La vida de Eduardo Bossa es una guitarra

07 de julio de 2019 12:00 AM

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Hasta hace unos cuatro años, Eduardo Bossa Vergara se desenvolvía como ingeniero químico en la zona industrial. Alternó su carrera con la música o por lo menos eso siempre quiso, en especial con una pasión desmesurada y profundamente sensible por la guitarra. Tan arraigada en él, quizá por tener una familia amante de las notas y los ritmos, estudió guitarra clásica en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena y también en Holanda. Pero “eventualmente eso - la guitarra- lo fui dejando a un lado, yo también soy ingeniero, me enfoqué en mi carrera”, recuerda hoy, frente a nosotros, en el pequeño pero gran taller del barrio Manga a donde la vida lo ha llevado a sus 43 años. Eduardo es cartagenero y puede decirse que inversamente a como sucedió hace muchos años, desde 2015 ha ido dejando la ingeniería química a un lado para sumergirse profunda y fecundamente en una ‘obsesi-pasión’: la guitarra.

El taller de Eduardo está cerca al mar, en el Caribe, en Cartagena, una ciudad donde prácticamente no hay una industria que se dedique a fabricar guitarras. Es una casa que adecuó instalando sierras eléctricas, cortadoras y bombas aspiradoras que absorben las partículas aserradas. Hay también una habitación climatizada, con la humedad controlada para proteger al Palo Santo de la India, al Pino Abeto Alemán, al Cedro Rojo norteamericano, al Caobo y diversos tipos de madera fina importada. Con ellas construye ese instrumento que tanto significa para él en versiones únicas, de concierto y de recital, que salen de Cartagena para el mundo y cuyas notas comienzan a sonar como eco de un sueño que empezó a ser real.

¿Pero y cómo cambió de la ingeniería a la luthería? ¿Cómo comenzó a construir guitarras? Eduardo responde emocionado que hace cinco años conoció al maestro Alberto Paredes, un personaje importante en el mundo de la luthería en Colombia. Paredes es, entre muchas otras cosas, famoso por convertir una escopeta en guitarra: la ‘escopetarra’ y accedió a que Eduardo fuera su discípulo en este arte. “Toda la vida he estado interesado construir guitarras, no tengo idea desde hace cuánto. Inmediatamente le dije al maestro Paredes que quería aprender, él me enseñó y me puse a hacer mi primera guitarra, quedé encantado. Después de eso quería hacer otra y otra. Cuando la ves terminada y la tocas... es una cosa que no puedo describir. Yo quería hacer otra que fuera mejor todavía y queda uno enganchado”, narra Eduardo. Lo que no aprendió siendo discípulo del maestro, lo ha estudiado por su cuenta, viendo videos, preguntando, indagando, leyendo mucho. “Yo trabajaba eso en mi casa, en un cuarto los fines de semana. Cada vez pasaba más tiempo en eso”, describe sobre cómo fue naciendo en él una obsesión.

¿Qué debe tener una guitarra para que suene bien?

-Cómo hacer que una guitarra suene mejor o de una forma u otra es un poquito místico. Hay algo de ciencia, de ingeniería, pero también es un poquito místico, uno habla con los fabricantes de guitarras y hay unos que tienen hasta unas creencias esotéricas, otros que le tiran cálculo, pero en general es algo místico, al fin y al cabo nadie tiene una respuesta definitiva, es como un misterio, ese misterio fue el que me comenzó a obsesionar (...) Hay un dicho: ‘Tú eres lo que piensas’, y yo pasaba pensando en eso todo el día, comencé a cuestionar si podía ser un profesional de esto, dedicar mi vida a esto, no solo que sea una afición. Trabajé mucho tiempo en la zona industrial de Mamonal, en una carrera muy buena, de mucha satisfacción. Buena parte de la estructura de la guitarra es ingeniería y aquí como que las dos cosas que yo he hecho toda mi vida se encuentran.

Guitarras al mundo

Tiene ahora Eduardo la figura de una guitarra entre sus manos, meticuloso, la lija. Pule detalles con paciencia, une esa lámina ocre de madera a un grueso molde, juntos los inserta dentro de una bolsa plástica cuyo aire luego es succionado por una aspiradora hasta quedar empacados al vacío, compactos. Parece y es un proceso algo complejo. Es todo un arte. “Es para darle forma a la tapa de la guitarra. Construir esta pieza es muy importante, es lo que determina cómo va a sonar”, dice. La tapa es la parte frontal, una lámina con figura de cuerpo de mujer. Esa que fabrica es una de sus últimas y de sus exclusivas creaciones. Nos muestra esa y el diseño de otra guitarra con doble mango que construye para un artista extranjero de música tropical, quien le hizo ese pedido especial. El diseño es único y el mismo Eduardo lo hizo para complacer a su cliente. “Tiene un mango normal y otro más agudo, es un reto porque eso no existe. El diseño es cien por ciento mío no hay referentes aquí, toca inventarlo y desarrollarlo”, nos explica. “Como yo estudié música, conozco muchos guitarristas”, menciona, agregando que la buena aceptación de sus primeras guitarras entre el gremio le dio las bases del reconocimiento que ha ido creciendo para su carrera como luthier, por la que definitivamente ha optado para su vida. “Se dio una coyuntura y es que un día me quedé sin trabajo, pero ya lo venía pensando, de repente se dio y en vez de buscar un trabajo similar con mi hoja de vida, di el salto”. El salto a donde está ahora, a su taller.

“Si yo hiciera esto por plata no lo estaría haciendo, esto es por pasión. Mi objetivo con todo esto es llegar a la excelencia, para llegar a los grandes músicos tú tienes que tener un renombre, creo que voy bastante bien, ese es un proceso bastante lento y para llevar solo cinco años en esto, me ha ido bien, me han hecho buenos pedidos, tengo una guitarra que se va para Francia ahorita y un par de guitarras para una casa importante, en Nueva York, cuando llegan allá las compran músicos de alto nivel.

“Así como las personas somos especiales, igual son las guitarras, cuando uno tiene estas guitarras hechas a mano, ellas cogen personalidad, cada guitarra es única, pero a su vez también debe tener unas características de un instrumento de alto desempeño, volumen, sonido, proyección, un instrumento serio”, sostiene mientras carga la guitarra número uno, aquella que construyó de la mano del maestro Paredes, brillante y de un color acaramelado, que lo inspiró a emprender este camino.

Epílogo

En casa de Eduardo siempre se escuchaba música, su hermana mayor también es guitarrista y le heredó la que sería su primera guitarra. Su papá era hábil con la armónica y él, siempre, lo escuchaba tocar ese instrumento. De ahí quizá nació su amor por la música. De sueños pequeños se construyen grandes realidades como la que hoy vive Eduardo, él ha conjugado algo de su ingeniería con mucho de su pasión para, simplemente, ser feliz. “Mi objetivo es despertarme mañana en la mañana y salir a mi trabajo y que mi trabajo sea hacer guitarras y que al día siguiente sea hacer lo mismo”.

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