Isabel Sánchez recuerda a Pierre Daguet

14 de julio de 2019 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Pierre Daguet alumbra, desde la penumbra del óleo del gitano que toca una guitarra, el apartamento de Isabel Sánchez Bernal. Ella, de 92 años, estuvo medio siglo con el artista francés en Cartagena, y estaba junto a él cuando empezó su agonía en la madrugada del 20 de julio de 1980.

La agonía empezó con unas gotas de sangre de su boca que mancharon su vestido blanco. Isabel sacó un pañuelo y le limpió las primeras gotas. Pero la sangre siguió manando. El médico le había diagnosticado cirrosis, pero ella recuerda que el maestro Daguet no era bebedor, sino alguien que solía almorzar o cenar con una copa de vino, pero sin excesos.

Miramos los álbumes donde ella conserva fotos donde el maestro Daguet aparece frente al mar, rodeado de amigos y familiares, pintando al aire libre, y guarda dibujos pequeños en carboncillo y a color, algunos bocetos de sus nereidas y ondinas, sus sirenas del Caribe, y algunas recetas de su restaurante.

“Nací en Chocontá, Cundinamarca, el 20 de octubre de 1926. Conocí a Pierre Daguet en 1947 y trabajé en el Hotel La Capilla, que tenía Madame Daguet, su madre, al sur de Bogotá, muy cerca de la estación de trenes”, dice ella en este atardecer de julio que quema las hojas del almendro que están frente a su ventana.

“Recuerdo a Madame Jeanne Daguet como una mujer muy elegante, alta, no tan delgada, era un poco gruesa, de cabellos castaños, sabía dar órdenes con dulzura, no era regañona, era estricta pero con un corazón grande. No le gustaba la ropa de color oscuros. Su esposo fue requerido para irse para la primera Guerra Mundial. Los hijos quedaron en manos de los abuelos, y al culminar la guerra, se vinieron a vivir a Bogotá, con Michel y Pierre, sus hijos. El señor Pierre Daguet vino al país en 1932 y se quedó entre nosotros. De Bogotá, trabajando junto a su madre en el Hotel La Capilla, se vinieron para Cartagena y aquí estuvieron al frente del restaurante del Capilla del Mar”, recuerda.

El alcatraz de Daguet

Con su memoria despierta de los años vividos trabajando junto al maestro Daguet, muy cerca de cumplir sus 93 años, Isabel me lleva a los instantes en San Pedro de Majagua, en las Islas del Rosario, en el restaurante y en la relación del artista con sus amigos y alumnos.

“El señor Daguet fue alguien más que un caballero que tenía más de veinticinco personas trabajando en el restaurante. Nunca lo vi de mal humor. Solo un día lo noté molesto porque descubrió un mantel que tenía una gota de mancha a las 11 de la mañana, poco antes de que llegaran los comensales, y cogió el mantel de un solo manotazo. Era un hombre de comer exquisito, pero no era excesivo. Le gustaba su filet mignon, sus langostas, sus pescados, sus asados. Buceaba, tenía cuatro perros alemanes de la raza Schnauzer, que son pequeños, y había amaestrado un alcatraz que encontró enfermo muy cerca de la isla San Martín de Pajarales, y lo bautizó con el nombre de Florito. El alcatraz estuvo cerca de él durante diez años. Competía nadando y se ganaba a los cuatro perros. Después desapareció un día el alcatraz. No sé si el señor Daguet lo pintó en uno de sus cuadros”.

Isabel empezó siendo una humilde mesera que con lo años pasó a ser miembro del equipo de trabajadoras de la familia Daguet y pocos años después de la muerte del artista integró el equipo de administradores de su restaurante, por decisión de Michel, hermana del maestro. Junto a ella estaban Emiliana Díaz Casalla, ya fallecida, y Adela Vega Poveda. Y Germán Salazar asumió la tarea de administrador. En verdad, el maestro Daguet trataba a Isabel y al resto del personal laboral como parte de su familia. Isabel, junto a los demás empleados, se puso al frente del restaurante durante veinte años después de la muerte de Dagiet hasta cerrar sus puertas, en el año 2000. Guardiana de su memoria y su legado, Isabel preservó también preservó su propia obra artística.

“El señor Daguet tenía una lancha que llamaba La Volantona e invitaba a su isla a veinte personas, a las que atendía con un almuerzo y vino. Un día empezó a llover y se nubló el cielo, y todos se acurrucaron en la lancha que conducía Carlos Vega. De repente, una lancha pirata arremetió contra La Volantana e intentó robar la lancha, pero en ese momento el conductor pegó un grito y todos los veinte invitados acurrucados se pusieron de pie y el pirata, asustado, retrocedió y se perdió en el mar. Es uno de los episodios que recuerdo hoy”, me dice Isabel, que en medio de esta conversación ha estado vista por los médicos que la atienden de Insuficiencia Renal Crónica, y está sometida a diálisis.

Los tiburones cerca

“Otro día íbamos con el señor Daguet en La Volantona, con Emiliana Díaz, Adela Vega y el conductor de la lancha, y de pronto el señor Daguet dijo: ¡Uy! ¡Quietos, arrincónense contra el bote, tenemos un tiburón cerca a nosotros. Nos recostamos y el tiburón venía rectecito hacia nosotros. Dios mío, era un enorme tiburón y los cuerpos de nosotros se volvieron uno contra la lancha y nos agachamos, el tiburón alcanzó a rozar la lancha, pero en cuestión de segundos, retrocedió y nos abandonó. ¡Que susto! Otra vez vimos en la isla que un tiburón venía también hacia nosotros. Nunca había visto un tiburón tan cerca. El señor Daguet se quedaba como una estatua, con cierta serenidad, y de pronto el tiburón se alejaba...”

Una heredad artística

Pierre Daguet pintaba en un taller que tenía donde quedan hoy las Bóvedas del Santa Clara, en el Capilla del Mar y en su isla. No dejó hijos. Ni él ni su hermana. Cuando él murió, la hermana escribió una carta avisando de la muerte a familiares en París. Pero nadie de Francia vino a Cartagena. La hermana decidió, siguiendo la voluntad del hermano, que el restaurante quedara en manos de sus propios trabajadores, que eran en esencia parte emocional de su familia. Él se fue desprendiendo de todo, de sus libros y sus pinceles, pero a sus 77 años nunca pensó en morirse porque estaba lleno de sueños. Era un mecenas. Sus obras están dispersas en colecciones privadas en Cartagena, Medellín, Bogotá, en museos, galerías e instituciones universitarias y coleccionistas internacionales. El galerista y coleccionista cartagenero Luis Carlos Martínez, quien organiza una muestra del maestro el 20 de julio para conmemorar los 39 años de su partida, preside la Fundación Pierre Daguet, animado por Isabel Sánchez Bernal. Ella ha dejado sobre sus hombros el cuidado de ese legado, pensando en la creación de una sala o museo que albergue la obra pictórica, pinturas, dibujos y objetos personales del artista. Luis dice que Daguet creó cerca de dos mil obras desde que salió de París buscando la otra luz del Caribe, pasando por la sabana de Bogotá hasta Cartagena.

Epílogo

La sangre siguió manchando el vestido blanco impecable del señor Daguet. Isabel buscó un segundo pañuelo y empezó a consolarlo. Era la medianoche. Fue llevado al Hospital Naval. Ya no podía hablar. No perdió el conocimiento. La sangre lo iba debilitando. Murió a la 1 de la tarde de el 20 de julio de 1980.

Isabel se queda en silencio y siente la brisa caliente de los almendros y la tibieza de sus flores azules y amarillas.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS