La vida de Karen Vega, un verdadero milagro

14 de junio de 2020 10:12 AM

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¿Qué nos depara el destino? Por más que planeemos el futuro, la vida siempre puede sorprendernos inesperadamente. La clave está en cómo decidamos afrontar la adversidad. Esta es una historia de lucha, valentía, positivismo, amor y, sobre todo, de fe. Al principio todo era un misterio. ¿Por qué se levantaba todos los días con náuseas? ¿Por qué comenzó a sufrir vómitos? ¿Por qué...? Un rosario de preguntas sin respuestas. No era posible un embarazo. El cuerpo de Karen del Carmen Vega Jiménez tenía impedimentos físicos para eso: prolactina alta y miomas. Aquel septiembre de 2016 empezaría a precipitarse sobre su vida una tormenta con aires huracanados. “El gastroenterólogo me mandó una endoscopia, como las citas médicas en Cartagena no están a la vuelta de la esquina, hasta finales de noviembre puede hacérmela”, recuerda Karen, su voz suena serena por un celular. Una mezcla de alegría e incertidumbre inundaría su vida. “Debía llevar los resultados de la endoscopia el 16 de diciembre de 2016. Dos días antes me enteré de que estaba embarazada. Era un milagro como tal, porque todo lo que yo tenía no daba para que quedara embarazada”, narra. En la plenitud de sus 32 años, ejecutiva de negocios de una empresa sólida, cartagenera, casada, modelo de tallas grandes, recibía aquella noticia con alegría. Pero dudaba si sus náuseas habían empezado antes que su embarazo y podían obedecer a algo distinto. “Hice el peor de los embarazos, con muchos síntomas, pasaba en urgencias, no comía, los vómitos se hicieron más frecuentes, necesité transfusiones de sangre, casi todos los cinco meses”. Sí, cinco meses, a pesar de que la bebé estaba perfecta, una noche, en la clínica La Ermita, en Cuidados Intermedios, Karen empezó trabajo de parto, el 14 de abril de 2017. “Como tenía anemia no podían inyectarme anestesia. El parto fue un momento bastante duro, me colocaron a la niña en una camilla, al lado. Mi esposo, que mide un metro 84, se desmayó”, recuerda. Su pequeña bebé, Milagros Montero Vega, lastimosamente, no resistió el parto y con ello el mundo se derrumbó.

¿Qué tenía Karen?

¿Qué la hacía sentir tan mal? ¿Su embarazo? El Síndrome de Hellp, patología parecida a la preeclampsia pero con una tasa de mortalidad más alta, fue uno de los primeros diagnósticos. Pasaron unos días antes de ser dada de alta y un mes sin vómitos. Luego su vida otra vez se nubló. Ese mayo de 2017 apareció el mismo cuadro: vómitos. “No era el embarazo. Decidí ir a Barranquilla por medicina alternativa. Allá me puse mal, comencé a vomitar y vomitar, con una debilidad, me llevaron a la Clínica Portoazul, pero no había atención por mi EPS, así que me pasaron a otra clínica pero no había ningún especialista y de ahí me llevaron a la Clínica La Misericordia, me hicieron como quien dice el paseíto”, añade. Entonces, ese rosario de preguntas seguía sin respuestas. Anemia, lupus o pancreatitis, sus hormonas, decían los médicos sin certezas. “Me hicieron una endoscopia más especial y ese médico se dio cuenta por primera vez que en el duodeno había una masa y tomó una muestra para patología”. Sin embargo, otra doctora se atrevió a lanzar otro diagnóstico. “Que todo era psicológico, producto de la pérdida de la niña, que lo estaba somatizando. Pero yo sé que no me lo estaba inventando, vomitaba de color verde, no vomitaba comida porque yo no comía. Fue horrible. Me dieron de alta y me llevaron a la casa de mi suegra en Soledad (Atlántico)”.

En el ojo de un huracán

Karen nació el día de la Virgen del Carmen. De ahí su segundo nombre. Justo ese 16 de julio de 2017, en su cumpleaños, su papá, el periodista Adolfo Vega Urruchurtu, decidió traerla de vuelta a Cartagena. ¿Qué tenía?, si no era ni Síndrome de Hellp, ni lupus, ni pancreatitis, ¿algo sicológico? La psicóloga que la atendió ya en Cartagena estimó restablecer su salud primero, internarla de urgencias en el Nuevo Hospital de Bocagrande. El catéter entre cuello y hombro para restablecer el potasio que perdía en su cuerpo por los vómitos, se infectó con una bacteria. Tenía fiebre, muchísimo dolor, sed. La infección llegó a sus órganos. “De ahí no recuerdo más. Estuve en coma 21 días, las plaquetas bajas, la médula dejó de funcionar, tuve infección generalizada, al corazón le llegó como tal, tuve endocarditis, los médicos me desahuciaron, reunieron a mi familia un martes 23 de agosto, les dijeron: ‘Si ustedes creen en Dios, es momento de orar’. Tenía solo un 10% de posibilidades de vivir. Incluso a mi hermana alguien llegó a decirle que yo había fallecido”, explica. Pendía de aparatos, de ocho bolsas de sangre diarias y, ciertamente, de un milagro.

Cadenas de oración

Las noticias de Karen conmovieron a muchos amigos, no solo donaron sangre para ella. “Hicieron una cadena de oración frente al hospital en la playa, el día que estuve más mal. A partir de ahí comencé a mejorar. Hay una parte misteriosa, no sé si la vas a contar. Yo fui visitada por pastores, guías espirituales, por las Clarisas de Turbaco, todos coincidían en haber sentido una presencia maligna en ese cubículo. Algunas enfermeras tenían miedo de entrar ahí, sentían que les susurraban cosas. Me cuentan que un pastor de El Laguito, al momento que estaba orando sobre mí, sintieron la presencia de un espíritu de muerte que salió y la señora que estaba al lado inmediatamente muere (...) También las hermanas Clarisas me hicieron una bendición con agua sacramentada y yo comencé a volver (...)”, sostiene. ¿En qué momento despertó del coma? No lo recuerda. Lo cierto es que se fue recuperando. “Dios me dio vida en el momento que la medicina me desahució”, asegura. “Efectivamente, estuvo muy mal. Si le metemos estadísticas a esto, ella no debería estar aquí, pero pasaron cosas que hacen pensar que obviamente Dios metió su mano. Gracias a Dios hoy la tenemos al lado nuestro”, dijo el médico intensivista Rafael De Ávila.

Al quirófano

¿Qué le producía tantos males? “Cuando estaba en coma llegaron los resultados de la biopsia de Barranquilla. Pero tuve que esperar siete meses para que mi EPS me autorizara otro examen, en marzo de 2018, para comprobarlos, en el Instituto Nacional de Cancerología en Bogotá”. El resultado: “Neoplasia endocrina múltiple”, una enfermedad huérfana que la predispone a desarrollar tumores. “El médico que me podría operar, apellido Guevara, es el mejor en este campo, tenía cita disponible hasta un año después. Pero yo hablé con él, conté mi caso y me agendó para el 1 de noviembre de 2018, fueron ocho horas en el quirófano”, dice. Salió sin caminar, sin el tumor, sin parte de varios órganos afectados por la metástasis. Mejoró mucho. Debió aprender de nuevo a comer, a cepillarse los dientes. “Yo pesaba 102 kilos, de hecho era modelo size plus, al verme con 50 kilos menos eso para mí fue duro (...) Jamás le dije a Dios para qué me diste esto, yo le decía: ‘Dame la fortaleza para afrontarlo, yo acepto tu voluntad’”.

De la mano de Dios

Esta es una historia de fe y lucha pero también de amor. “Yo soy la mánager de mi esposo, Tony Montero, él es diez años menor que yo, pero se ha portado como un hombre de 50. Está atento a todo, yo le miro el rostro y tiene la misma mirada de amor que cuando nos conocimos. Me amó gorda, con 102 kilos, y también ahora que quedé en 53”, dice. “Con ella siento así como cuando te falta el oxigeno en tus pulmones y te conectan un ventilador, como cuando te oxigenan. Ella es flor en un desierto. Es todo para mí realmente, parte de mi motor de lucha para seguir adelante y mi felicidad es su felicidad y viceversa”, dice Tony, quien es cantante, pero también decidió estudiar auxiliar de enfermería para ayudar lo más posible a su esposa. Gracias a él, a sus papás, a sus hermanos, a su suegra, pero sobre todo a su amor propio y a Dios, Karen va superando los obstáculos. “Todo está en la fuerza que uno le imprima a su situación. Siempre he sido muy religiosa pero no fanática. Siempre trato de llevar el mensaje de Dios. Yo no necesito como tal ir a una iglesia, sí necesito a veces un guía, pero así como voy a la Iglesia católica, puedo ir a una Iglesia cristiana o a un culto de testigos de Jehová porque lo que me interesa es sentir a Dios (...) Ojalá pudiera meter a las personas dentro de mí para que se dieran cuenta del tipo de fe que yo tengo. Hay que tener la mente positiva, modo más, ver el vaso medio lleno, afrontar la situación”. Ahora Karen tiene un negocio de ventas de productos online, aparece en Instagram como Sin Azucar Cartagena, para personas con diabetes. Ha dado charlas en algunas fundaciones y escuelas contando su testimonio como un mensaje de esperanza. Sus conocidos la llaman ‘Guerrera de Dios’.

Epílogo

Karen Vega aún debe luchar contra un tumor en la hipófisis (cerebro) que le dificulta la visión y le produce mareos. Recayó. Habíamos programado esta entrevista en febrero, pero se pospuso hasta estos días, cuando ya se ha recuperado. Quiso compartir su historia para inspirar y qué valioso es eso en estos tiempos: el mundo necesita también una vacuna de esperanza.

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