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Hermano Pedro Roure Ramaseda, el docente lasallista que educa con amor

La promoción 1972 del colegio La Salle, homenajeó a dos de sus profesores, uno de ellos el catalán matemático y físico, el hermano Pedro Roure Ramaseda. Esta es su historia.

VALERIA VIAÑA PADILLA

04 de diciembre de 2022 12:00 AM

El salón se iluminó con trajes blancos: las mujeres con vestidos y los hombres con camisa o guayabera. Participaban de una eucaristía que empezó a la 1 de la tarde, y a las 2, ya se escuchaba el sonido de las copas de vino chocarse entre sí brindando por aquel reencuentro. “Salud”, decían, mientras disfrutaban de una serenata cargada de boleros. Le puede interesar: ¡Pilas! Abren convocatoria para becas universitarias inclusivas en Cartagena

La ocasión reunía a egresados del colegio La Salle, promoción 1972, homenajeando en estos 50 años a dos docentes extranjeros: el hermano Pedro Roure Ramaseda y Pablo Tobar Bernal, ambos de España pero llegaron a Cartagena en aquella época. Sus historias hacen brotar lágrimas. Dedicaron su vida a la educación y a las obras sociales con niños y jóvenes vulnerables, según narraron sus exalumnos.

Ahí estaba el hermano Pedro. Sereno. Siempre con la mirada tierna y una sutil sonrisa. Va a cumplir 90 años y está fuerte como un roble. Su voz es clara y tiene la mente completamente lúcida. En medio del ruido, me dijo que saliéramos del salón para atender la entrevista. Él prefiere la tranquilidad y el silencio.

Hermano Pedro Roure Ramaseda, el docente lasallista que educa con amor

Hermano Pedro Roure Ramaseda, de Cataluña, pertenece a la comunidad lasallista desde los 12 años de edad. // Foto: Julio Castaño Beltrán.

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El hermano Pedro Roure Ramaseda tiene una historia muy sentida para contar. Nació en Cataluña, España, en un pueblo de la provincia de Girona, ubicado a unos 95 kilómetros al norte de Barcelona. No conformó una familia debido a su vocación religiosa.

Ahora está radicado en la antigua Guatemala, que fue capital de Guatemala hasta que en 1773 y 1776 los terremotos obligaron a desplazar la capital a su ubicación actual, a unos 43 kilómetros de allí.

Hoy, vive en la hermosa ciudad colonial que tiene unos 35 mil habitantes, donde, asegura, goza de una tranquilidad tan plena que atrae una cantidad impresionante de turistas y a veces llega más del millón y medio. Le puede interesar: 7 países recomendados para viajar solo

Desde muy joven, Pedro Roure Ramaseda entregó su vida a la religión católica y a los números. Fue profesor de Física y de Matemáticas, pero lo recuerdan más en la asignatura de Física en el colegio La Salle, sede ubicada en la avenida Paseo de Bolívar, donde ingresó en 1970 y se retiró en 1973.

“Desde pequeñito me gustaba mucho la aritmética, que era lo que se podía estudiar en ese entonces, y era, normalmente, el mejor de la clase en operaciones: suma, resta, multiplicación, división, raíz cuadrara y las fracciones. Más tarde, no solo fue esa facilidad que tenía para descifrar, sino que siempre fui amigo de la mecánica, del arte manual, y muchísimas veces eso me ayudaba para calcular distancias, áreas, volúmenes que necesitaba y por eso me dediqué a la matemática y a la física, porque la física nos ayuda a realizar proyectos reales”, dijo el hermano Pedro.

La principal razón por la que soy educador es porque hay una sociedad a la que debemos moralizar un poco porque, así como vamos, es un desastre”

Hermano Pedro Roure Ramaseda, docente.

Lasallista

Su vida religiosa empezó a los 10 años en una escuela rural, dirigida por los hermanos de La Salle, y sentía una admiración enorme por el director, el hermano Sebastián, quien para él ha sido el mejor pedagogo y religioso que ha conocido en toda su vida, pues lo recuerda como un religioso muy convencido. Entonces Pedro, a esa edad, decidió ser religioso pero no era permitido. A los 12 insistió y en entró a esa especie de internado y se quedó recibiendo una formación tendiente a hermano de La Salle.

“Mi mamá me decía que tenía mucho interés por los niños porque me gustaba ayudarlos, por eso cuando me despedí de la casa me dijo: ama mucho a los niños. Se había dado cuenta. Más adelante me mandaron a Roma e Inglaterra para prepararme en teología y en inglés siguiendo bachilleratos diferentes”, explicó el religioso.

Pero... ¿cómo llegó a Cartagena? Primero estuvo en Costa Rica y terminó su trabajo en 1969 cuando lo cambiaron en su congregación, según, por un problema interno: una especie de división de un grupo bastante grande de hermanos de La Salle manifestaron su descontento con el nuevo superior para Centroamérica, y a él lo exiliaron a Cartagena.

Hace muchísimos años, El hermano Roure Ramaseda pagó un total de 248 becas, algunas universitarias completas, para los más vulnerables.

“Pasó que me encantó Cartagena y pensé que aquí dejaría mis huesos, pero cuando se decidió que los colegios de Barranquilla y Cartagena se los íbamos a dejar a los hermanos colombianos no querían que los que éramos de Centroamérica nos quedáramos aquí, me dijeron que regresara a Costa Rica pero yo no quería mientras estuviese aquel superior, luego lo cambiaron, y el nuevo, como sabía que me quería quedar, me dijo que debían mandarme a Roma para un curso, fue una manera de sacarme de aquí”, contó. Su estadía en Guatemala ocurrió mucho después, necesitaban un profesor de ciencias y por esa razón lo mandaron al país donde hoy vive.

El hermano Roure Ramaseda dejó claro que su obsesión es la educación, como una manera de mejorar la calidad de vida de las personas. Por esa razón, hace muchísimos años, decidió pagar un total de 248 becas, algunas universitarias completas, para los más vulnerables. Para él la mayor satisfacción que ha tenido es que de las 248 becas solo uno le ha fallado, los demás terminaron sus estudios.

“Últimamente ayudé a una familia entera que dormían en los bancos de la plaza pública en la antigua. Pagué un cuarto donde pudieran dormir. Pagué los estudios después de la primaria por tres años a la muchacha mayor, porque le pedían esos estudios para trabajar. Cuando terminó le dije que buscara empleo y yo poder ayudar a otras familias”, contó.

Él sabe que algún día vendrá la muerte, así que en estos últimos años se ha dedicado a escribir libros de matemáticas para estudiantes y a ser feliz.

“No tengo prisa. Voy a cumplir 90 años y me siento bien -fuerte – física e intelectualmente. Escribí unos libros de matemáticas para estudiantes universitarios y doy clases solamente cuando los alumnos me lo piden: si les salió mal el examen y quieren recuperar.

Pero, ¿por qué el hermano Pedro marcó y dejó huellas en sus antiguos estudiantes? Él lo explica con una teoría suya sobre educación: “solo hay un sistema pedagógico bueno y universal: amar mucho a los alumnos. ¡Amarlos! No dejarse llevar por la impaciencia y tratar de adelantarse no solo a los más avanzados, sino a los últimos”.

Hermano Pedro Roure Ramaseda, el docente lasallista que educa con amor

Para el religioso y experto en números, es importante el estudio para ejercitar el cerebro. // Foto: Julio Castaño Beltrán.

El hermano Pedro aún se conserva fuerte. Para él, la clave de llegar a tan avanzada edad está en el ejercicio, sobre todo en las caminatas y en alejarse de los vicios: “No fumo ni bebo”, dijo, y añadió que en su juventud perteneció a un equipo de fútbol y su faceta como deportista han mantenido su físico. Y su mente la ha nutrido con la intensidad del estudios y funciona para entrenar el cerebro.

“La principal razón por la que soy educador es porque hay una sociedad a la que debemos moralizar un poco porque, así como vamos, es un desastre. Cuando cada uno decide su propia moral, tenemos como resultado una sociedad de robos, asesinatos, violaciones, corrupción por todas partes. Por eso siempre he dicho: si quieren que dé moral tengo que basarme en la religión, porque si no me baso en la religión cuando les diga algo de moral me responderán: esa es tu opinión, yo tengo otra, y hay que aceptar la existencia de un ser superior que puede imponer una moral (...) siempre he luchado por eso, que hay un Dios que tiene esa autoridad”. Lea aquí el artículo de opinión: Religión y su aporte en valores para una cultura ciudadana

El hermano Pedro extiende un infinito agradecimiento a sus exalumnos. Por eso, en su discurso, recordó las palabras de un antiguo estudiante suyo que le dijo: “- Ahora sé mucho más matemáticas que usted. -Lo miró y le respondí: es el mayor elogio que me han hecho en mi vida. El educador no busca que sus alumnos queden al mismo nivel que el profesor, sino que lleguen a más para ver un verdadero progreso”.

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