Facetas


La hermandad poética entre México y Colombia

El escritor y periodista Juan Camilo Rincón cuenta los viajes, las aventuras y los infortunios de los mejores escritores de ambas naciones.

Por Juan Sebastián Lozano*

Especial para El Universal.

El periodista y escritor Juan Camilo Rincón escribió un libro sobre la relación literaria entre Colombia y México. En él cuenta detalles inéditos sobre la vida de García Márquez en el país hermano, entre otras anécdotas y opiniones que dan un panorama completo de la relación de ambos países. Entrevista con el autor. Le puede interesar: Jairo Osorio, escritor colombiano, lanza su novela La amante.

México y Colombia, además de tener un origen común, han estado unidos por el arte y la cultura. El país latino del norte nos invadió con su cine, la época de oro, en los años 40s y 50s, lo que hizo que muchos colombianos se identificaran con la cultura mexicana, que sus deseos y sueños fueran poblados por mariachis y la gran María Félix. Desde esos tiempos fue un país de acogida para escritores y artistas colombianos, también nuestro país fue un destino para autores de ese territorio, ávidos de nuevas experiencias. Desafortunadamente, también tenemos en común la violencia del narcotráfico.

Juan Camilo Rincón es un reconocido periodista y escritor bogotano, que investigó exhaustivamente la comunión entre los dos países en su libro Colombia y México: entre la sangre y la palabra, publicado por la editorial Palabra Libre. El libro ha sido elogiado por escritores de la talla de Juan Gabriel Vásquez y Ricardo Silva Romero, reseñado en los medios más importantes del país. En sus páginas se cuentan los viajes, las aventuras y los infortunios de los mejores escritores de ambas naciones. Se destacan el intercambio entre Alfonso Reyes y Germán Arciniegas; la vida accidentada del poeta Barba Jacob; Leo Matiz, el fotógrafo de las estrellas; la bohemia de Álvaro Mutis; el amor entre México y García Márquez; y el apoyo entre escritores actuales de literatura policiaca. Es un libro necesario para entender como ha funcionado la cultura en nuestras repúblicas.

¿Por qué tu interés en México, en la cultura mexicana y su relación con Colombia? ¿Qué significa para ti el país hermano?

Tengo recuerdos de México desde mi niñez. A mis papás les encantaban las películas de la Época de Oro del cine mexicano, y la música que las acompañaba: Javier Solís, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara. También, como tantos niños colombianos, pasé la mitad de mi infancia viendo los programas de humor y de entretenimiento que pasaban por los dos únicos canales que teníamos, y luego en mi adolescencia vinieron Café Tacuba, La Lupita, Caifanes, entre una larga lista. Sumado a todo eso está la literatura de Rulfo, Fuentes, Paz y Poniatowska, que fui descubriendo en su momento, como un regalo maravilloso. México siempre ha sido un referente cultural, social y literario para mí. Lo siento como un país tan parecido a nuestro desorden, nuestra locura y nuestra forma de ser y hacer las cosas. Pero además siento que es el hermano que nos recuerda que debemos valorar lo propio y, al mismo tiempo, fortalecer una identidad que puede dialogar con otras que nos enriquecen.

En tu libro lo dices, pero cuéntale a nuestros lectores por qué el Estado mexicano apoya más a los escritores y artistas que el colombiano. Esto ha hecho que algunos de nuestros mejores exponentes hayan hecho su obra en México.

En México siempre ha habido una política de recepción y acogida de los extranjeros. Es el caso de la Operación Inteligencia, un proyecto del presidente Lázaro Cárdenas y que lideró Daniel Cosío Villegas en los años treinta, con el que se abrieron las puertas del país a intelectuales y científicos españoles que huían de la Guerra civil. Con eso se promovió el intercambio cultural y académico mediante programas de cooperación, iniciativa que ya venían desarrollando, desde sus orillas, el grupo mexicano Contemporáneos y la Revista de Occidente, fundada por José Ortega y Gasset, por dar solo dos ejemplos.

La novela negra se ha desarrollado con mayor fuerza entre autores colombianos y mexicanos

Todo esto facilitó la divulgación de la producción literaria española en América, y viceversa. Igual sucedió con los europeos que huían de la Segunda Guerra, y así ha ocurrido durante décadas con creadores de todos los orígenes. Esa apertura se ha mantenido hasta el día de hoy, pues México ha comprendido desde siempre el valor de recibir en su suelo nuevas ideas, miradas y perspectivas.

¿A grandes rasgos qué tienen en común la literatura de ambos países?

Pienso que ambas son literaturas muy conscientes de sus orígenes y tienen la capacidad de explorar desde sus raíces para reflexionar sobre ellas y la manera en que estas determinan su identidad. Son, también, literaturas críticas de los colonialismos, el mestizaje, el poder, la corrupción política, entre otros muchos temas. Sin embargo, creo que México entró antes que Colombia a un diálogo universalista con otras voces, lo cual también enriqueció desde muy temprano no solo la literatura, sino otras expresiones culturales.

¿Cómo ves el intercambio literario entre México y Colombia en la actualidad, en cuanto a la circulación de libros, el conocimiento sobre los autores de otro país, etc.? Igualmente, entre Colombia y los otros países de Latinoamérica.

Coincido con varios autores a los que entrevisté para escribir este libro, en que hoy, por supuesto, gracias al internet y a las redes sociales es mucho más fácil acceder a lo que se está creando no solo en México, sino en toda la región. Los intercambios son más fáciles, constantes e instantáneos, y mucho más ricos. Ocurre también que la novela negra se ha desarrollado con mayor fuerza entre autores colombianos y mexicanos como Mario Mendoza, Nahum Montt, Paco Ignacio Taibo II y Élmer Mendoza, que han construido una especie de red del género, que se retroalimenta permanentemente. Sin embargo, es cierto que a veces funcionamos como islas que aún no conocen del todo lo que sucede en otros países, excepto por los grandes nombres. Por fortuna ese vacío lo están llenando las editoriales y las revistas independientes, que están publicando a autores poco reconocidos por los grandes sellos, pero que van ganando un terreno importante por la enorme calidad de su producción, como es el caso de Vanessa Londoño con El asedio animal, que sigue nutriendo esta conversación. Hay una literatura nueva muy poderosa que estamos conociendo gracias a eso, pero aún falta camino por recorrer.

¿Qué crees que hubiera sido de García Márquez si no lo hubieran acogido en México?

Es difícil aventurar una hipótesis y nunca sabremos qué habría pasado en realidad. Lo que sí es claro es que los campos cultural y literario mexicanos significaron para García Márquez la posibilidad de crecer, aprender y nutrir su proceso creativo. El apoyo que recibió de Álvaro Mutis y, con ello, su ingreso al círculo intelectual del que hacían parte Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Juan Rulfo, Luis Buñuel, Max Aub, Elena Garro, entre muchos, le permitieron crear la obra que lo consagró. Tal vez esos que él mismo llamaba “trabajos alimenticios” como colaborador en revistas del hogar y en programas de radio, y como guionista de películas, también le sirvieron como insumo para crecer como autor.

El escritor Mario Mendoza dice en una entrevista que le hiciste que la relación de algunos autores de allá, como Paco Ignacio Taibo II, con la clase obrera luchadora es más estrecha. ¿Por qué no es así en Colombia?

No sé si sea mucho más estrecha. Creo, tal vez, que acá ha sido menos visible y menos comercial. Hay autores como Arturo Alape, Alfredo Molano, Luis Vidales, Orlando Fals Borda, Jorge Zalamea, entre otros, que han hecho tangibles estas realidades.

¿Cómo hacemos para que la literatura llegue a más gente en Colombia, a las zonas más empobrecidas de las ciudades, a las zonas rurales más apartadas del centro?

Eso debe venir de una voluntad política que se traduzca en una política de Estado. Hay iniciativas muy poderosas como la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, el trabajo increíble de BibloRed en Bogotá, las ferias del libro regionales, e incluso gestos titánicos como el “Biblioburro”, la biblioteca itinerante de Luis Soriano que recorre los pueblos de la costa, o la de los promotores de lectura que abren clubes literarios en los barrios o talleres de escritura en las cárceles. Como esas debe haber muchísimas más, que es necesario que se sostengan en el tiempo y con mayores recursos, para garantizar un mayor acceso de todas las comunidades (no solamente las rurales) a los libros, pero, sobre todo, y principalmente, a la lectura y a todos los procesos que esta desencadena. Como colombianos tenemos una deuda con nosotros mismos respecto a la valorización y reivindicación de la literatura como posibilidad de aprendizaje y transformación. Aún le tenemos miedo a la “cultura”, porque la concebimos de una forma reducida, que consideramos exclusiva de las élites, y olvidamos que es una posibilidad que se nos ofrece a todos y todas. La oralidad, las narraciones populares, los cantos, los mitos, las ceremonias ancestrales también son una forma de literatura que encontramos en la vida cotidiana y que es tan valiosa como un libro de Joyce o de Cervantes.

Eres periodista y escribes en revistas de Internet. ¿En qué puede contribuir Internet a la literatura?, ¿cuál es tu experiencia al respecto?

Soy periodista de medios nacionales y extranjeros, y hago parte del equipo de Libros & Letras, que nació en 2004 y que se ha sostenido hasta hoy divulgando contenidos culturales, especialmente literarios, para Colombia y América Latina, de manera gratuita, en formatos impreso y digital. Para nosotros Internet es la gran herramienta que permite que todo circule, se transmita y se comunique a usuarios a los que no se podría alcanzar en otros formatos. A través de nuestras redes sociales, el portal web y el boletín de noticias culturales que llega semanalmente a los correos de nuestros seguidores, desarrollamos una labor de difusión literaria que alcanza a miles de personas en todo el mundo. Internet definitivamente contribuye al crecimiento de la literatura, de esta y muchas otras formas, bajo un criterio curatorial, por supuesto. Es decir, contenidos hay millones, y uno como lector es quien decide qué toma y qué desecha en ese universo infinito.

¿Estás trabajando en otro libro en la actualidad? Háblanos de tu proyecto o tus proyectos a futuro?

Llevo algunos años escribiendo un libro sobre los artistas, escritores y otros visitantes extranjeros que pasaron por Colombia y dejaron rastros valiosos en el país, o se llevaron algo de él y lo hicieron explícito en sus obras o en testimonios que expresan lo que para ellos y ellas resultó fascinante o aterrador. Ha sido un riguroso ejercicio de investigación que me ha revelado historias muy interesantes. Lo titulé Navegaciones y viajes fieros, y podría decir que es el cierre de una especie de tetralogía que empecé con Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia, Viaje al corazón de Cortázar, y continué con Colombia y México: entre la sangre y la palabra.

¿Vallenatos o rancheras?

Depende del trago que tenga en la mano. Los dos me mueven el corazón y me han hecho cantar a pulmón herido.

*Juan Sebastián Lozano. Escritor y periodista colombiano, ha escrito para distintos medios como Bacánika, Cartel Urbano, Contexto Media y Libros & Letras. Su libro de cuentos La vida sin dioses fue publicado en 2021 por Calixta Editores.

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