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La vida vale la pena en el patio de Petrona Martínez

La Reina del Bullerengue se sigue recuperando luego de sufrir una isquemia cerebral en mayo de 2017. En su casa, en Arjona, no falta la música y un buen pescado para ella.

JAVIER A. RAMOS ZAMBRANO

05 de diciembre de 2021 12:00 AM

Antes de doblar por la callecita destapada del barrio La Paz, en el municipio de Arjona, se escucha a lo lejos el sonido de las maracas y el tambor hembra. La música sale del patio de la casa de Petrona Martínez, donde un par de gallos que corren a la redonda parecen no tener permiso para cantar, porque allí la fiesta es a cualquier hora.

El ritmo de las maracas lo lleva Orito Cantora, mientras Jenn del Tambó la acompaña en el tambor. Ambas acaban de exponer la cultura, tradición y los sonidos del Caribe en Suiza y aterrizaron en el patio de la casa de nuestra Reina del Bullerengue para hacerle un homenaje tras ganar el Grammy Latino con el álbum “Ancestras”, en la categoría Mejor Álbum Tropical.

Petrona, sentada en la mecedora con un vestido de flores, escucha atenta. Por momentos intenta bailar y lo logra, porque aunque la isquemia cerebral que sufrió en mayo de 2017 la dejó con medio cuerpo dormido y casi sin poder hablar, sus familiares dicen que la música ha sido la mejor medicina para su recuperación, tanto, que por momentos canta, suave, pero con el alma. Mueve su brazo y hombro izquierdo cuando su hija Joselina Llerena Martínez, La Niña, le canta La vida vale la pena, su canción insignia.

Con seis hijos, 37 nietos y más de 40 bisnietos, hay una vasta herencia musical que le aprendió a esta maestra. “En estos momentos lo que más la llena de felicidad es ver a toda su familia unida, que le canten. Todos los días le cantamos en el patio”, dice La Niña. Lea aquí: Bajo pronóstico reservado permanece la cantadora Petrona Martínez

La vida vale la pena en el patio de Petrona Martínez

Hace más de cuatro años Petrona llegó del hospital, casi que inmóvil, a la cama de su casa. Sin embargo, sus hijos no han permitido que esa alegría se apague. Su hijo Álvaro Llerena se vino de España a cantarle a diario y entonces empezaron a ver que intentaba bailar desde la cama. Ahora es Petrona quien les pregunta a qué hora empieza la música en el patio, donde sus hijas Nilda, Aracelis y Joselina bailan y cantan cuando su madre lo pide. “Es imposible que se pase un día sin escuchar música. A veces, uno se atarea con las cosas de la casa y cuando los pelaos están trabajando y no han venido, ella de una vez llama y pregunta: ‘Ajá, qué pasó aquí que no han venido, ¿y el tambor?, ¿qué, se partió?’”, dice Joselina, quien vendió su casa en San Cayetano para dedicarse al cuidado diario de su mamá junto con su hermana Nilda Rosa y Aracelis. Ellas la consienten, especialmente con el pescado que tanto le gusta. Lea aquí: Una visita a Petrona Martínez

Además de ser nuestra abuela, es la maestra que todo el mundo desearía. Esperamos mantener el legado y seguir haciendo música”.

José Miguel Julio, nieto de Petrona.

Anécdotas

No sé cuál de los dos gallos aprovechó la pausa de los músicos para levantar la cresta primero y cantar. El otro inmediatamente le hizo el coro.

Fue una tarde de memorias, en la que Orito, investigadora del folclor y cantautora barranquillera, le recordó a Petrona el año de 1999, cuando le sirvió de inspiración para su carrera. “Fue la primera vez que la vi en vivo, en Santa Marta, donde yo también estaba tocando. Yo la había escuchado en CD, pero al verla en vivo quedé hipnotizada. Ella estaba con la maestra Etelvina Maldonado (q. e. p. d), una combinación de ternura y fuerza, de energía, potencia en esa tarima. Para mí en ese momento hubo un antes y un después de mi vida artística”. Petrona, al escuchar, le brillan más los ojos y lanza una carcajada encantadora. “Gracias”, se le escucha en voz baja.

“Doña Petrona es una referencia vital para mis conciertos, cuando Jenny y yo salimos del país, cantamos siempre sus temas, siempre la exaltamos, la nombramos, decimos dónde vive, que vengan a comprar sus discos, que la conozcan, que conozcan el entorno y se pregunten qué necesita. Porque nosotros los jóvenes que venimos haciendo está música, muchos tocamos canciones de doña Petrona y tenemos que recordarla siempre”, afirmó Orito Cantora.

La vida vale la pena en el patio de Petrona Martínez

Le pedí a Joselina que nos contara una anécdota de uno de los tantos viajes que hizo con su mamá fuera del país: “Recuerdo casi todos los viajes, eran bacanos. Cuando fuimos a Marruecos le dije que se comiera el pescado, que estaba sabroso. Me dijo que no iba a comer porque le iban a poner babilla. Ya yo me lo había comido y un pedacito de carne. Entonces le dije que se comiera la carne, y me respondió que era carne de camello, dizque porque allá no matan el ganado porque es sagrado; enseguida se me bajó la presión, vomité y no pude ni hacer la prueba de sonido, porque tú sabes que acá tenemos un defecto, primero comen los ojos y los oídos, después es que va a comer la boca”.

La alegría por el Grammy

La vida vale la pena en el patio de Petrona Martínez

Cada vez que a Petrona le mencionan que se ganó el Grammy, sonríe y levanta su mano con alegría, porque la tercera nominación fue la vencida. La primera en enterarse fue su hija Aracelis Llerena Martínez al recibir una llamada de Mayte Montero desde Las Vegas. “Eran las 6 de la tarde cuando Mayte me dijo: ‘mamita, nos ganamos el Grammy’. Yo estaba donde mi suegra y pegué un grito que creían que se había muerto alguien”. Aracelis se subió a una moto que no dejaba de pitar por todo el pueblo hasta llegar a la casa de Petrona. Allí la esperaba la familia para que diera la noticia. Prendieron la cámara del celular y grabaron el momento exacto: “Mami, tú dijiste que si te ganabas el Grammy ibas a qué”, le preguntó Aracelis. “A bailar”, le respondió Petrona. “Bueno, entonces bailemos porque te ganaste el Grammy”. Emocionada, Petrona se llevó la mano a la cabeza y desde entonces la celebración no ha parado, ni parará, porque la música en el patio seguirá sonando hasta después del 27 de enero, cuando cumplirá, junto a los suyos, unos muy felices 83 años. Lea aquí: Un merecidísimo Grammy Latino para Petrona Martínez

Queda Petrona
para rato
La vida vale la pena en el patio de Petrona Martínez
Su descendencia lleva su ADN de sabor inconfundible y se perpetúa, porque además de sus hijos, están sus nietos José Miguel Julio, José Gregorio Pacheco y muchos más que rescatan las canciones de Petrona, esas que están tatuadas en la memoria cultural del país. “Para mí, ella significa ese ser maravilloso e importante para toda la familia. La que ha demostrado que la vida vale la pena y que a pesar de las dificultades hay que seguir luchando. He aprendido a tocar el tambor, a cantar, a tocar el llamador, todo lo relacionado con el bullerengue gracias a ella. Todos los días nos reunimos en el patio de la casa con ella es para cantarle, presentarle una composición para que se siente más motivada”, dijo su nieto José Gregorio Pacheco.
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