La plaza que añoran los getsemanicenses

07 de febrero de 2016 12:00 AM

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“La Plaza de La Trinidad era el patio común de nosotros los getsemanicenses. Los muchachos venían a jugar acá. Vecinos y amigos veníamos a hablar, a compartir, de día y de noche. Eso se perdió”.

Jesús Taborda habla con bastante propiedad: es dueño de una galería que queda al lado de la iglesia de la Santísima Trinidad y su familia vive en el barrio hace 128 años.

Allí, en una casa colonial, vivieron su abuela, su madre, él y sus hermanos. Recuerda con nostalgia a muchos de los vecinos que se han ido, las vivencias, las tradiciones, las costumbres, y mira con decepción en lo que se ha convertido ese sitio tan importante para su comunidad.

“En el día todavía podemos aprovechar la plaza, pero a partir de las 5:30 de la tarde es imposible. Llegan muchas personas, arman sus grupos y se ponen a tomar (licor) en el atrio de la iglesia. Si los niños se ponen a jugar los regañan”, manifiesta.

Mientras expone la situación de Getsemaní, recuerda: “Una noche a la 'Nena' Miranda y a Judith Venecia, a quienes conocían junto a otras dos señoras que fallecieron como 'Las Juanas', las pararon de una banca en la que se sentaban diariamente. Increíble”.

Lo que comenzó como un nuevo ambiente, lleno de experiencias enriquecedoras e intercambio cultural entre raizales y viajeros, y ese sitio "cool" de Cartagena que fue destacado por la Revista Forbes en julio de 2014, ya genera inconformismo entre los getsemanicenses, quienes no se oponen a que los visitantes aprovechen este lugar, pero sí exigen cordura, moderación y respeto.

“Getsemaní es un punto estratégico para el desarrollo turístico y cuando se visiona el barrio con esa potencialidad comienza a acelerarse el proceso de 'gentrificación', empiezan a salir los raizales y entran personas con mayor patrimonio económico... No hay que negar que a Getsemaní lo miran como sitio para la droga y la prostitución, y muchos turistas encuentran en él el sitio agradable... porque tenemos que ser conscientes que sí existen sitios donde se expende droga y la Plaza de La Trinidad está convertida en una zona de tolerancia”, agregó Florencio Ferrer, otro raizal de 60 años, vicepresidente de la asociación de vecinos del histórico barrio. (Lea más sobre el proceso de gentrificación en Getsemaní)

Uno de los problemas que afronta Getsemaní es el mal uso que se le da a la plaza, un lugar muy especial sobre todo para los raizales. El consumo de alcohol, sustancias alucinógenas y prácticas sexuales al aire libre, el irrespeto a los vecinos, motivaron una protesta hace dos semanas. (Ver video)

“Cuando cierran los negocios de la Media Luna y de El Arsenal se vienen a hacer todo lo ilícito acá: consumen droga, la distribuyen, practican actos obscenos e ingieren licor. Tienen la plaza como una cantina pública”, agrega Ferrer.

Taborda, por su parte, recuerda: “Hace más o menos cuatro años empezó todo. Al principio fue chévere. La gente venía y se comportaba, pero luego todo se salió de control. Fueron creciendo las ventas, los negocios y ya los vecinos no podíamos disfrutar de la plaza”.

Los argumentos de la comunidad, no alejados de la realidad, llevaron a la Administración Distrital a expedir un decreto, que empezó a regir desde el 1 de febrero, que prohíbe el expendio y consumo de licores en las vías y espacios públicos de Getsemaní durante tres meses. (Lea: Prohíben consumo de alcohol por tres meses en la Plaza de La Trinidad)

En el Concejo de Cartagena, los cabildantes propusieron una audiencia pública para abordar el comportamiento y uso que turistas y visitantes le dan de la Plaza de La Trinidad, sumado al consumo de alcohol y sustancias psicoactivas.

“La medida es temporal. Esperamos que las autoridades no bajen la guardia y que no sea cuestión del momento o mientras la prensa está atenta. Si bien ha mejorado el panorama, algunos siguen consumiendo sus cervezas en la plaza y las calles aledañas”, dice Taborda.

Rafael Torres también recuerda con añoranza -mientras su rostro expresa felicidad y al tiempo melacolía- los años en los que sus vecinos se reunían, jugaban, se pasaban las comidas y se comunicaban a través de los pasajes.

“Quedan pocas familias. Se pueden contar. Y esas están luchando por mantenerse aquí en el barrio. Aquí antes se jugaba la 'tablita', la lotería, el trompo, dominó... En diciembre de 2015 nos sentíamos atrapados. Yo, particularmente, me sentía así, porque a mí me gusta caminar por la plaza, por mi barrio”.

Según Ferrer, en Getsemaní, de 7.500 habitantes (990 familias), de acuerdo con el último censo de 2005; ahora quedan 1.820 habitantes (260 familias). Él estudia la situación de su barrio y trabaja un libro junto a jóvenes vecinos.

“A los nacionales y extranjeros los esperamos con los brazos abiertos, pero dentro del marco del buen comportamiento, de la cultura ciudadana y del respeto. No podemos estar en contra de la realidad. Getsemaní sí se puede desarrollar como un polo turístico pero con una política incluyente, donde los raizales seamos los protagonistas de ese desarrollo”.

Los habitantes de este antiguo, majestuoso y bohemio rincón de Cartagena tienen claro que no quieren una plaza llena de mesas y sillas, de comercio informal, ni un sitio de consumo de bebidas alcohólicas o de sustancias alucinógenas, quieren una plaza para todos y con todos, con un ambiente sano, de paz y donde permanezcan las tradiciones y el patrimonio humano, que es su gente.

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