La noche que un ‘coloso’ colapsó

14 de junio de 2020 10:19 AM

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Más de 200 toneladas de concreto esa noche se fueron al suelo y a las aguas de la Laguna San Lázaro. El reloj marcó las 00:05 horas del 20 de junio de 1995, al tiempo un estruendo sonó en los alrededores. “Pegué un salto y miré que el puente se había caído”, narró esa vez Ever Tobías, dormía muy cerca de aquella mole, una de las obras más modernas de la Cartagena contemporánea se convertía en noticia nacional al transformarse en un fiasco. Ever, supuestamente, vio aparecer rajas en el concreto en los días previos, algo que desencadenaría el final desastroso. Era todo un escándalo, sin precedentes quizá. Las ménsulas de soporte de la placa principal del puente colapsaron simultáneamente, estas cayeron destrozándose con las instalaciones hidráulicas, eléctricas y telefónicas que pasaban por ductos ubicados lateralmente. Con la caída del puente no solo colapsaba un montón de concreto y de hierros, también se ponía en evidencia algo que era un secreto a voces en toda la ciudad. Desde sus comienzos la construcción del puente tuvo acérrimos opositores, llegaría a suplir el antiguo Puente Heredia, con una estructura colonial subyacente de primer orden, según los historiares locales (el revellín de la Media Luna), que aún, pese a sus tantísimos años, se mantiene firme. Muchos consideraban innecesaria la nueva obra, aun así se empezó, tras uno que otro tropiezo y opositores como el Consejo Nacional de Monumentos. El hecho de quitarle visibilidad a las murallas, en Getsemaní, y al Castillo San Felipe, además de los excesivos costos y sobrecostos para construirlo (más de 2.000 millones de pesos) siempre trajo rechazos. Pero sus defensores en la entonces administración del alcalde Gabriel García Romero argumentaban que el nuevo puente serviría para solucionar los problemas de movilidad y para dar navegabilidad al cuerpo de agua. Así pues se firmó el contrato 10 de 1993 para construirlo con la firma Civicon S. A. Más temprano que tarde los continuos incumplimientos empezaron alimentar los ánimos de los críticos, que veían con malos ojos los atrasos en las obras. Tanto así que, ya en marcha y a punto de concluir, el contrato para su construcción fue suspendido por parte de Edurbe, ante los repetidos incumplimientos de Civicon S.A. Por las dificultades de ese constructor para terminar la obra, la empresa aseguradora contrató a otro consorcio, Movicon, que retomó los trabajos y los concluyó. La estética y las juntas de la estructura no terminaban de convencer a los cartageneros y el puente siempre estuvo en el ojo del huracán. Seis meses después de su pomposa inauguración tuvo un estrepitoso desplome.

Cambios de diseños

Un primer diseño proponía que el puente partiera de la Avenida Luis Carlos López y atravesara, tangencialmente, por arriba al viejo puente sin tocarlo, terminando en la marginal de San Lázaro, pero esta idea fue desechada. Esto dio paso a un nuevo diseño que tenía el mismo trayecto actual pero “era con el sistema de viga continua, como el que está en el puente del barrio Crespo. Ese diseño lo hicimos: Angelo Fegali, Pedro Ibarra, Jaime Maestre, Marta Zúñiga y yo, eran vigas continuas que se soportaban en los pilares, sin secciones, pero este no fue el que se hizo finalmente”, recuerda el arquitecto restaurador Fidias Álvarez. Este diseño fue modificado por Edurbe, pese a la oposición de sus creadores y a múltiples críticas. El cambio consistió en reemplazar el sistema de viga continua y dividir el puente en siete sectores, algo también viable, pero que fracasó porque las ménsulas de soporte de la loza central no estuvieron bien construidas. “Quince días antes de que se cayera, yo hice una visita, el ingeniero de la firma Movicon me dijo: ‘Este puente se va a caer, te recomiendo que no pases por aquí’, yo no le creía. Casualmente el día que se cayó el puente yo había pasado dos horas antes por ahí. Al día siguiente cuando veo es la noticia en periódico”, añade Fidias.

“Es el nuevo, el recién hecho”

Fue una llamada de su secretario de Gobierno, Nicolás Pareja, la que esa noche sacó de la cama al entonces nuevo alcalde Guillermo Paniza, que, con apenas unos meses en el cargo y sin haber tenido que ver en la construcción, debió enfrentar la caída del puente. En principio, reseña un artículo del periodista Vicente Arcieri, el alcalde pensó en el viejo puente cuando le dieron la noticia del colapso. Pero de inmediato el secretario de Gobierno le hizo entrar en razón: “No, alcalde, no es el viejo puente, es el nuevo, el recién hecho”. “Le di gracias a Dios de haberme ayudado a sostenerme firme en mi decisión de no tumbar el viejo puente a pesar de que recibí presiones de algunos sectores para tumbarlo”, refirió Paniza entonces, quien se trasladó al sitio. “Nos tocó esa misma noche reabrir el puente viejo que habíamos cerrado con columnas de concreto, para poder habilitar el paso vehícular, estuvimos toda la noche ahí, demoliendo esas cerrar el puente caído de inmediato para evitar un accidente. Sin embargo dos motociclistas evadieron la señales y se fueron al vacío.

Al día siguiente una romería de curiosos se posó sobre los costados de la estructura colapsada, las críticas arreciaron mucho más sobre columnas, a las 6 de la mañana ya estaba abierto, así que la movilidad no sufrió mayor traumatismo”, recuerda Pareja. La orden fue el exalcalde Gabriel García Romero, a quien la ciudadanía culpaba de no haber vigilado las obras para evitar lo que sucedió y quien de inmediato salió a declararse inocente. Así mismo el consorcio Ingetec, interventor de la obra, se defendió asegurando que la caída del puente obedeció “error” humano. Y Movicon hizo lo propio, afirmó que cuando llegó a la obra la estructura estaba construida y ellos solo edificaron algunos faltantes como los accesos peatonales, por tanto no tenían responsabilidad en el desplome. Paniza calificó lo sucedido no como un error humano si no como un “horror” de grandes proporciones, ante el que, dijo, debían pagar los responsables. Las investigaciones determinaron que el alma de hierro de las vigas de soporte no fue armada como indicaban los planos y esto produjo el colapso de la placa principal, una estructura prefabricada. El Tribunal Superior de Bucaramanga, a donde fue trasladado el proceso judical por la caída del puente, en un fallo de 1997, precluyó el proceso contra directivos de Edurbe y de la compañía interventora, aduciendo que el desplome no tuvo responsables. “El puente se cayó solo”, decía entonces la ciudadanía. Tuvieron que pasar 19 años para que el Consejo de Estado hallara responsable al Distrito de Cartagena por el accidente de David Mercado Arrieta y Édgar Alvarado Vergel, los dos hombres desprevenidos que cayeron al vacío en una motocicleta minutos después de que colapsara parte del puente, sufriendo lesiones en sus cuerpos. Este 20 de junio se cumplen 25 años de aquel suceso que conmocionó a Cartagena. Hoy, si bien el nuevo puente ha servido para descongestionar el tráfico, es el viejo, con su bases sólidas de fortificación colonial, el que lleva casi toda la carga de miles de vehículos que lo transitan a diario.

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