La misa empieza para Gardeazábal

23 de febrero de 2014 12:15 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

La calle es un circo.  El escritor brinda un vino  con los transeúntes. La música de viento invade el cielo de Cartagena de Indias. Hay tragafuegos y saltimbanquis y un enorme señor disfrazado de obispo en un taburete. Irreverencia iconoclasta, sátira y gran sentido del humor tiene el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal al presentar dentro y fuera de un restaurante su más reciente y aclamada novela “La misa ha terminado”, publicada por Ediciones Unaula y cuyas 217 páginas he leído en esta madrugada con voracidad antes que salga la luz del día. La ciudad es hija de las paradojas. En esta misma calle de Santo Domingo donde el escritor se toma la vía pasa al tiempo el cochero con su caballo agotado de tanto pasear a los turistas, cruza orondo como si nada hacia la derecha sin tropiezos un funcionario condenado por descalabro bursátil y a quien le dieron casa por cárcel y anda de juerga en las noches cartageneras. Pasa a la izquierda al tiempo el filósofo alemán Rüdinger Safranski con su mujer y yo le grito: ¡Adiós Safranski!, con la mano en el corazón por su conferencia sobre el origen del mal en Hay Festival.  En este instante dos jóvenes le piden a Gardeazábal  hacerse una foto con él. El escritor se ufana riéndose porque a sus 69 años tiene el privilegio de hacerse escuchar y sentir en todo el país, no solo a través de La Luciérnaga sino en todo lo que dice, escribe y piensa.  Al verlo así junto a esos jóvenes felices por estar cerca de esta celebridad, pienso en Truman Capote. Y en la gracia con que Gardeazábal asume su popularidad, burlándose de sí mismo.  Su novela “Cóndores no entierran todos los días”(1971) es uno de los clásicos narrativos sobre la violencia en el pais , que figura entre los mejores libros  escritos en el siglo XX en Colombia. Gardeazábal jamás ha usado máscaras.

Es desnudo, visceral, nunca ha negado su homosexualidad. Ha tenido valor civil para defender sus  decisiones y sus elecciones sexuales, su concepción librepensadora del mundo, su descreimiento  de Dios, y su criterio para protestar contra las desigualdades e injusticias sociales. Es un escritor que ha privilegiado siempre sus convicciones y su vocaciónde  libertad. Esta novela es uno de los retratos de la corrupción contemporánea de la iglesia en cualquier lugar del mundo y de la vida secreta y sórdida de sacerdotes pederastas y de los arribismos, alianzas y manipulaciones que sostienen ciertos representantes de Dios ante el poder político. Sin pretender menoscabar una institución con más de dos mil años de historia, el escritor desnuda a los seres humanos con sus caídas y abismos que representan esa institución.  La realidad por supuesto, supera cualquiera ficción.
La sorpresa tempranera es que al entrar a la Capilla del Hotel Santa Clara, el mismo Gardeazábal me ha reservado un puesto junto a él para iniciar esta entrevista.
 

¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de escribir esta novela sobre dos sacerdotes gays?
El tiempo ha sido lo más difícil. He escrito esta novela en los últimos tres años, robándole tiempo al tiempo. Estuve encerrado en Cartagena quince días para darle la puntada final. Esta novela rompe la estructura tradicional de las novelas colombianas. Tiene tres narradores simultáneos.
Hay un tono autobiográfico en esta novela...
Nunca fui abusado por ningún sacerdote ni jamás he tenido relaciones sexuales con sacerdotes. Si hay un personaje con quien me identifico es con El Demente en mi novela.
(Miro en la página 16 de su libro y subrayo: “Si hubiese hecho alguna vez en mi vida el amor con un cura, podría tildárseme que estoy escribiendo este libro para vengarme de la iglesia católica, apostólica y romana. No fui en mi infancia ni adolescencia víctima de los curas pederastas ni me dejé seducir en ninguna época por ellos. Nací en un hogar muy católico y religiuoso en donde me bautizaron rápidamente, me enseñaron las oraciones de la iglesia y me obligaron a ir a misa todos los domingos”)

¿Cómo fue la experiencia de escribir  cartas desde la mirada de un sacerdote dirigidas a usted  en la novela?
Contraté a dos sacerdotes y a  un teólogo durante dos  años para que semanalmente me escribiera cartas sobre los ángeles y su visión judeocristiana. Hasta que aprendí a hacer las cartas que requería la novela. Hay una carta que se repite porque el sacerdote espera la respuesta del escritorque no le responde. Estuve a punto de enamorarme del sacerdote que me escribía las cartas (riéndose).
Su retorno a la escritura de ficción qué nuevos placeres le ha deparado?
Los escritores en este país trabajan a destajo. Yo nunca tuve el compromiso de escribir novelas. Jamás he tenido contrato con las editoriales. No fui a París cuando había que ir. Pienso que los libros salen cuando tienen que salir. La aparición de mi novela ha generado críticas favorables y ya me están proponiendo que haga un libro: La misa de Gardeazábal, que solo contendría la parte filosófica y teológica de la novela.

Los perros de Dios
Le digo que su novela podría llamarse así: “Los perros de Dios”, porque los sacerdotes pedófilos de su obra dejan mal parado a la Iglesia y a la humanidad.  Toda la trama se intensifica en su horror cuando a uno de los sacredotes lo  asesina un muchacho al que el cura le transmitió el sida.
“El Concilio Vaticano II les quitó la sotana a los curas, los volteó a celebrar la misa, les arrebató el latín como lengua universal de los sacerdotes y, sobre todo, cambió la moral del pecado por la moral del dinero” (pág 25).
Alguien en el puesto delantero nos pide que nos callemos. Gardeazábal mira su celular y me enseña un mensaje de texto firmada por alguien que desconoce: “Es la novela más marica que he leído pero engancha de una”. Se ríe y me dice: “ya sabrás de la paciencia que hay que tener cuando llegues a mi  edad”.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS