Gamero festeja a sus cantadoras

01 de diciembre de 2019 12:00 AM

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Gamero está tan cerca de Cartagena, pero tan lejos de la memoria. Es un pueblo descendiente de africanos esclavizados que huyeron y fundaron en la resistencia su palenque entre la ciénaga. Por eso está tan escondido, y para encontrarlo hay que pasar por una antigua trocha que parece inventada en la antigüedad por las mujeres cimarronas, con sus códigos entrenzados de fuga en las hebras duras de su cabello.

Ya cuando uno llega agobiado por el sol y un viaje que parece más largo por la lentitud con que se detiene el bus recogiendo a los mismos pasajeros de toda la vida, desde la Terminal de Transporte, el consuelo viene del cascabeleo de las hojas y del suspiro de la ciénaga. Al llegar, lo primero que oigo es un tambor tocado por las manos de un niño tan pequeño que solo se le ven los brazos del mismo color del cuero que golpea. Es la tierra de Irene Martínez, la Niña Emilia, Magín Díaz y los Soneros de Gamero. También allí, como en Palenque, sobreviven viejos trabajadores del Ingenio de Sincerín que entre las neblinas del tiempo recuerdan las tardes de música con los cubanos que trabajaban con ellos. Algunos se quedaron para siempre entre nosotros. Se enamoraron de nativas, compartieron sextetos y músicas de la isla y crearon una historia que no termina de contarse.

“Los habitantes de Gamero escaparon de los conquistadores españoles y esclavistas europeos”, dice Arnoldo Arrieta Terán, quien desde hace tres años promueve el festival ‘Voces, Sones y Tambores’ en Gamero.

“Venían huyendo de la persecución y atravesaron lo que es hoy el Canal del Dique, los pueblos de Mahates, Santa Lucía, Evitar, hasta llegar a fundar el pueblo de Gamero. Todos estos pueblos son cimarrones”, dice Arnoldo.

“Gamero es un pueblo de agricultores, pescadores, artesanos y cantadoras. Su enorme riqueza musical y cultural contrasta con su pobreza material. Carece de agua potable y está al pie de una ciénaga. Cuando alguien se enferma tiene que ir a Mahates. Cuenta con la Institución Educativa Número 5 de Mahates. La luz es deficiente. Desde hace años, el pueblo ha intentado crear su ruta ecológica sobre la ciénaga con cuatro o cinco canoas, pero no hay ningún apoyo para ese sueño”.

El festival que impulsa Arnoldo en Gamero honra a las cantadoras Irene Martínez y la Niña Emilia.

Arnoldo Arrieta Terán nació en la vereda El Vizo, del municipio de Mahates, y es Administrador de Empresas, especializado en Educación y Cultura, consagrado a la gestión cultura desde 2003. Es el director de la Asociación Red Antorchas, organización que trabaja en formar a niños, niñas y jóvenes con énfasis en la identidad y la cultura afrocampesina.

Entre la escuela de música y danza tradicional de Gamero y Evitar, hay doscientos niños que participan en esa siembra de la música tradicional. Arnoldo dice que este festival se ha hecho prácticamente con las uñas y la pasión por mantener una tradición. En el festival participan grupos de Gamero, Evitar, pero también de Barranquilla, Soledad, Puerto Colombia, Palo Alto (Sucre) y Cartagena.

En Gamero no hay hoteles, pero las casas se han dispuesto y ofrecido a recibir a los visitantes. Y los que se quedan para disfrutar el festival encuentran su hostal y hotel en Mahates.

En Gamero hay una pequeña Casa de la Cultura en construcción que se sostiene de puro milagro y por iniciativa de Arnoldo y sus aliados, pero la ilusión mayor del pueblo es contar con la creación del Centro Cultural Magín Díaz, prometido por el gobierno de Bolívar.

Recordando a Irene

El músico y cantante Filiberto Arrieta, de Gamero, cantó en cuatro álbumes de Irene Martínez, en canciones que ya son himnos ancestrales del bullerengue: ‘El lobo’, ‘Mambaco’, ‘A pilá el arró’ y ‘ La iguana’. También cantó para la Niña Emilia los temas ‘El chimbililín’ , ‘ La reina’, ‘Bailecito de bonito’. Recuerda a la Niña Emilia sentada en su mecedora y tomando café con pan de sal.

Dice que muchas canciones tradicionales eran cantos de velorio.

“Aquí también se acostumbraba cantarle al muerto”, dice Filiberto.

La familia de Irene aún vive en Gamero. Filiberto la recuerda delgada, jocosa, festiva, bailadora y con un gran sentido de la improvisación y el ritmo. También recuerda a Juana García, la mamá de Emilia Herrera, y a ella, que sigue viva a través de sus canciones y la serie que le hicieron.

En Gamero se canta bullerengue, pajarito, sexteto, chandé y se baila el Son de Negro. Filiberto dice que las fiestas se hacían en febrero y el cacique del Son de Negro convocaba la celebración en el pueblo. Magín Díaz fue uno de los cantantes del Son de Negro y del sexteto desde que era un niño. Trabajó en el Ingenio de Sincerín, conoció a los cubanos que vivieron en Mahates y se fue a vivir a Caracas. Cantó en la Billos Caracas Boys. El Son de Negros es una tradición tanto en Gamero como en Evitar y en los pueblos cercanos al Canal del Dique. Recuerda que Magín Díaz se quedó sin voz de tanto cantar ‘A pilá el arró’.

Nosotros siempre nos rebuscábamos con Irene Martínes en las fiestas de Cartagena, en noviembre. Cuando Wady Bedrán escuchó las voces de las cantadoras se emocionó tanto que salió a promover los Soneros de Gamero y a grabar el primer Long Play en Medellín. Recuerdo que entre las canciones estaban ‘María Agurruplá’, ‘José Merce’, ‘Mata el toro’, ‘Macaco’. Duramos quince días en El Poblado, recuerdo cuando se grabó ‘Mambaco’, y aquello fue un éxito rotundo.

Las voces de la ciénaga

Luis Guillermo de los Ríos Díaz, sobrino de Magín Díaz, es el compositor de ‘La tranca’, que canta Isolina León.

“La canción nació en el mes de febrero en la Fiesta de la Conquista, cuando una mujer quería ir a la fiesta y el marido celoso le puso una tranca a la puerta para que ella no saliera”, dice riéndose.

En la ciénaga las mujeres cantaban mientras lavaban, pero esas voces nunca se grabaron, cuenta Luis Guillermo de los Ríos Díaz.

Las mujeres que cantaban en la ciénaga de Gamero eran Felipa García, Epifania Martínez, a quien llamaban Any Ales, Gabina Díaz y Petrona Cassiani. También había hombres que cantaban sones tradicionales: Roberto Torres, Dionisio Barreto, Pablo Tovar, Joaquín García, Domingo Díaz (el papá de Magín Díaz).

Isolina León dice que ella sigue cantando mientras lava la ropa y no ha dejado de cantar dentro y fuera de Gamero. Una de las nuevas canciones en la que ella canta se llama ‘El pollerón’, grabada en 2019. Dice que con la canción ‘La tranca’ ha viajado a San Andrés y ha representado a Gamero en las Fiestas de Independencia de Cartagena. La canción ha tenido tanto impacto que fue grabada por Juan Piña, Ever Vargas, Diomedes Dionisio, Rolando Ochoa, entre otros.

Luis Guillermo de los Ríos Díaz dice que acaba de componer la canción ‘El mundo moderno’.

Epílogo

Gamero es tierra de cantadoras y soneros. Un tambor suena con las manos desesperadas del niño que golpea el aire sin alcanzar el cuero. Suena con las solas ganas que tiene el niño de que los cueros suelten su música bajo la palma de sus manos.

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