Las tragedias de la familia Torres en El Pozón

07 de octubre de 2018 09:23 AM

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Un infortunio del destino, en el año 2006, partió el corazón de Míriam Ruiz Morelo en mil pedazos.  El mayor de sus seis hijos, Juan David Torres, en ocasiones se ganaba la vida como esparrin. Quienes lo conocieron, lo recuerdan como un joven trabajador y amigable. Curiosamente el día de su muerte, pidió al dueño de un bus que le permitiera trabajar para ayudar a sus hermanos menores.

Juan David murió víctima de un accidente inverosímil. El mismo automotor donde laboraba como ayudante de conductor, lo atropelló. Sucedió sobre la Avenida Pedro Romero, frente al puesto de salud del barrio La Candelaria. Falleció el 30 de diciembre, a los 18 años. Aquella mala noticia del accidente, devastó a Míriam. “Ella quedó bastante mal”, comentan familiares.

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Hoy Míriam ha decidido no hablar. Ya ha pasado por mucho. Quien nos habla es su hija Mileidys. Mile, le dicen por cariño. “Yo soy quien ha estado pendiente de mi mamá. Hablo con ella, la aconsejo, la ayudo con su comida”, refiere Mileidys. “Ese día, yo estaba de vacaciones en Puerto Badel, con mi papá. De pronto, nos avisaron que Juan David había tenido un accidente, eso salió en las noticias, en  El Universal”, recuerda. Fue sepultado un 31 de diciembre.

Con la muerte de Juan David, John Jairo, otro hijo de Míriam, se convirtió en el mayor de los hermanos. Le siguen Heider, que vive ahora en Bogotá, luego Mileidys, Deivis y Mirladys. Además de ellos, Míriam había tenido una bebé que murió a los tres meses de nacida.

“Mi mamá, a sus hijos mayores los tuvo en Cartagena, luego se fue a Lorica (Córdoba) y me tuvo a mí y a otro hermano. Cuando volvió a Cartagena, en el año 2000, tuvo a la última, a Mirladys, siempre hemos vivido aquí, en El Pozón (...) Nosotros éramos unos hermanos que de pronto discutíamos y eso, pero a la hora de cualquier problema todos estábamos ahí, unidos. Por lo menos yo siempre he ayudado a todos”, se lamenta Mileidys. Y, en cierta forma, ella sí es como una guía en la familia, quien ha estado al frente en la desgarradora tragedia que, nuevamente, los enlutó en los últimos días.

“El diablo se apoderó”
La casa de la familia Torres Morelos está en el sector Los Tamarindos, de El Pozón. Es una zona humilde, un conjunto de estrechas callejuelas, donde no entran vehículos, con viviendas de tablas unas y otras de cemento. Es ahí, entre esas calles polvorientas, que han vivido gran parte de su vida, donde doña Míriam ha luchado por levantar y sacar adelante a sus hijos, trabajando como empleada doméstica.

Sus vecinos y varios integrantes de la familia son testigos de la tragedia, de aquella mañana del 9 de septiembre de 2018: John Jairo, el hijo mayor, se enfrentó a Mirladys, la hija menor. Al final, ella terminó muerta, una cuchillada en el pecho la mató. Él vive ahora tras las rejas. “Hombre mató a su hermana en El Pozón”, decía el titular de la prensa.

Hoy, antes de contar lo sucedido con sus hermanos, Mileidys comenta las adicciones de John Jairo. “Él tenía sus problemas de drogas. Antes él trabajaba normal, hasta me ayudaba a veces con dinero, pero de pronto algo en él cambió, como si le hubieran echado algo. De pronto te saludaba bien, pero había días en que te quedaba mirando maluco. Los hijos de él son muy apegados a mí, tiene tres niños. Él siempre me escuchaba pero, la verdad, como dicen por ahí, el diablo se apoderó de él”, narra.

Mileidys está vestida de luto, habla con resignación. Explica que esa mañana John se levantó furioso porque Mirladys desconectó un abanico y ahí empezó todo. “Él le pega dos batazos en las piernas y ella reacciona. Mi otro hermano lo detiene, pero él se le suelta y es cuando la puya, ella cae al piso. A ella se le sopló esto aquí- se señala el pecho-. Del nervio, yo no tuve las fuerzas para levantarla. Llegó muerta al puesto de salud. Allá fue que nos enteramos que mi hermana estaba embarazada”, narra. Un doble crimen.

La puñalada no solo mató a Mirladys, también partió en mil pedazos una vez más el corazón de su mamá, Míriam, y la dejó presa en la agonía de tener a un hijo en la cárcel.

¿Qué ha pasado con los niños?
Tenía 18 años. Validaba el bachillerato en el colegio Valores Unidos, de El Pozón, pero se retiró. Se convirtió en una madre joven. A esa edad tenía un hijo de tres años, otro de nueve meses y estaba embarazada. Su compañero, su amor, había viajado a Bogotá para buscar un mejor futuro. Iba a conseguir trabajo para luego “mandarla” a buscar junto a sus hijos. Esa era la vida de Mirladys. Ahora, luego de la tragedia, su pareja regresó de la capital y está  pendiente de los niños.

La escena de la muerte de Mirladys no solo la presenciaron sus vecinos. También su pequeño primogénito. “Uno lo que tiene es que tener vida para ayudar a los sobrinos. El niño a veces se pone mal, se pone a gritar: ‘John mató a mi mamá’, si no tiene al papá al lado no duerme en la noche. Mi hija también dice eso, porque ellos vivieron ese momento. Nosotros tratamos de calmarlos y hablarles de la mejor forma. El bebé no quiere que otra persona lo cargue cuando me ve, parece que ve el reflejo de su mamá en mí, se siente como protegido, no me quiere soltar”, comenta Mileidys.

En la cárcel
“No siento rabia contra él, porque si te digo que siento rabia es mentira, porque ese es mi hermano y es mi sangre, yo lo que quiero decir es que él debe entender que hizo algo malo, al matar a la sangre de su sangre. Él la cargó, la lidió, nos criamos juntos, para que por medio de su reacción le hubiera hecho eso”, asegura Mileidys sobre sus sentimientos hacia su hermano John.

Y agrega: “Él tuvo una mujer que le aguantó bastante, la mamá de su tres hijos, ella le parió y se desconectó enseguida. Pero ellos a cada rato peleaban. Siempre que hacía algo uno mismo llamaba a la Policía. Para mí fue que se le metió como el mismo diablo, porque uno tiene que estar demasiado ciego para hacer lo que él hizo.
“Mi mamá dice que no lo juzguemos. Nosotros no juzgamos, porque nadie debe juzgar a nadie, pero yo lo que quiero que ella entienda es que él hizo algo malo. Como dijeron que iba a pagar 35 años de cárcel, ella dice que es muy fuerte para él”.

En su relato sostiene: “Es mentira que John haya intentado fugarse, cuando pasó eso, él se quedó ahí. En shock. Llegó un policía y le pegó una cachetada, le dijo: ‘¿Qué hiciste? ¿A tu sangre? ¡Oye!, si esa pelada siempre te defendía’. Estaba como confundido. En el CAI le pegaron fuerte. En Canapote, no me dejaban verlo pero se escuchaba cuando le gritaban ‘Caín, Caín, Caín’. Un policía me dijo que estaba intentando ahorcarse con un suéter. Luego lo pasaron al Cuartelillo de Olaya y un día mi mamá me rogó que fuera a llevarle comida, pero no lo dejaban ver. Después informaron que se lo llevaron a la Cárcel de Ternera. Ella se puso a llorar y al día siguiente fue, pero todavía no ha entrado a verlo. Ella está pendiente, porque de todas maneras los dos eran sus hijos, lástima que pasó eso. Está esperando para visitarlo. En el Inpec le dijeron que tenía que esperar”.

Después de una pérdida tan violenta, la familia empieza apenas a recomponerse. Intentan reponerse al dolor de alguna forma. Ellos dicen estar unidos para tratar de criar de la mejor forma a los niños que Mirladys dejó.

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