La salsa de Cali, en su punto

06 de octubre de 2019 01:35 PM

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La salsa en su punto.

“Ve y vos, ¿de dónde venís?, me preguntan al llegar. “Se nota que no eres de estos lados”, escucho de la voz de un hombre y, por su atuendo, distingo que integra la logística del Festival Mundial de Salsa. Él parece descansar de un día arduo de labores y yo me dispongo a andar liviana con los zapatos bien puestos, para recibir la primera descarga de salsa caleña. Poco antes quise disfrutar algo de la brisa fría que arropaba la noche en la Sucursal del Cielo.

Una pequeña banca de cemento hizo que coincidiéramos, como puedo termino un mango biche que recién había comprado y respondo con timidez y entusiasmo: “Vengo de Cartagena y es mi primera vez aquí”. Asombrado de conocer mi ciudad de procedencia, me interrumpe: “Pero vos tenés mucha suerte porque viniste al mejor de los eventos. Hoy es el día más esperado porque toca Niche y gratis, eso ¿cuándo lo vas a ver aquí?”, sonríe y soy consciente de que me espera una gran jornada, de la que seguramente terminaré con los pies cansados, por fortuna tengo la ropa y, como dije, los zapatos perfectos para disfrutar mi debut.

Desde las afueras del coliseo El Pueblo, un gigantesco epicentro del Festival, puedo sentir la gran energía que rodea a este evento, que se extiende a lo largo de cuatro días. Ventas ambulantes de churros, de mazorca, asados, de mango y chontaduro asedian la entrada, centenares de personas llegan para apoyar a los talentosos bailarines y, por supuesto, a corearse ‘Cali Pachanguero’ en la voz del mismo Grupo Niche.

El Festival Mundial de Salsa celebra desde ya, en este 2019, los 40 años de carrera artística de la recordada agrupación y entre los locales la expectativa de verlos en escena es inmensa. Es que Niche, es Niche. “Menos mal que yo estoy aquí desde la prueba de sonido y ahí los cogí solitos. ¡Mire, mire mi foto!”, exclama con orgullo el curioso compañero de banca mientras me muestra desde su celular la imagen que logró tomarse junto a los integrantes de Niche.

Mientras afuera el público espera ansioso a la agrupación insignia de la salsa, esa que tantas veces ha puesto en nombre de Colombia bien en alto, adentro, en el camerino, el ambiente no es distinto, también hay emoción. Entre los vocalistas es evidente la ansiedad por salir al escenario y poner a vibrar a los miles de corazones que los esperan, minutos antes de empezar el show, tratan de ocultar esa ansiedad echando chistes entre ellos, calentando motores. “Por su legado musical de Colombia para el mundo y de los latinos para el mundo, para nosotros representa un gran honor hacer parte de esta institución que está en un momento clave de su historia. Un punto en el que estamos cumpliendo 40 años y la salsa en el mundo se está soportando por la petición del pueblo. Estamos felices de representar a Colombia y a los latinos”, me dice con determinación Yuri Toro, uno de los vocalistas de Niche, que al rato dejaría a más de uno boquiabierto por su gran interpretación. Me incluyo.

¡A la altura de los grandes escenarios!

El Festival Mundial de Salsa, versión 14, tuvo como lema ‘A golpe de los 80’. Era un tributo a la época dorada de la música en Cali que la convirtió en la capital mundial de la salsa. Aquí los protagonistas son los niños, jóvenes y adultos con sus veloces movimientos, que este año me ratificaron a mí y a miles de espectadores por qué la Sucursal del Cielo tiene bien merecido su título.

Una a una fueron pasando al gran escenario las agrupaciones que competían en las diferentes categorías: Salsa al estilo caleño, Cabaret, Salsa en línea, y a pocos metros estaba yo mirando atónita las impecables presentaciones. En mi mente solo podía pensar en la difícil tarea que tenían los jurados, pues fueron más de 4 mil bailarines los que dejaron su alma en tarima. Los ánimos dentro del coliseo El Pueblo no podían estar mejor, caleños y turistas de todas las partes de Colombia y de países como Rusia, México, Ecuador, Perú, entre otros, no dudaban en ponerse a los pies de los bailarines que con sus pasos ponían a prueba hasta a Newton con sus leyes de la gravedad. Saltos al aire, cargadas, miles de vueltas y qué tremenda sincronía eran parte de las extenuantes coreografías.

Gritos de alegría y aplausos eran la mejor retribución de todos los que atentos observábamos cada una de las puestas en escena. Nuestros ojos se iluminaban con el destello de los miles de cristales y lentejuelas que vistieron con sus llamativos atuendos que complementaban perfectamente con los pasos de sus rutinas.

Del otro lado, a escasos pasos estaba ubicada la ‘Ciudadela de la salsa’. El panorama era menos más exigente en cuanto al baile y mucho más común para una cartagenera. En una especie de carpa, donde habían todo tipo de stands hasta para enseñarnos a tocar los instrumentos más típicos de la salsa como las congas, el timbal y otros, se realizaba a la par ‘Salsa al parque’ que para esta noche tenía programado un encuentro de melómanos y coleccionistas. “No tengas miedo. Aquí en Cali hay bailarines y bailadores. Yo soy bailador”, me explicaba un valiente parejo caleño que me retó a moverme al ritmo de salsa. No pude negarme, eso sí, no le oculté mi ‘temor’ de bailar en una gran pista en la que centenares de parejas zapateaban con canciones que los coleccionistas previamente presentaban y narrando una pequeña parte de su historia. “La salsa en Cartagena se baila un poquito más suave que acá”, era mi argumento pero en menos de lo que creo ‘le cojo’ el ritmo y me contagio de la alegría y del sabor de Cali.

La Sucursal del Cielo tiene clara su responsabilidad con el país y con la música: preservar la salsa y toda la cultura que la rodea, y con este tipo de eventos reafirma que su compromiso se extenderá por el mundo y por decenas de generaciones más.

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