Heredero de los viejos cronistas

12 de marzo de 2017 06:46 AM

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No es fácil llegar a sesenta y nueve años contando historias. El Universal como periódico logró ese privilegio y en la tarde del 8 de marzo se vivieron muchas sorpresas. Una de ellas, el homenaje cálido y emotivo a uno de los grandes cronistas del diario: Germán Mendoza Diago. Cada uno de sus compañeros hizo lo suyo para que en dos horas se celebraran las virtudes humanas y profesionales de un hombre que ha consagrado cuarenta años de su vida al periodismo, desde que a sus 18 años empezó en la emisora Todelar, y más tarde, ingresara a El Liberal, de Popayán,y al diario El Universal, de Cartagena. Han transcurrido más de treinta años en este diario, y la pasión de Germán se mantiene intacta y aleccionante. El editor Javier Ramos eligió una de las crónicas: “Aquellas tontas canciones de amor”, del libro La vida, esa crónica fuera de serie, de Germán, publicada por El Universal en 2015.  Y leído a varias voces, cada uno, escogió su párrafo, y entre todos, no solo leyeron íntegra la crónica, sino que cantaron los estribillos de las canciones aludidas por el cronista que lo remitían -cada una- a un recuerdo amoroso de su juventud en el barrio de San Diego. El periodista y escritor Juan Gossaín dijo que era la primera vez en su vida que escuchaba una crónica cantada.

La nostalgia y humor de Germán nos lleva a sus primeros recuerdos de amor:
“A los trece años, descubrí las canciones de Roberto Carlos y descubrí a Mariana, que vivía cerca de la Plaza de Santo Domingo, era un año menor que yo y estudiaba en La Presentación. Nunca me le declaré, ni nos cuadramos oficialmente, pero una noche de diciembre nos besamos en el Callejón de los Estribos, y a partir de ese momento la traía a la mente con “saltando una verja, verte a ti, y así en tus ojos algo nuevo descubrir. Las rosas decían que eras mías, y un gato me hacía compañía”.
Juan Gossaín reveló que siempre quiso desde joven escribir en el diario cartagenero. El periodista, que en ese entonces, era un estudiante de bachillerato, escribió un texto criticando un letrero comercial de una heladería junto a la estación de gasolina de El Limbo, pero el director le corrigió. Y aquello lo intimidó para volver al periódico. No todos los periódicos en el país y en el mundo tienen el provilegio de contar en su inicio con un futuro Premio Nobel de Literatura, como ocurrió con García Márquez. Fue aquí hace 69 años donde escribió su primera nota periodística. Y tuvo la primera experiencia como reportero cuando fue a cubrir  una balancera  protagonizada por policías  a un grupo de campesinos que iban en la procesión de la Virgen del Carmen, en el municipio del Carmen de Bolívar. Policías conservadores del interior del país que habían venido en plena época candente después del magnicidio de Gaitán, estaban prevenidos con los liberales. Hirieron a un grupo de campesinos, y algunas mujeres que iban en la procesión. Juan Gossaín dijo que al volver a leer a García Márquez en los archivos de julio de 1948 encontró la genialidad del escritor, cuando en una de las leyendas, precisó entre los heridos estaba “la Virgen del Carmen”, cuando una de las balas desbarató uno de sus pies de yeso. El 13 de julio de 2013, Juan Gossaín se encontró con García Márquez en un almuerzo que ofrecía Gloria Triana en su apartamento, y allí tuvo la oportunidad de recordarle al Nobel de Literatura aquellos episodios. Y García Márquez le dijo que no se acordaba de aquella maravilla de la virgen alcanzada por las balas. Pero sí se acordó del general Polanía, que era el censor de la Gobernación de Bolívar y legaba todas las tardes a mirar qué aparecería en el editorial del día siguiente. Y cuando leyó la nota de García Márquez fue directo a hablar con el director López Escauriaza. Al salir de la oficina, se quedó mirando a todos los periodistas y preguntó: ¿Quién es García Márquez? Y el joven de 21 años levantó la mano: “Soy yo”. Y el general lo miró de pies a cabeza con una intensidad intimidatoria: “¡A usted le va a ir muy bien! Y García Márque le respondió a Juan Gossaín: “Fue un general y no un escritor el que profetizó que me iría bien”.
 

Junto a  Gabo
Germán Mendoza Diago, quien fue uno de los periodistas que participó en 1995 en la creación de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano con García Márquez, es heredero de los cronistas que empezaron en 1948, con Clemente Manuel Zabala,  Héctor Rojas Herazo, Aníbal

Esquivia Vásquez, Alfredo Pernet Morales, Santiago Colorado, Antonio J. Olier, y más tarde, con Jorge García Usta, Alberto Salcedo Ramos, para citar algunos de ellos. La crónica sigue siendo el alma del periodismo contemporáneo.

“No me pierdo ninguna de las crónicas que se publican cada domingo en la separata Facetas”, dijo Juan Gossaín en el homenaje a Germán Mendoza.
“Creo y lo digo por primera vez públicamente, que es la mejor separata de crónicas que se publica en el país”.
Gossaín destacó la calidad humana de Germán, y citó una frase de Ryszard Kapuscinski: Es imposible concebir a un buen periodista que sea mala persona. La condición humana es esencial para ser un buen periodista.

El padre Rafael Castillo subrayó tres virtudes de Germán: su gran capacidad para hacer visible las historias de los desposeídos, su visión de región y país en su trabajo profesional, su ejemplo ético y humanístico, y su visión integral.
Eduardo García Martínez dijo que una de las virtudes que admiraba en Germán eran su desprendimiento de todo lo material: jamás le ha interesado nada que tenga que ver con cobrar o pagar. Por eso tiene una especie de Gaba: su esposa Martha Ramírez.  Eduardo contó que su esposa Mildred conoció y cargó al niño Germán en Ciénaga de Oro, y lo recuerda con su cabello rubio, sus intensos ojos azules, y su hiperactividad corriendo por las calles de su pueblo. A diferencia del niño Jorge García Usta, a quien también cargó y lo recuerda gordito, serio, callado.

El distrito de Cartagena se sumó al homenaje entregándole la medalla cívica Pedro Romero en grado de Caballero, por el aporte de Germán al periodismo regional y nacional. El Universal a través del editor Javier Ramos entregó la placa por sus inmensos méritos humanos y profesionales.

Fue una tarde intensa y conmovedora para Germán. Lloró y rió con su propia crónica.

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