La máquina del tiempo del HUC

19 de noviembre de 2017 07:30 AM

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El hospital sobrevive.
El tiempo parece haber abandonado a su suerte al octavo piso del Hospital Universitario del Caribe, HUC. Está muerto. Nadie lo resucita. Paredes decoloradas, polvorientas, habitaciones solas y viejas camillas carcomidas en pasillos funestos. Quedó estancado en el año 2003. En otra década. Podría ser la escenografía de una película de horror. No lo es. Antes solía ser un área de hospitalización, hoy solo está vacío. Sin almas. “Este es el único ascensor habilitado para llegar a todos los pisos del hospital, incluyendo a aquellos que están cerrados”, comenta un ascensorista, a modo de guía. Deja entrever que conoce todo aquí, todos sus rincones y las historias más sonadas de los pacientes.

Igual al octavo, está el quinto piso. Sin vida, es un cadáver ya esquelético, cuyo cuerpo alguna vez albergó los quirófanos, las salas de cirugía donde los médicos se enfrentaban a la muerte. Más arriba, en esa mole gigante erigida en el barrio Zaragocilla de Cartagena, la historia es la misma. La vida tampoco ha renacido en el noveno y décimo nivel del HUC. Dicen que en aquellos pisos del hospital, pueden verse antiquísimas morgues de indumentarias. Hoy solo se nos permite echar un vistazo al octavo piso, en ocasiones tomado por algunos obreros como taller de reparaciones. Las puertas del ascensor se abren y entramos a otra época. Otra década. La del 2000.

Desangrado...
Corría el año 2003 cuando se agudizó una ya profunda crisis y se hizo inminente el cierre de todo el Hospital Universitario de Cartagena. No había solvencia económica, se debían más de $40 mil millones, los empleados reclamaban 18 meses de salarios. El HUC agonizaba, moría desangrado y entró en coma profundo. Lo liquidaron, las puertas se cerraron y volvieron a abrirse cuatro años más tarde, una inyección de adrenalina monetaria levantó al centro médico de su estado vegetativo.

Pero el dinero no alcanzó a recuperarlo todo. El quinto, octavo, noveno y décimo piso siguen clausurados. Parecen ser la evidencia de que el centro hospitalario sigue enfermo, con una herida abierta que no deja de supurar. “No hubo recursos en esa época para ponerlos a funcionar”, comenta el gerente, Fernando Enrique Trillo Figueroa. Y parece que ahora tampoco los hay.

Hoy, cada mes a la Unidad de Urgencias entran en promedio dos mil pacientes. Con o sin EPS, ya sea colombianos o venezolanos con o sin documentos, que se han visto mucho por estos días en la ciudad.

Además, atienden unas 270 consultas externas diarias y el porcentaje de hospitalizados es el 98 por ciento de ocupación. “Digamos que la parte médica está bien. Toca ir mejorando poco a poco el tema financiero. Ahí lo vamos haciendo”, cuenta el gerente.

En 2016, diez años después de su reapertura, el HUC entró en otra crisis. Las EPS le debían más de 70 mil millones de pesos, los empleados reclamaban más de cuatro meses de salarios y, hace un año, en noviembre, cuando el fantasma de un nuevo cierre se asomaba por las ventanas, el Gobierno lo intervino para salvarlo de otro estado de coma. Entonces se nombró a Trillo Figueroa como gerente interventor. “No hemos dejado liquidar el hospital, se ha mantenido la prestación del servicio. No ha habido huelgas ni paros, ni nada de eso. A la gente se le ha pagado sus salarios”, nos comenta.

Son alrededor de 700 trabajadores, entre médicos, especialistas enfermeros, administrativos y servicios generales. En los seis pisos que sí funcionan del hospital público más importante de Bolívar, hay solo diez camas para atender pacientes en cuidados intensivos, ocho para intermedios y 240 camas para hospitalización. Que, evidentemente, podrían incrementarse.

“Ahí están unos espacios que pudiéramos utilizar pero se requiere invertir. En 2015, a través de la Gobernación de Bolívar, se pasó un proyecto para ampliar el número de camas en diferentes unidades, por alrededor de los 45 mil millones de pesos. El proyecto incluía construir una torre anexa, que implicaba inversión del Gobierno. Ese proyecto se podría rescatar”, sostiene el gerente.

El proyecto preveía para el décimo piso una zona de bienestar para médicos, enfermeros y estudiantes. Y si funcionaran los pisos restantes se pasaría de 240 a 380 camas de hospitalización. Pero, si no se sale del embrollo económico, ¿cómo se podrían poner a funcionar más pisos, más camas, más servicios médicos en el HUC?

El gerente responde que hay posibilidades. Modelos de contratación de inversionistas o que las mismas EPS inviertan en infraestructura y arrienden los pisos vacíos para atender a sus pacientes. “Hay EPS que sí podrían hacerlo pero están esperando, digamos, a que se recupere el hospital. Una inversión del Gobierno es un poco más difícil, debido a que se está invirtiendo en otras cosas en Bolívar, más que todo en otros municipios donde requieren servicios de alta complejidad, como por ejemplo construir el hospital de Simití”, apunta.

La inauguración
El Universitario del Cartagena fue inaugurado en 1975. Construido en reemplazo del Hospital de Santa Clara, el nuevo centro médico de diez pisos atendería pacientes de toda la Costa Caribe. Hoy, más de 40 años después, cerca del 40 por ciento de su infraestructura física está paralizada. Si se le quiere ver así, aquel ascensor en el que hemos subido, podría parecer una máquina del tiempo en el que se puede viajar a aquella parte del HUC que permanece estancada en el año 2003.

Una parte del hospital sigue en coma profundo. La otra, sobrevive.

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