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Jesús Maestro: un colegio que cambió el futuro de miles de desplazados

La Institución Educativa Jesús Maestro, en Nelson Mandela, cumplirá veinte años entre los más duros desafíos y con una esperanza a prueba de todo.

LAURA ANAYA GARRIDO

28 de marzo de 2021 12:00 AM

Eran tan niños, pero cargaban tantas y tan grandes tragedias que costaba imaginar un futuro para ellos. Unos habían visto cómo asesinaban a sus papás. Otros, a sus hermanos, a sus amigos, a vecinos. La violencia había sido implacable con todos ellos y con sus familias, al desterrarlos del campo y empujarlos a sobrevivir en las calles polvorientas del barrio Nelson Mandela, en Cartagena. Al despojados de todo, menos del miedo. La esperanza, por fortuna, se las arreglaría para reclamar su lugar en esa historia. (Lea también: Más de 3.000 familias han sido desplazadas en 2021)

“Esas tragedias las traían ellos muy metidas: habían visto desgracias verdaderas en sus casas, de violaciones, de muertes, de disparos así, sin más; sus padres no tenían trabajo, pero yo los veía... Eran personas buenas, campesinos que simplemente no tenían dónde trabajar, pero sí querían que sus hijos se educaran e hicieron todo lo que estuvo en sus manos para que así fuera”, me dice la hermana Blanca Esther Portilla García con ese acento imborrable e inconfundible de los españoles. Se refiere a los primeros 350 estudiantes de la Institución Educativa Jesús Maestro, Sueños y Oportunidades. Era febrero de 2001 y la hermana había llegado a Nelson Mandela después de viajar en bus durante veintidós horas desde Bogotá. De aquellos días, la hermana Blanca recuerda la sensación de ahogarse de tanto calor, las decenas y decenas de casuchas de madera y plástico que poblaban Mandela y el hacinamiento inimaginable de las busetas de Socorro-Bosque-Sierrita a las seis de la tarde.

El Jesús Maestro, Sueños y Oportunidades había sido construido en menos de dos años por la Fundación Santo Domingo y la Alcaldía de Cartagena, gracias a las donaciones de Anneliese Brost, una señora de Essen (Alemania). La hermana Blanca y otras cuatro misioneras del Divino Maestro habían llegado a dirigir el colegio, al lado de la Arquidiócesis de Cartagena.

Jesús Maestro: un colegio que cambió el futuro de miles de desplazados

El 4 de abril del 2001 se dictó la primera clase en el colegio, que queda en el sector Las Vegas de Nelson Mandela.//Foto: Óscar Díaz - Archivo El Universal.

El desafío de comenzar

Incluso antes que comenzaran las clases, las hermanas tuvieron que enfrentar problemas nada sencillos: los líderes del barrio no tenían trabajo y veían en el colegio una oportunidad de empleo, así que exigían -y no de la mejor manera- que los contrataran como docentes, aunque que no estuvieran preparados para ello. “Fue muy difícil, no te imaginas, pero lo superamos”, recuerda.

“A todos los niños que nadie quiso, a todos los recogieron. Nosotras (las misioneras) dijimos que si querían una buena formación para estos muchachos, entonces no podía ser recoger a todo el mundo, sino que teníamos que ir abriendo paulatinamente. Podíamos abrir la primaria, desde primero, porque en ese primer año no hubo transición, no teníamos agua aún y era muy difícil. De manera que comenzamos con primero, segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto y, al año siguiente, ya había hasta séptimo y Transición”, recuerda.

Jesús Maestro: un colegio que cambió el futuro de miles de desplazados

Nohra Puyana de Pastrana durante la inauguración, el 30 de abril de 2001.//Foto: Óscar Díaz - Archivo El Universal.

Las clases comenzaron por fin el 4 de abril de 2001, y el 30 de ese mismo mes Nohra Puyana, esposa del entonces presidente Andrés Pastrana, y el alcalde Carlos Díaz Redondo inauguraron un colegio que, según ellos, debía ser “de puertas abiertas” para que esos niños, que venían del campo, no se sintieran presos, encerrados y tenían algo de razón: a los chicos les costaba quedarse sentados en el salón, eran pequeños que parecían estar siempre dispuestos a discutir, a pelear, a defenderse... Claro, la vida solo había tenido ataques para ellos hasta entonces. “Hablaban muy rápido, todos hablábamos español, pero me costaba mucho entenderles y peleaban mucho”, recuerda la hermana.

Pero el desafío no solo estaba en los niños y sus traumas, que una psicóloga, una trabajadora social y ocho docentes repletos de amor fueron ayudando a suavizar, sino también en el entorno: por aquellos días, el barrio era víctima de una “limpieza social”, así que no era raro que aparecieran panfletos amenazando de muerte a sus habitantes y que, en efecto, los asesinaran.

“Nos empezó a dar miedo porque empezaron a amenazar a la gente. A nosotras, las hermanas, nunca; la gente nos quiso mucho, pero de todas formas teníamos que cuidarnos. Lo que me dio susto una vez fue que estaba aquí el jefe de la... yo no sé qué jefe era, y me pidieron el colegio para tener una reunión de líderes... No me acuerdo qué jefe era, pero era el que estaba ‘componiendo’ o ‘saneando’, según ellos, el barrio, entonces, cuando veían el que expendían droga, etc., lo amenazaban y aquí tuvieron una reunión con los líderes. Recuerdo que una vez me llamaron a mí y ese señor tenía el guardaespaldas, un hombre alto, que se paseaba por el pasillo, y fueron desapareciendo a la gente... Les dije a los líderes: ‘Yo no quiero ese tipo de reuniones, nosotros no estamos para esto, estamos para educar y formar a los niños, no para tener a la gente matona aquí’. Gracias a Dios, entendieron”.

El Jesús Maestro, con sus sueños y oportunidades, ha sabido sobreponerse a todos esos obstáculos y crecer: hoy tiene 1.306 estudiantes desde transición hasta 11 grado y sigue sorteando desafíos, aunque distintos. El más actual: dar y recibir las clases por WhatsApp, porque muy pocos estudiantes tienen internet y un computador (o celular inteligente) para acceder a plataformas como Zoom o Google Meet, pero la sola pandemia es material para otra crónica. (Le puede interesar: Johan Llanos, un estudiante del Jesús Maestro que pule su talento para lograr sus sueños)

Jesús Maestro: un colegio que cambió el futuro de miles de desplazados

La hermana Blanca llegó a Colombia en el año 1962 desde su natal España. Es rectora del Jesús Maestro desde 2001 y aunque en 2008 la requirieron para otra misión y se tuvo que ir, regresó en 2015.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

“El año pasado fue toda una tragedia, aún 2021 lo es, por todas las dificultades que hemos tenido en esta crisis, pero ¿sabes?, quedé contenta el año pasado porque los estudiantes mantuvieron un buen nivel en las Pruebas Saber, no subimos, pero tampoco bajamos y yo pensé que iba a ser terrible”, cuenta la hermana Blanca y se levanta para llevarme a conocer todo el colegio.

Al final, en un bloque de salones que se construyó gracias a las rifas, bingos y actividades realizadas por los padres, los profesores y los mismos estudiantes, escuchamos música de violines.

Jesús Maestro: un colegio que cambió el futuro de miles de desplazados

Estudiantes del Jesús Maestro ensayan, hacen parte del coro del colegio.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

“¡No te hablé de nuestro coro! -dice. Subimos al segundo piso y miramos cómo, afuera del colegio, en un solar vecino, un grupo de niños toca música clásica-. Ellos son estudiantes nuestros”, explica y los mira con una ternura infinita. “Dos chicos que estudiaron acá y luego cursaron música me presentaron un proyecto para enseñarles, sin cobrar un peso. Dicen que quieren devolver un poco de lo mucho que recibieron aquí. Cuando tocan, la gente llora de felicidad”, cuenta.

La música suena para reafirmar dos cosas que ya me había dicho la hermana Blanca: que todo el esfuerzo ha valido la pena y que quien bautizó al colegio no pudo escoger un mejor nombre porque esta historia se trata de sueños y de oportunidades.