Facetas


La música para ser mejor persona

HYLENNE GUZMÁN ANAYA

24 de diciembre de 2017 12:00 AM

Mucha gente no ve más allá de lo que representan las artes para un niño, ni la sensibilidad de un pequeño músico, un pintor, escultor, un escritor. Nacen con sentimientos a flor de piel, el talento se los dio Dios, y en la tierra, el apoyo de los padres hace que se desarrolle a plenitud.

Si a lo lejos se escucha una melodía dulce, con una sonoridad particular y un timbre casi perfecto quizá sea el clarinete de Armando Luis Franco, un adolescente de 15 años que es el único de su institución educativa y de su orquesta que toca este instrumento.

Si se escuchan retumbar con fuerza unos platillos, unos tambores y un bombo quizá sea la batería de Edson Reinel Torres, que cada vez que toca la percusión tiene una sonrisa y una energía incalculable.

Y si entre esos dos sonidos un ritmo especial llega a los oídos desde un instrumento cónico y delgado que resalta entre muchos, será el saxofón de Kelly Goez Aconcha, quien se ha encariñado tanto con él que ya no lo suelta por nada.

Los tres se unieron en el concierto de cierre del programa musical ¡Uy, qué nota!, liderado por la Fundación Mamonal. De pocos años y de grandes sueños, estos tres músicos tienen mucho más por contar que solo notas musicales: un mundo de valores adquiridos para demostrar en sus comunidades.

Entre el respeto y el compromiso.
Armando estudia en la Institución Educativa Corazón de María, en San Francisco, donde una de sus profesoras aseguró que no es fácil la educación por la falta de compromiso de los padres de familia pero los estudiantes como él han marcado la diferencia. A este adolescente se le nota, pues antes de mencionar todo lo que sabe del clarinete dice: “he aprendido la sociabilidad con compañeros, esto es lo que me ha impulsado el proyecto, me ha inculcado y fortalecido valores como el respeto y la tolerancia. Los saberes del clarinete van por cuenta de nosotros y del proyecto”. 

Es que si ellos se esfuerzan, sus padres también lo hacen y generan un cambio en toda la comunidad. 

“El compromiso de los padres no es el que esperamos a veces,  los padres de quienes entran cambian su rutina porque se comprometen con sus hijos. Están pendientes de lo que realizan y se destacan dentro de su comunidad”, destaca la profesora de Ciencias Sociales y líder de calidad Ana Milena Ortiz, de San Francisco. 
¿Por qué el clarinete?, Armando, que ya lleva tres años tocando este instrumento responde muy seguro “me gustan las cosas complicadas”, pues asegura que muchas personas mencionan que es difícil de aprender.
“Su técnica es complicada para aprenderla en un corto tiempo, pero tiene su estudio y su tiempo. Me gustaría que más personas escogieran el clarinete como instrumento musical”, señala el adolescente, quien además asegura que el color del sonido es más dulce que el de la flauta y tiene un registro más amplio para crear más sonoridad. 

El amor por algo
Escuchar de cerca la canción Historia de amor tocada por una amiga con un saxofón alto fue el momento clave para que Kelly se enamorara de este instrumento hace dos años. “Este es el instrumento que yo quiero, es el que me gusta y aquí estoy”, dice con gracia esta niña de 13 años que cursará noveno grado en la Institución Educativa Técnica de Pasacaballos.

Cualquiera se imaginaría que estos niños que tienen el talento en su sangre no sienten temor, pero Kelly hace cuatro meses se ‘soltó’ por completo en un escenario. “Al principio me ponía muy nerviosa, era una tabla viviente, recta, que no quería bailar ni nada”, recuerda riéndose porque ahora cada vez que se sube a un escenario se la goza. 

Incluso, Armando cuenta que es una mezcla de sentimientos pues no sabe si es miedo por equivocarse o preocupación de que no salgan las cosas bien. “A veces uno casi ni toca”, enfatiza, mientras arma su clarinete para interpretar una canción. 

Finaliza una etapa,
comienza otra

Edson es el que tiene más años con el proyecto, son casi seis años en los que se apasionó por la percusión pero mucho más por la batería. El otro semestre iniciará sus estudios en Contaduría Pública en la Universidad de Cartagena, luego de graduarse el pasado fin de semana, sin embargo continuará en la música y ligado al proyecto en la orquesta de egresados así como dando clases a niños que recién ingresan.

“Voy a alternar las clases de la universidad con los ensayos. Veré cómo haré, pero si me necesita el profe ahí estaré”, comenta emocionado este joven de 17 años, quien toca la tambora, la conga y la batería dependiendo del estilo que pongan en la orquesta.

¡El inolvidable!
Sin que estuvieran juntos o compartieran las ideas, los tres coincidieron en que una de sus mejores presentaciones la hicieron el año pasado en Getsemaní, pues el público los recibió alegremente y los despidió con un fuerte aplauso.

“Compartimos escenario con Koffee el Cafetero y el público se alborotó cuando tocamos champeta. Me gustó mucho”, resalta Edson. “Nos trataron como verdaderos artistas, que somos. Nos peinaron, nos maquillaron, los profesores estaban allí y la gente nos aplaudía. Fue una experiencia chévere”, precisa Kelly.
Y Armando describe que en ese concierto sobresalía porque lo ubicaron más adelante en la tarima, además que no había visto tanto público antes.

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