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Joselito Carnaval, el muerto que revive en los himnos de Barranquilla

Lucho Bermúdez es el autor de ‘Joselito Carnaval’, uno de los himnos del Carnaval de Barranquilla, junto a ‘La Guacherna’, de Esthercita Forero.

GUSTAVO TATIS GUERRA

23 de enero de 2022 12:00 PM

Un martes de carnaval, el 21 de febrero de 1943, en el Barrio Abajo, Lucho Bermúdez vio al cochero José Nicolás Ariza, disfrazado de mujer, que llevaba un ataúd en sus hombros. Cuando el peso del ataúd parecía agobiarlo, se detenía y se sentaba en el quicio de una casa, y entonces descansaba el ataúd, se sacaba un pañuelo manchado de lágrimas, y abría el ataúd y sacaba un enorme muñeco de trapo y entonces gemía: ¡Ay, Joselito! ¡Ay, Joselito Carnaval! ¡Ay, Joselito, te acabaste para siempre! Y ante el llanto de José Nicolás Ariza, que iba convirtiéndose en un llanto colectivo, aparecían otros tipos pintados de rojo y blanco, amarillo y verde, y mujeres pintorreteadas que cargaban otros ataúdes que llevaban a su vez otros enormes muñecos de trapo al que llamaban Joselito Carnaval. Aquella escena gestó el mapalé ‘Joselito Carnaval’, de Lucho Bermúdez, uno de los himnos del Carnaval de Barranquilla. Le puede interesar: Carnaval de Barranquilla: estos son los eventos previos que se cancelan.

Por ese mismo año de 1943, la compositora y cantante Esthercita Forero conoció al poeta cartagenero Jorge Artel, un encuentro del que surgiría muna fecunda complicidad artística y amorosa. Artel le propuso que ahondara en las raíces de la música ancestral del Caribe, y juntos emprendieron “una suerte de viaje a la semilla, durante seis meses”, cuenta el poeta Joaquín Mattos Omar en su magnífica semblanza ‘Esthercita Forero: la novia en el altar de la música’, publicado en el libro ‘Puentes musicales sobre el mar Caribe’, selección de Álvaro Suescún, Letra Clave, Barranquilla, 2018.

Basta escuchar canciones que nos atraviesan con una nostalgia de brisa barranquillera bajo el palito de matarratón

Este viaje a los orígenes sonoros y rítmicos abarcó las sabanas de Bolívar, el Sinú, y los pueblos ribereños del Magdalena. Y redescubrió fascinada el esplendor de los porros, las cumbias, los paseos vallenatos, el fandango, entre otros. Poseída por la música, la voz de Esthercita Forero suena a patio inmenso del Caribe recién llovido, a río en subienda, a mar encrespado, a serranía, a valle, a esperma encendida en el redondel de la cumbiamba, a puerto donde zarpan las embarcaciones con nombres de amores efímeros y perdurables, suena a embrujo y a augurio de carnaval. Basta escuchar canciones que nos atraviesan con una nostalgia de brisa barranquillera bajo el palito de matarratón para que el alma se sacuda en memorias de río: ‘La Guacherna’ es palabra mayor, uno de los himnos del Carnaval de Barranquilla, y al himno le acompañan canciones que están en la memoria de todo el Caribe: ‘La luna de Barranquilla’, ‘Los barcos del Magdalena’, ‘Mi vieja Barranquilla’, ‘La Mojana’, ‘Volvió Juanita’, evocadas por el poeta Darío Jaramillo como canciones de alta poesía que no son solo para escuchar y bailar, sino para ver, tal como lo ha recordado Joaquín Mattos en su retrato de la artista. Pero al leerlo junto los tiempos entre Lucho Bermúdez, Esthercita Forero, Jorge Artel, unidos por la música y la poesía en la casa de campo Salsipuedes en aquel agosto lluvioso de 1948, invitados por Jorge Marín Vieco.

La novia de Barranquilla

Esthercita Forero fue la voz poderosa y contagiosa de la orquesta de Pacho Galán, la orquesta de Rafael Hernández, en Puerto Rico, y fue la voz colombiana y antillana que resonó junto a los maestros Mario Bauzá, Franz Grillo “Machito”, Tito Puente, fue la compositora de Joe Arroyo, Juan Piña, Billo’s Caracas Boys, Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez, Los Melódicos de Venezuela, entre otros, según lo precisa Heriberto Fiorillo. Lea también: ‘La Marimonda’, canción de la Reina del Carnaval de Barranquilla 2022.

En Barranquilla se venera a Esthercita Forero, basta recorrer la ciudad para que la brisa traiga su nombre eternizado en monumentos y en el bautizo de algunas nomenclaturas del horizonte. Aún esperamos que el rastreo de muchos años del periodista y escritor Álvaro Suescún sobre la vida de Esthercita Forero nos sorprenda en un libro que nos cuenta la grandeza de esta artista, una de las primeras mujeres en representar al Caribe y a Colombia.

El muerto sale a bailar

Joselito Carnaval nace y muere cada año apenas estalla el amarillo luminoso de los guayacanes bajo el cielo del Caribe. Irrumpe bajo los palos de matarratón con su pañuelo rabo de gallo de color rojo, en el cuero templado de los tambores que van a estrenarse en la fiesta, y en las lentejuelas de las mujeres con sus polleras de colores y sus bonches o cayenas rojas puestas en su cabellera de lluvia. “Barranquilla ama a Joselito, desde mucho antes de que llegue el día de su resurrección, ya hay bullicio, ya flota en el ambiente azul el espíritu de Joselito”, escribió alguna vez Álvaro Cepeda Samudio, que era de los primeros en Barraquilla en pasear el ataúd de Joselito, bailoteando con sus sandalias de peregrino insomne, antes de zamparse un trago de ron blanco.

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El de Joselito Carnaval es un espíritu compartido en todos los carnavales del Caribe, donde los muertos resucitan para bailar, se mueren de risa, y salen a gozar la vida. Es allí, en ese Caribe, donde los muertos tienen su comparsa y donde los ataúdes salen en medio de la fiesta, la de Joselito Carnaval, a quien se le llora y se le baila porque después de tres días de resucitado vuelve a morir. Ese espíritu festivo se remonta al siglo XIX, como la danza del Congo Grande en 1870, recordado por Édgar Rey Sinning en su libro ‘Joselito Carnaval’, 1992, citando a Manuel Zapata Olivella: “Muy popular en otras épocas en Porto Bello, Colón y Cartagena, solo subsiste hoy día en los carnavales de Barranquilla, donde conserva todo su esplendor. El vestuario, con túnicas, estolas y sombreros semicilíndricos de más de cincuenta centímetros de alto, adornados con arabescos de papeles, cintas, espejos bordados y cascabeles, es una transculturación del vestuario propio de ciertas tribus congolesas, que en esta forma asimilaron los trajes tradicionales de la Corte Belga”.

Epílogo

En el mapalé ‘Joselito Carnaval’ de Lucho Bermúdez y en ‘La Guacherna’ de Esthercita Forero, dos himnos del Carnaval de Barranquilla, está el abrazo festivo de todo el Caribe. Al escuchar ‘Frutos del carnaval’ (1981) de Cuco Valoy, siento que la música rebasó los límites en todo el Caribe, el río sale a tocar los corazones de los danzantes, el río delirante embrujante con su música que sale de Rebolo, el Barrio Abajo, y debajo del color rojo, amarillo y verde, los ojos de una muchacha que llora a Joselito que vuelve a morirse después de bailar tres días sin parar. ¡Ay, Joselito! Y el garabato sale con su esqueleto pintado de negro y blanco, toca a Joselito, lo meten y lo sacan del ataúd, lo meten y lo vuelven a meter, hasta que la fiesta sigue y te pintan de blanco, te pintan de amarillo, te pintan de verde, es la fiesta inacabable de haber nacido en el Caribe. Donde los muertos como Joselito salen a bailar para anunciar que ha llegado el carnaval.

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