Facetas


Gloria Triana, en 81 recuerdos

Gloria Triana, antropóloga, documentalista y guardiana de la cultura popular de Colombia, sobrevivió a una isquemia y a la amenaza del virus.

GUSTAVO TATIS GUERRA

21 de febrero de 2021 12:00 AM

Al abrir el álbum de sus recuerdos, aparece la niña de cabellos de oro, con un lazo de mariposa. Tiene dos años y el brillo de sus ojos atrapa la luz del mundo. Del corazón de Aurora Varón, su madre, se derrama un ramo de flores blancas. Ella está con un velo transparente, llena de flores, junto a Jorge Elías, su padre, el día en que se casaron en la Iglesia de Lourdes en Bogotá. En una foto está con su bisabuela paterna, ella es una pequeña niña, leva su lazo de mariposa sobre los rizos de su cabellera. La bisabuela tiene los pómulos salientes, la nariz afilada, los ojos profundos, el cabello partido en dos y parece una guerrera pijao. En otra foto está junto a su madre y en una foto familiar en Ibagué está junto a sus tías paternas Noelia y Ligia, que están de pie, con su madre Aurora y su abuela María; y sentados en el pretil de piedra, sus tíos Miguel, Flor, Ludmila, María Alix, Gloria y su hermano Jorge Alí. En otra imagen ella tiene catorce años y baila el Danubio Azul en una presentación en su colegio el Instituto Pedagógico Nacional, en 1954. En otra foto del año siguiente está de pie sobre la hierba, vestida de verde, delgada, sonriente, con su cabellera suelta y con las manos detrás. Tiene quince años. En otras fotos está como actriz a sus 17 años, en el único y efímero personaje en la obra ‘Los hijos terribles de Jean Cocteau’, dirigida para la televisión colombiana por su hermano Jorge Alí Triana, que tenía 15 años. (Le puede interesar: Gloria Triana, memoria del Nobel en Estocolmo)

Estudiante de sociología

En otra imagen de sus memorias, está la joven que deseaba estudiar arquitectura y se iba a matricular en la Universidad Nacional, pero en el camino hacia la matrícula, a la entrada a la calle 26, escuchó la voz de un profesor que pregonaba las virtudes del estudio de la sociología y ella quedó embrujada de su palabra, cuando sugería conocer a fondo la historia de nuestro país. El hombre, cuya voz resonó dentro de ella, era Orlando Fals Borda, el eminente y fecundo investigador, padre de la sociología en el país y pionero de la Investigación-Acción Participativa. Decidió matricularse en sociología y sus profesores fueron, además de Fals Borda, Camilo Torres, Ernesto Guhl, Virginia Gutiérrez de Pineda, entre otros. Aquellos maestros iluminaron el camino de su sensibilidad, su devoción por la cultura regional y nacional, y su conciencia social, política y cultural.

Redescubrir a Colombia

Lo que emprendió Gloria Triana desde que era una estudiante de Sociología en la Universidad Nacional, antes de sus veinte años, fue un viaje apasionado e incesante en los cuatro puntos cardinales de la nación, por la Colombia profunda y desconocida, a través de las huellas casi invisibles de los ancestros indígenas, africanos y la herencia cultural del mestizaje de África y Europa en América, pero, a su vez, la visión de los nativos en la creación de su propia cultura.

En esa foto de 1963 tiene una bata indígena wayuu, en su primer viaje y primer trabajo como funcionaria de la División de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno. Está junto a sus amigas Rosina Buitrago y Nohora Segura. Las tres son unas bellas jovencitas de veinte años, sonrientes, en la puerta de un bohío indígena, al fondo, se ve la silueta del mar que pasa detrás de los trupillos. De esa experiencia es su primer artículo, El mestizaje, que fue publicado en el libro Indios y blancos en La Guajira (Ediciones Tercer Mundo, junio de 1963), en el que escribe junto a sus maestros y amigos Ernesto Guhl, Hans Burgl, A. I. Staffe, G. Hernández de Alba, Roberto Pineda Giraldo, Virginia Gutiérrez de Pineda, Álvaro Camacho, Nora Segura Escobar, José A. de Barranquilla, Álvaro Guzmán Cortés y Antonio López Epieyú.

“Dada la complejidad étnica del colombiano, quizá ninguno pueda negar su ancestro indio o negro; pero el mestizo guajiro es el fruto directo de una raza que se ha conservado en gran parte sin mezcla durante muchos años, con una persona extraña al grupo, que bien puede ser negra, blanca, zamba o mulata, a quien el grupo le da el nombre de ‘civilizado’. Al ver el libro que hemos encontrado como un milagro después de más medio siglo, Gloria Triana queda perpleja porque es el primer libro en donde ella escribe su primer artículo y es el libro que siempre anduvo buscando, pero siente pudor al leer a aquella muchacha de veinte años que ya estaba escribiendo sobre el mestizaje en La Guajira.

Años después regresaría a la misma Guajira, tras leer Cien años de soledad, de García Márquez, y se reencontraría con los hijos de los indígenas y escucharía en voz de una de las mujeres la historia mítica de Francisco El Hombre, que derrotó al diablo con su acordeón. (Le puede interesar: Petrona Martínez y Gloria Triana, las ganadoras del Premio de Vida y Obra 2015)

Imagen gloria triana

La documentalista

Gloria Triana ha sido una mujer cuidadosa con todo lo que le hace y emprende. Posee una memoria, una sabiduría e intuición congénita sobre la esencia de la cultura popular colombiana, tan rica y diversa, y siempre vuelve a los orígenes.

Tiene un inmenso archivo documental, escrito y audiovisual de todos los documentales que ha realizado, dos de ellos, están en la memoria colectiva de los colombianos: ‘Yuruparí’ (1983) y ‘Aluna’ (1984). Y el documental del regreso a Estocolmo veinticinco años después de la entrega del Premio Nobel de Literatura a García Márquez, en el que ella fue artífice de la selección de la delegación folclórica de 62 músicos y bailarines que representó a Colombia en ese acontecimiento histórico y cultural. Tiene un archivo de miles de fotos de todos sus viajes, audios, casetes, entrevistas con juglares, con músicos, con folcloristas, con gestores y artistas populares, e instantes de su incansable travesía como investigadora, documentalista, diplomática, gestora cultural y partícipe ante el Ministerio de Cultura para que declararan Patrimonio Cultural de la Nación, los Cuadros Vivos de Galeras, al igual que el Carnaval de Barranquilla.

Conserva entre sus archivos imágenes de su vida de madre de Andrés y Juan Sebastián y momentos con sus nietas. Y guarda hasta el menú de la noche en que celebraron el Premio Nobel a García Márquez. Pero además de ese archivo, ella me ha permitido acercarme a su archivo en su computador personal para ver la inmensa selección de artículos sobre Palenque, La Guajira, Valledupar, Carnaval de Barranquilla, la Marimba del Pacífico, Negritos y Blanquitos en el Carnaval de Pasto, el diario de Estocolmo, Patrimonio Inmaterial e identidad colectiva, Cultura, Paz y Reconciliación, su experiencia pionera y ejemplar en zonas de conflicto armado en donde ella propuso jornadas culturales involucrando a esos actores armados, muchos de ellos se reintegrarían a la vida civil, y otros, morirían en combate.

Epílogo

Ahora estamos viendo videos y fotos en los que aparece ella junto a Leandro Díaz, García Márquez, Alejo Durán, Totó la Momposina, Náfer Durán, Carlos Franco, Nereo López, Pedro Flórez, Belisario Betancur, Vicky Ospina, Olga Lucía Jordán, Chica Morales, incontables amigos cartageneros y palenqueros de la champeta, y amigos de todos los rincones de Colombia y el exterior.

Desde hace año y medio Gloria está en manos de la terapeuta Jacqueline Arrieta, quien reconoce que ella se ha ido recuperando lentamente, su corazón está funcionando bien, pero ella, que ha sido una mujer muy activa, dice que su energía está bajita después de estas dolencias y este encierro en la pandemia. Y no cesa de trabajar y de planear aventuras culturales. Está leyendo el monumental libro de Obama, de más de 900 páginas, y ya se acerca a las trescientas páginas. Y está revisando cada uno de sus documentales que han sido remasterizados. Al mirar los documentos escritos y audiovisuales de Gloria, es como si viajáramos en el tiempo por las tierras del olvido y la memoria perdida de lo que ha sido Colombia.