debe disfrutar al máximo y que hay un sentido muy sencillo en la vida, que es el de ser feliz.

Y en cuanto a las ilustraciones, ¿qué nos puedes decir? Es un libro que salta a la vista por sus imágenes y su diseño.

-Son fascinantes, realmente es un libro cuidado editorialmente. El formato es muy particular, porque es rectangular, lo que permite representar muy bien el espacio y algunas dobles páginas como la que muestra la transformación el personaje. Estas ilustraciones, además de la técnica, que se hizo por ensamblaje de piezas, proponen una lectura muy particular pues en este mundo extraño algunas plantas tienen ojos, hay flores carnívoras y la caracterización de los monstruos resulta contundente, son personajes híbridos, como los alebrijes mexicanos. El libro maneja sabiamente el uso del color y eso también es otro acierto. En fin, es una obra cuidada que ya tiene validaciones de los lectores, pues como comenté fue seleccionada en una lista que escogen los niños de las escuelas en Francia.

¿Puede este libro... pueden los libros hacer mejores seres humanos?

-Es obvio decirte que sí, que justamente los libros deben hacer crecer a los lectores, hacerlos pensar y de alguna forma darles respuestas. En el caso de los libros para niños, creo que estamos apostando siempre porque esta generación de lectores, que serán los ciudadanos activos en un futuro, pueda encontrar contenidos que los haga pensar... Por eso, creo que uno de los aciertos de este libro es el final cíclico y abierto. Al final se plantea un dilema que no cuestiona al personaje, sino que interpela al lector. Porque esta historia habla abiertamente del rechazo al que es diferente, una experiencia que viven los niños en su cotidianidad. En el momento que el lector tenga que tomar esa misma decisión, ¿qué haría? En ese sentido, los libros no tienen que decirlo todo, deben desestructurar al lector.

Por último, ¿cómo crees que los padres se deben comprometer con el proceso lector de sus hijos?

-Afortunadamente, muchos libros para niños pueden generar cambios. En este caso, no solo la historia les da poder a los lectores, sino que a distintos niveles les habla a los mediadores adultos. Muchos artículos de prensa sobre los sistemas educativos han erigido la clave de la felicidad y el juego antes que el aprendizaje feroz; muchos debates se han sostenido alrededor de los niños que queman sus etapas y se convierten en adultos prematuros; abundantes reflexiones se han tejido acerca de la deshumanización de la sociedad... Por tanto, este libro enfatiza ese compromiso que tienen los adultos de repensar lo que están haciendo con sus miembros más jóvenes, la calidad de relación que están construyendo y el énfasis por el que quieren apostar. A fin de cuentas, los libros ofrecen oportunidades únicas para que niños y adultos puedan dialogar.

Epílogo

La niña del cuento se llama Roberta. Se asoma desde su ventana al bosque. Pero está hastiada porque su madre la regaña: ¡Mírate las uñas! ¡Peínate! ¡Lávate las manos! Al salir al bosque descubre unos monstruos maravillosos y ella se siente muy cercana a ellos. Se hace amiga de los monstruos. Todo ocurre en el bosque que Fanuel Hanán Díaz soñó y es cierto porque lo ha escrito.

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