La vida antes del Mercado de Bazurto

10 de febrero de 2019 12:35 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

“Basurto con s y no con z, como lo escriben ahora en Cartagena, es un apellido vasco, originario del barrio Albia, junto a Bilbao. El sujeto de aquel apellido debió poseer algo -alguna huerta, una estanzuela- al borde de este caño y, de ahí el nombre”, se explica en el Nomenclátor Cartagenero (de Donaldo Bossa Herazo), sobre el posible origen del nombre del caño que bordea la Avenida del Lago, nombre con el que bautizaron el concurrido mercado público de la ciudad.

Bazurto también se llamaba la draga que rellenó los terrenos donde hoy está dicho mercado y las calles de Martínez Martelo, dice una reseña de este barrio. “Todo ese lote iba desde Barrio Chino hasta donde está hoy el Puente de Bazurto (que conduce a Manga). Pertenecía a las Empresas Públicas Municipales, todo eso era un terreno pantanoso, de manglares y agua, que fue rellenado con el dragado del caño Bazurto (hoy ciénaga de Las Quintas)”, explica Fernando Fernández, nacido y criado en Martínez Martelo. “La primera etapa de este barrio -que va de la calle 37 a la 33- se inauguró en 1951 y se llamó Bazurto por la draga con la que todo ese terreno fue rellenado de caracolejos. En 1953 se inauguró la segunda etapa, fue cuando verdaderamente el barrio comenzó a llamarse como el alcalde del momento, Vicente Martínez Martelo”, dice Fernández.

La vida de un barrio

Martínez Martelo fue uno de los primeros barrios construidos por el Instituto de Crédito Territorial. Las casas se sortearon entre interesados que cumplieran los requisitos: ser mayores de 50 años, tener un matrimonio católico, al menos ocho hijos y tres cartas de recomendación de familias adineradas. El barrio no pasaba por alto las celebraciones religiosas, en especial las novenas navideñas, y existía una fraternidad alrededor de ellas. Los más veteranos recuerdan a Pedro Ovidio Osorio, quien presidió la primera Junta de Acción Comunal. Él construyó la primera capilla dentro de su casa, en la transversal 27, y ahí se congregaba todo el barrio a recibir la misa dominical, dictada por sacerdotes de la Arquidiócesis. Todavía se conserva en la terraza una estatua de la Virgen de Fátima, de la que él era devoto.

Un misionero, el sacerdote estadounidense Robert Whisite, recaudó fondos para construir la parroquia de Martínez Martelo. Hubo, inclusive, una polémica entre quienes preferían tener un estadio y quienes optaban por la iglesia. Finalmente, en 1972, el sacerdote vio su sueño realizado, la parroquia San Luis Beltrán. La alegría que produjo al barrio por la edificación religiosa contrastó años después con la tristeza por su inesperada partida. Un día cualquiera, despertaron con una terrible noticia. En los archivos de la iglesia está escrita: “El 30 de octubre, un carpintero que arreglaba una ventana vio al padre tendido en el piso de su habitación. Avisó de inmediato, pero ya era demasiado tarde, según el dictamen médico, el padre había muerto como consecuencia de un infarto cardíaco”. Hoy la parroquia es solo un recuerdo hecho trizas en el viento y en el piso, de donde no ha podido ser levantada desde mayo de 2017, cuando se derrumbó.

En sus tiempos mozos, Martínez Martelo congregaba a personas de todos los estratos, “era un epicentro, llegaban habitantes de otros barrios cercanos, como Bruselas, El Bosque, y Alto Bosque. También se decía que era el centro de la ciudad, geográficamente hablando. Se practicaba mucho deporte, competencias, campeonatos de béisbol y de fútbol. Se vivía en mucha unidad barrial”, comenta Fernando Fernández.

“El caño anexo (ciénaga de Las Quintas) era piscina de vecinos y foráneos, además de lago de pesca artesanal y cosechero natural de ostiones y mejillones, igual que romántico o deportivo escenario de paseos náuticos de esa primera generación barrial”, se lee en la reseña. El barrio colindaba con el naciente El Bosque y, en sus primeros años, con los terrenos que alguna vez se conocieron como el Playón de Gávalo, donde se construyó el edificio del Mercado de Bazurto. “Antes ahí quedaba el colegio Hijos del Chofer”, añade Fernández.

La llegada del mercado

El caos y el desorden del antiguo Mercado de Getsemaní “había comenzado a suscitar protestas, entre las que se destacaban las columnas periodísticas en El Universal que firmaba Gustavo Lemaitre Román como Panoptes, al que le hacía eco don José Vicente Mogollón, el gestor y dueño de Mogollón & Cia”, escribió José Henrique Rizo Pombo en su libro ‘Historia del Centro de Convenciones de Cartagena’.

Los infinitos problemas que generaba el Mercado de Getsemaní llevaron a las élites a pensar su traslado y a buscar opciones. Una de ellas fue el lugar donde habían funcionado los talleres del ferrocarril a Calamar, en el barrio de El Espinal. Pero esta alternativa generó un gran debate.

‘Panoptes’, en su columna ‘Mirando por la Rendija’ del 29 de septiembre de 1962, mostró “con un mapa general de Cartagena y un círculo que abarcaba toda el área urbana, cuyo centro era el sitio de Bazurto, para indicar que ese debía ser el sitio para un nuevo mercado porque confluían las vías desde todos los sitios de la ciudad”, se lee en el mismo libro.

“Gustavo Lemaitre Román fue nombrado alcalde de Cartagena en 1967. Con el invaluable apoyo de Alberto Araújo Merlano, a quien nombró en la gerencia de las Empresas Públicas Municipales de Cartagena, Lemaitre inició de inmediato los preparativos para sacar el mercado de Getsemaní”, reseña la publicación.

Como sucede ahora en Cartagena, en aquel tiempo la idea del traslado del mercado era considerado una utopía y tardó varios años en concretarse. “Las obras fueron administradas y dirigidas por el ingeniero Alfonso Martínez Emiliani, hasta concluir el proyecto original del edificio, que fue entregado en julio de 1975. Faltaba el amueblamiento interior, que se completó para 1976, así como la pavimentación de las vías de acceso y de los parqueaderos, aún pendientes de la adquisición de algunos predios aledaños”, se narra. Finalmente, fue bajo el mandato del alcalde José Henrique Rizo Pombo que se trasladó el mercado. Este abrió sus puertas el 22 de enero de 1978, hace 41 años, y fue bautizado con el nombre de Bazurto. Se dice que mientras Getsemaní comenzó a oxigenarse y renovarse, el mercado no solo llevó comercio a su nueva morada, también todos los problemas que producía en El Arsenal, y que persisten en la plaza de comercio más grande de Cartagena.

Aunque en Martínez Martelo y sus alrededores hubo quienes pensaron en el progreso con Bazurto, más temprano que tarde empezaron los disgustos. “Esto se evidenció desde el principio, porque al poco tiempo los dueños de las casas colindantes con el mercado comenzaron a venderlas”, afirman habitantes del barrio.

Martínez Martelo debió cambiar dinámicas con el nuevo mercado y adaptarse a la alta contaminación e inseguridad que les trajo hace cuatro décadas. Solo esperan que se cumpla, de una vez por todas, el fallo judicial de un juez que ordenó hace ocho años trasladar al mercado hacia otra zona de Cartagena.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS