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Investigadoras logran cultivar sandía, maíz y ahuyamas en el árido Manaure

Esta tierra de grandes dificultades hidrográficas parecía nunca poder parir, pero nacieron cultivos contra todo pronóstico gracias a la investigadora Marcela López Ríos y a la comunidad wayuu.

Por: Ivis Martínez Pimienta

Hay personas buenas que cambian el mundo con sus ideas, en este caso mujeres que pudieron hacer germinar vida en un lugar desértico, por difícil que parezca. Hoy se ha logrado algo impensable, pues en las huertas de las comunidades wayuu: Taiguaicat, Pañarrer y Limunaka de Manaure, se cultiva sandía, ahuyama, maíz, frijol, melón y yuca.

Marcela López Ríos pensó el proyecto Perspectivas y Estrategias Comunitarias contra la Desnutrición Infantil en Comunidades Wayuu, que le ha merecido reconocimientos como el Premio a la Investigación Social Jorge Bernal, otorgado por Confiar Cooperativa Financiera; así como la mención Magna Cum Laude en la ceremonia de grado de Magíster en Salud Pública, de la Universidad de Antioquia. Ella es docente de la Facultad de Salud Pública. La apoya su compañera y también líder wayuu, Carmen Frías Epinayu.

Este logro, que en tierra árida y con grandes dificultades hidrográficas parecía inverosímil, fue posible gracias al desarrollo de un proyecto de investigación participativa. Estas mujeres, junto al equipo de trabajo que han conformado a lo largo de este camino, han sido las responsables del éxito de las huertas.

Hay que empezar diciendo que entre los ejes a abordar en las comunidades, desde hace seis años que empezó la iniciativa, están la desnutrición infantil, potabilización de agua, fortalecimiento y creación de las huertas. En estos últimos años se vio el resultado de la siembra.

“Contamos con la ayuda del líder de la Alcaldía de Medellín, Andrés Domínguez. Al principio sembrábamos maíz y fríjol, pero nos dimos cuenta de que era muy difícil mantenerlos y les caía plaga fácilmente. Andrés nos asesoró y nos explicó que eso se daba, porque no se estaban dando las condiciones para el cultivo y estábamos dejando mucho espacios entre un cultivo y otro. También nos dijo que debíamos sembrar otro tipo de cosas, y ya después de eso obviamente todo surgió”, empieza contando la investigadora Marcela López. A partir de las asesorías, se analizaron cuáles eran las condiciones que se necesitaban, pero encontraron que aún, por ser un lugar tan desértico, era complicado.

“Empezamos el enmallado de sesis hectáreas de huertas comunitarias y, bueno, el año pasado hubo temporada de lluvia en La Guajira y facilitó el proceso.

“Los líderes, muy juiciosos, hicieron la gestión para el microacueducto y lo instalaron el año pasado cerca de la huerta, así, cuando no llueve, hay agua; además funciona con paneles solares”, destaca la investigadora.

¿Cómo lo hacen?

Ver la necesidad alimentaria de la población y creer en la idea que la investigadora planteaba logró el empoderamiento de las autoridades de la comunidad y posibilitó que estas mismas tocaran puertas a la Alcaldía de Manaure para poder ser incluidos en el programa de instalación de microacueductos, que favorece a diferentes comunidades del territorio.

Estos microacuerductos parten de estudios geoeléctricos con los que se hace la construcción y perforación de un pozo profundo, se instala un tanque de almacenamiento y se crea una red de distribución.

Aunque el tanque da abastecimiento de agua a los habitantes de Taiguaicat y Pañarrer, debido a la distancia entre las comunidades, no alcanza a llegar hasta Limunaka, donde la comunidad debe abastecerse por otros medios. Pero las lluvias de los últimos meses en La Guajira han potenciado lo que quedó como capacidad instalada.

“Creo que lo que hicimos con esta investigación participativa con el Premio Jorge Bernal es un granito de arena, y mira cómo va contribuyendo y como se van viendo otros resultados”, explica Marcela.

¿Qué parieron las huertas?

Las huertas se extienden en seis hectáreas, divididas en cuatro lotes, cada una de 200 metros cuadrados en promedio. Están ubicadas en el territorio del Clan Arpushana y, debido a su productividad, están en proceso de ampliarse.

Sandía, auyama, maíz, fríjol, melón y yuca germinan por estas tierras. El agua de la lluvia, además, ha posibilitado el aumento de las cabras y los chivos, y el cuidado de las vacas incorporadas recientemente.

El interés de las investigadoras está puesto en seguir trabajando para erradicar el hambre, gestionar recursos de diversas fuentes que les permitan mantener los resultados que han tenido hasta el momento y que todo este esfuerzo permanezca en el tiempo, sea sostenible y se replique en otras comunidades.

“Carmen, por ser de la comunidad, y yo, por estar enamorada del proyecto, queremos continuar con la labor. Este proyecto ya finalizó y estuvo enmarcado en el Premio Jorge Bernal, con apoyo de la Universidad de Antioquia. Ahora, estamos buscando una fuente de financiación para que podamos seguir con este tipo de proyectos en otros lugares de La Guajira, porque la experiencia nos dice que sí funcionan”, finaliza Marcela.

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SOBRE EL PROYECTO

El propósito era mitigar la desnutrición infantil en estas comunidades de La Guajira, que históricamente han sido golpeadas por la inseguridad alimentaria, especialmente la población infantil. Hoy recogen los frutos de este proyecto, que tenía cuatro ejes: el primero, fortalecer la infraestructura, principalmente el acceso al agua; el segundo, brindar educación nutricional para el óptimo aprovechamiento de alimentos; el tercero, fortalecer las habilidades comunitarias, involucrando a la comunidad a partir de sus conocimientos, saberes, habilidades y recursos disponibles en el territorio, y el cuarto, recuperar la soberanía alimentaria, a través de la construcción de huertas, del trueque, el pastoreo, la siembra, las artesanías u otros procesos productivos.

Obtenga más información sobre este proyecto a través de comunicaciones@premiojorgebernal.org.

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