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Juan Carlos Guardela: “Todo cronista es un poeta”

Se lanzó el libro de textos periodísticos ‘El edén vencido’, del periodista y escritor bolivarense Juan Carlos Guardela Vásquez.

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

04 de julio de 2021 12:37 AM

La semana pasada la Corporación Universitaria del Meta (Unimeta) lanzó el libro de textos periodísticos El edén vencido, del periodista y escritor bolivarense Juan Carlos Guardela Vásquez.

El libro contiene crónicas, reportajes y entrevistas del autor escritas a lo largo de los últimos años y publicadas en varios medios nacionales e internacionales.

La presentación estuvo a cargo del periodista y escritor Juan Gossaín, quien en el prólogo del libro afirma:

“Me causa admiración y me renueva el entusiasmo cuando veo que surgen casos como el de Juan Carlos Guardela, que mantiene viva y latente la vigencia de la crónica, que publica libros, que escribe para revistas y periódicos, que dirige documentales. Debo decir, que, viéndolo en acción, incansable, me alegra recordar aquella vieja sentencia de los clásicos españoles del siglo de oro: todavía hay luz en la poterna y guardián en la heredad. (...) Repasando estas crónicas, volviendo a leerlas, me complace comprobar una vez más lo que he pregonado a lo largo de medio siglo de trabajo como cronista: la base fundamental del periodismo, naturalmente, es la ética. La verdad por encima de todo. Pero a su lado, tomadas de la mano, camina la estética”. (Le puede interesar: ‘El edén vencido’, libro que se lanzará en conversatorio con Juan Gossain)

Natural de San Juan Nepomuceno, Montes de María, Guardela Vásquez es profesor universitario, ha hecho radio, prensa y televisión. Trabajó en el diario El Universal, El Periódico de Cartagena y como jefe de prensa de varias entidades nacionales. Sus documentales han ganado premios y reconocimientos. Seis de ellos los realizó para la serie Trópicos, de Telecaribe.

Unas cuantas preguntas

Usted empezó como poeta, ¿por qué ahora escribe crónicas?

-Nunca me di cuenta de la transición. Empecé haciendo radio y luego prensa y televisión. Fue en los noticieros locales de aquel entonces. Realmente con mucho arrojo, porque no conocía los oficios, pero resultó ser una bendición. Como periodista tienes que trabajar en varios oficios que van desde las relaciones publicas y jefe de prensa, al manejo de cámaras, el guionismo, editor, la voz en off, etc. Si no tienes sensibilidad social, abandona todo eso. Y si te metes a estudiar comunicación social y periodismo para ser famoso, sería mejor que estudiaras actuación, modelaje o hagas cursos de presentación ante cámaras. Sale más barato.

Una de las cosas que da ventaja si eres poeta y te dedicas al periodismo para vivir, es que se robustece tu percepción. Todo cronista en esencia es un poeta. Eso es lo que te hace entender gestos, parajes, la importancia luminosa de un amanecer, encontrar la perla humana en una frase durante una entrevista. La poesía la define Machado como “el diálogo del hombre, de un hombre con su tiempo”. Eso es lo que hace a la larga el poeta. Yo no fuera cronista si no hubiera atravesado esa etapa de creación literaria (que muchos hoy me reclaman y con la que por cierto gané premios y becas) yo no fuera cronista.

En medio de este auge tecnológico, ¿tiene sentido continuar escribiendo crónicas hoy?

-Sí. Pero hay que decirles a los chicos que si se inventan hechos, personajes y diálogos, se está en el terreno de la ficción. Hace poco dije que el periodismo como tal describe procesos sociales, falencias de legislación, situaciones de vulnerabilidad de determinadas poblaciones, o denuncia un delito, demuestra un vacío de ley. Eso no se puede hacer inventando cosas, echando carretas. Así el resultado es muy mala literatura o pésimo periodismo.

Mi amigo, el poeta y escritor Jorge García Usta, decía que el veterano periodista Antonio J. Olier gritaba a los periodistas novatos al llegar a la redacción en las mañanas: “¡Denigren! ¡Denigren que algo queda!”. Lo hacía a contrario sensu y para subrayarles que la vida ajena se respeta.

¿El oficio del cronista, a estas alturas, es difícil de realizar?

-Lo difícil es publicarlo, como dije antes. No hay publicaciones. Se mantienen una o dos, con mucho esfuerzo. Soho ya no publica crónicas, y ahora menos. Por otro lado, el mercado editorial pide cosas de traquetos y yo no encajo en esa categoría por ahora. Soy un cronista de senderos olvidados, de arroyos donde salen espantos, pero también en donde se recoge arena para la sobrevivencia. Crónicas de gente de rostros mancillados, quienes tienen una estridencia humana espectacular. No es el periodismo de la hipérbole. Yo no pretendo exigirles a los personajes que hallen un drama cósmico o una intensidad extraordinaria. No encontrarás en mis crónicas personajes titánicos, noticiosos, deslumbrantes.

Contrario a lo que piensa mucha gente, la crónica de largo aliento se resiste a hacer la mudanza del papel a lo digital. En lo audiovisual, en el podcast y lo multimedial las cosas pintan mejor. Pero el texto largo afronta momentos difíciles precisamente por su naturaleza; y no todos los publican los medios. Aunque si es bueno, el texto se abre camino solo, encuentra su espacio. Así que ahora nos toca escribir libros, lo cual encarna otras dificultades.

Es posible que vengan mejores tiempos. Ahora hay quienes pueden hacer una minicrónica. Por ahí hubo varios intentos. No se pueden escribir minicrónicas, porque tengo grandes digresiones en mis textos. Digresiones propias del yo.

Juan Carlos Guardela: “Todo cronista es un poeta”

¿Qué diferencia hay entre la crónica y otros géneros del periodismo?

-La característica esencial de la crónica es que está narrada desde el yo del cronista, que no implica necesariamente que sea el protagonista del asunto. Es un yo que se traga al mundo, que lo explora. Esa perspectiva del autor, o punto de vista del autor, es desde donde se observan las acciones. De todos los géneros, la crónica tiene el sello personal del autor y por eso mismo encarna un sesgo inevitable. Por eso hay cronistas que se inventan cosas. Esa discusión hay que darla en los medios y sobre todo en las aulas, porque hoy hay mucha literatura con el vestido de periodismo. En estos tiempos en que estamos inmersos en una tecnósfera y continuamente bombardeados de información, arropados por tantas “fake news”, la noción de realidad ha cambiado y con ella la de verdad. Miremos cómo los medios vivieron el primer año de la pandemia, cada día corrigiendo la ola de mentiras divulgadas. Hoy, los médicos y especialistas tuvieron que convertirse en presentadores de televisión para darle verosimilitud a la ciencia.

En cuanto a las nuevas generaciones de periodistas, ¿qué recomendaciones les hace?

-Hablo con amigos ya muy curtidos en el oficio de la crónica y están pensando en dar el salto a la literatura. Otros están buscando otra cosa. Esto, sin contar con el lío que tienen hoy en día los medios, por los cambios de lo digital, que te exigen ser “multiempresario” y periodista “multitarea”. Como herramienta, es necesario escribir crónicas. Eso da el bagaje para afrontar temas con sensibilidad.

¿Es necesario tener un estilo propio para escribir crónicas?

-En este caso creo en lo que dice Miguel de Unamuno: “El éxito del estilo está en no tenerlo”.

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