Facetas


La historia del niño wayuu que volvió a caminar

Carlos nunca había dormido en una cama, ni comido helado; estaba destinado a no volver a caminar. Cirujanos colombianos, chinos y americanos cambiaron su vida.

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

20 de septiembre de 2020 12:00 AM

Tras un incidente con gasolina, el niño wayuu Carlos, de 13 años, perdió la movilidad de su pierna izquierda; su situación económica, sumada a la dificultad de acceso desde los caseríos del norte de Colombia hacia cualquier centro médico, no le permitió el tratamiento que necesitaba, así que decidieron hacerle curaciones caseras. El resultado fue una rodilla deformada en un ángulo de 45 grados, tras lo cual no pudo volver a mover su pierna.

En una ranchería, limitado, sin ningún tipo de ayuda para su rehabilitación, estaba destinado a no volver a caminar jamás.

El doctor Germán Sánchez, anestesiólogo de la Clínica Colombia, tuvo la oportunidad de conocer al niño en una brigada de salud con la Fundación Sanitas en La Guajira, y el servicio de cirugía plástica de Colsanitas logró su traslado a Bogotá.

Fue en el Hospital Reina Sofía, donde conoció a una de las cirujanas que le cambió la vida.

“Carlos estaba absolutamente feliz porque nunca había dormido en una cama y cuando llegó lo alojamos a un hotel que queda cerca al Reina Sofía; nunca había tenido un baño con piso y ducha, nunca había tenido tres comidas en un día y nunca había comido helado”, recuerda la cirujana Marcela Sánchez. Ella es una de las expertas que devolvió fortaleza a las piernas del niño. Es graduada de la Universidad Javeriana de Bogotá y parte de su carrera fue en el Hospital de Addenbrookes, en Cambridge, Reino Unido, donde completó su título de médica cirujana. Hizo un año de servicio social con la Secretaría de Salud de Bogotá y la Red de Trasplantes.

En este procedimiento participaron los doctores Marcela Sánchez, Susana Correa y David Duque, de la Clínica Colsanitas en Bogotá; y cuatro cirujanos: los doctores Geoffrey Hallock y Yi Xin Zhang, de Estados Unidos; el doctor Dajiang Song, de origen chino; y Jaime Martínez, ortopedista de Colsanitas.

Para comunicarse con él y su abuela tuvieron que buscar a un traductor; afortunadamente una joven estudiante de Medicina hablaba wayuunaiki y de esa manera pudieron lograrlo. Los médicos, enfermeras y residentes que conocen al niño se encariñaron con él. La doctora Marcela Sánchez, en conversación con El Universal, da todos los detalles de este importante procedimiento para Carlos y para el país.

¿Por qué es tan importante esta colaboración médica para Colombia?

- Es importante que los eventos científicos se hagan de manera periódica y haya concurso de cirujanos de otros países, porque es una experiencia diferente. A la vez ellos nos muestran técnicas que nosotros solos no podemos aplicar. También es importante que cirujanos del mundo vean la calidad científica que hay en nuestro país; así podemos crecer mutuamente desde el punto de vista académico.

Así fue la cirugía

- La cirugía del niño Pausayú fue muy compleja porque él llevaba tres años con el antecedente de la quemadura, con una deformidad en flexión importante; no podía caminar, y tenía una brida (tejido fibroso) por quemadura supremamente severa. Esto lo tenía muy limitado.

La cirugía demoró ocho hora. Participaron cinco cirujanos: tres internacionales y dos locales. Aparte de todo el cuidado y trabajo que tuvimos que darle, es una cirugía muy compleja, se hicieron dos colgajos que se realizan con técnicas de super microcirugía, en las cuales las anastomosis (conexiones quirúrgicas) de los vasos tienen más o menos un milímetro, o menos micras, y la idea era darle flujo a los segmentos de pie, que se trasplantaron de un lado a otro. Es un procedimiento que no se hace de manera usual en Colombia.

¿Cómo fue su recuperación?

- Al niño lo operamos y lo tuvimos hospitalizado 15 días en el Hospital Reina Sofía, en Bogotá. En ese tiempo le iniciamos rehabilitación para la marcha, tuvimos que recuperarlo nutricionalmente porque estaba desnutrido, con proteínas bajas, y la verdad es que nos tocó hacer una labor importante. Desparasitarlo y hacerle el proceso de rehabilitación. Cuando nos aseguramos de que el niño estaba perfecto, lo regresamos a la ranchería con su abuela, la señora Juana.

En Colombia ¿cómo avanza el proceso de cirugías de alta complejidad?

- En la medida en que la microcirugía avanza y hay más disponibilidad técnica, este tipo de cirugías de alta complejidad cada vez van a ser más frecuentes y cada vez pueden hacerse de manera más rutinaria en este país. Tenemos un equipo entrenado y los microcirujanos están capacitados para hacer este tipo de procedimientos de altísima complejidad, pero cada vez se hace en más lugares del país gracias a los avances tecnológicos.

Como cirujana, ¿cuál es la mejor satisfacción?

- Realmente toda la labor que hicimos en conjunto para traer a un niño de una ranchería, que no tenía un seguro médico, y esta era la única opción en su vida. Si no hubiéramos hecho esta cirugía el pequeño nunca más hubiera vuelto a caminar y realmente, darle la oportunidad a un niño de muy escasos recursos de que pueda incorporarse a la vida normal, esa es una satisfacción muy grande. Es una felicidad poder ayudarlo a tener una vida mejor y todo lo que le devengue el destino.

El apoyo de cirujanos extranjeros para el procedimiento, ¿cómo se logró?

- El apoyo lo logramos obtener gracias a que la doctora Susana Correa y yo hicimos un curso muy grande, que no se había hecho en Suramérica, (El International Course on Perforator Flaps).

Hay un grupo de cirujanos perforantes en el mundo, a los cuales afortunadamente pertenecemos y quisimos hacer este curso en Colombia, trayendo a 22 cirujanos del mundo, para que todos sus pares colombianos y latinoamericanos pudieran hablar con ellos, ver sus técnicas, revisar sus cirugías.

Lo logramos con apoyo de Colsanitas. Había cirujanos de China, de Europa, y logramos hacer varias cirugías en una semana.

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Hoy Carlos puede correr. Sonríe mientras camina rápido a petición de su familia, para mostrar el éxito del proceso.

El adolescente cuya vida estaba supeditada a una cama, tiene la posibilidad de un mejor futuro, y les da infinitas gracias a sus ángeles de bata azul.