Federico García Lorca, secretos guardados

21 de junio de 2020 12:00 AM
Federico García Lorca, secretos guardados
Monunento al poeta español Federico Garcia Lorca, Plaza de Santa Ana, Madrid.

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Siempre se ocultaron las verdaderas razones para que, en el inicio de la Guerra Civil Española, los soldados del gobierno del general Francisco Franco fusilaran al poeta Federico García Lorca (1898-1936), en aquel agosto de 1936.

Para los nazis que apoyaban al gobierno de Franco, el poeta no solo se había convertido un enemigo declarado del gobierno al firmar una carta de escritores antifascistas, sino que, además, era un defensor de los gitanos y los negros, de las comunidades marginadas, un homosexual que se resistía a ser estereotipado, y que en sus poemas y en sus drama, había retratado en sus desmanes y atrocidades a la Guardia Civil Española. (Lea también: Anomalía en tumba de García Lorca)

Sus autores y ejecutores nunca admitieron estas razones, que el tiempo revelaría tarde o temprano. No lo fusilaron por homosexual, como han querido decir ciertos estudiosos, con evidente xenofobia por la condición sexual del poeta. Lo fusilaron por sus ideas y por su conciencia política de su tiempo.

Federico García Lorca creía estar protegido en Granada, y por eso se fue para su tierra a encontrarse con los suyos, pero allá lo esperaba la muerte. Se quedó en la casa de su amigo, el también poeta Luis Rosales, que tenía dos hermanos falangistas. Lo sacaron de la casa y lo fusilaron al amanecer.

García Lorca no solo fue el más destacado poeta de la Generación del 27, época de esplendor de la poesía en lengua castellana, sino la voz más depurada y singular y uno de los mejores en habla castellana, dotado de intuición por la belleza y un oscuro presagio sobre el destino político de su país en medio de la guerra que afectaría por igual a los artistas de su tiempo, muchos de ellos, obligados a huir de su país. No solo era poeta, sino músico, pintor, dramaturgo y director de teatro. Los embajadores de Colombia y México le ofrecieron que se exiliara, previendo un atentado a su vida. Pero Federico desistió el ofrecimiento de salir de España.

Federico García Lorca sostenía una amistad con el poeta colombiano Jorge Zalamea Borda, a quien invitó a su casa de Granada.

Las metáforas de Lorca

Leer hoy Poeta en Nueva York, escrito en los años treinta, cuando estudiaba en la Columbia University, tal vez el libro más ambicioso de toda su obra literaria, bajo el influjo surrealista, nos devuelve y anticipa al mundo deshumanizado bajo los rascacielos, el desprecio racial a los negros y a los judíos y a la tragedia más grande que viviría la humanidad, con el exterminio de seis millones de judíos en manos de los nazis.

Leamos estas metáforas que se adelantaban a su tiempo y a las propuestas poéticas de su época:

“Los negros lloraban confundidos entre paraguas y soles de oro/ los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco/ y el viento empañaba espejos/ y quebraba las venas de los bailarines” (‘Oda al Rey de Harlem’).

“El aire de la llanura, empujada por los pastores, temblaba con un miedo de molusco sin concha”, “el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas”, “veremos la resurrección de las mariposas disecadas”, “yo muchas veces me he perdido/ para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas/ y solo he encontrado marineros echados sobre las barandillas”, “la tierna intimidad de los volcanes”, “por los barrios hay gentes que vacilan insomnes/ como recién salidas de un naufragio de sangre”, “tropiezo vacilante por la dura eternidad fija”, “toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo”, entre otros.

Lorca y Colombia

“Federico irradiaba luz y encanto con su presencia”, dijo Ramón de Zubiría, quien salió de Cartagena a estudiar Bacteriología en la Universidad John Hopkins, y se quedó fascinando por las lenguas romances en España. Allí estuvo muy cerca de esas dos últimas generaciones de poetas, la Generación del 27 y las Generación del 98. Se hizo amigo de Antonio Machado, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Francisco García Lorca, el hermano de Federico, entre otros. Muchos de esos poetas tuvieron que irse a los Estados Unidos apenas empezó la guerra.

“Era una criatura inolvidable. Algo de él quedaba para siempre en la memoria y en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo”, me dijo en su casa el artista cartagenero Miguel Sebastián Guerrero, quien lo conoció cuando fue a estudiar pintura en los años treinta en Madrid. Guerrero regresó a su ciudad natal apenas empezó la guerra y compró cuatro hectáreas de tierra, las afueras de Cartagena, en la que erigió su casa museo que bautizó Mallorca.

“Ahora es la hora de visitar la bella ciudad de Granada. Todo el día ha llovido y ha chapoteado la lluvia en maíces y cristales. El otoño ha llegado... La Alhambra y los jardines están en su justo punto poético. Dentro de cuatro días comenzarán a dorarse las hojas. ¿Tú en serio pensabas venir?”, les escribió García Lorca, a principios del otoño de 1928, a Jorge Zalamea Borda. Y Jorge fue a la cita en Granada.

“Quiero ser poeta por los cuatro costados, amanecido de poesía y muerto de poesía”, le decía en una carta a Jorge Zalamea en 1926.

“Era una constante sorpresa. Una fuente que estaba manando siempre. Gesticulaba muchísimo con las manos. Tenía mucho acento de Granada, aunque cuando quería hablaba un español perfecto. Tocaba el piano admirablemente. Tenía una cultura literaria extraordinaria. Lo sabía todo, lo había leído absolutamente todo. Tenía una memoria magnífica”.

“Federico era un hombre abierto, era un hombre fácil, era muy simpático pero, ante todo, era un hombre interesante”, decía al evocarlo su amigo, el poeta Luis Rosales, de cuya casa de Granada lo sacó la Guardia Civil Española para matarlo, en aquel 16 de agosto de 1936.

Federico era una frágil, fina y atormentada sensibilidad.

Todo el mundo dice cosas muy bellas de él.

Dejó la puerta abierta entre Granada y el mundo.

Era un tejedor incesante de amistades. Abrió un puente entre el Mediterráneo y el Caribe. Entre Granada, Cuba, Argentina, México, Chile, Nueva York, París, Londres, Bogotá y Cartagena de Indias. El poeta colombiano Jorge Zalamea Borda fue a visitarlo en su casa de Granada. Y en La Habana, Federico conoció al también poeta colombiano Porfirio Barba Jacob. Sus canciones, nanas infantiles, dramas y poemas, han empezado a cruzar el Mediterráneo hasta el Caribe. Su obra poética, pictórica, musical y escénica es una huella en el mundo hispano.

Una criatura con duende

De Federico se hablaba con devoción, reverencia y un misterio salpicado de culpa.

“A Federico García Lorca lo mató la envidia de los mediocres ante sus éxitos. Yo estuve presente en la reunión familiar en la que se decidió que Federico se escondiese en nuestra casa de Granada y la verdad es que pudo haberse decidido pasarle a la zona republicana. Esta solución hubiese sido sencillísima y hubiese evitado el asesinato. Pero nadie fue capaz de sospechar tanta bajeza”, sostenía Luis Rosales.

“Tenía un poder comunicativo casi mágico, y naturalmente sorprendía. Sorprendía con su conversación, sorprendía con su risa, sorprendía con su manera de entender las más diversas artes. Era un gran pintor, un gran dibujante, un gran músico, un gran poeta, un gran prosista, un gran pensador... y era también un gran actor, y por lo tanto tenía una dosis de teatralidad, de enfatismo, que era sumamente atrayente”, señalaba Rosales.

España después de su fusilamiento no se repuso de semejante brutalidad y torpeza humana. Muchos prefirieron callar, olvidar, dejar que el muerto no les pesara tanto en la conciencia. (También le puede interesar: Bajo la mirada de Federico García Lorca)

Federico García Lorca sigue siendo el más universal de los poetas españoles del Siglo XX, 84 años después de su asesinato. Sus restos quedaron en medio de los despojos de otros fusilados. No dejan de crecer las flores de su casa convertida en museo en su tierra natal de Fuente Vaqueros, Granada. El antiguo granero de la casa es hoy una sala de exposiciones que alberga sus cartas, dibujos y libros. España y el mundo aún no se reponen del asesinato de su más grande poeta.

Aún viven espíritus de aquellos años siniestros.

La Guardia Civil española jamás supo que el cuerpo al que estaban apuntando en aquella madrugada con el designio fatal de silenciarlo... era el alma del país.

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