Lo que se ve en el Mirador de la Virgen

25 de marzo de 2018 12:30 AM

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El Mirador de la Virgen, en el barrio La María, dista totalmente de ser un sector lujoso. Hay casitas que se hacen y se deshacen con el tiempo. Allá van a parar decenas de estibas, con ellas arman ranchos. Plásticos, cartones y zinc que el viento desprende a ratos. Son las invasiones que por las noches visten con una falda de luces al Cerro de La Popa. Es la Cartagena invadida.

Subimos a pie por una trocha bastante inclinada y tan empedrada que es difícil no tropezar por lo menos una vez. El rancho al que llegamos puede tener al menos cuatro por cuatro metros. Pienso en que un empujón lo derribaría fácilmente y en que la lluvia se colaría por sus rendijas. Tiene dos espacios: Uno con mesa y cocina, ollas y sillas, otro con dos camas. No hay baño y es una casa prestada. Vidalina Primera Vecino vive ahí.

“Mi casa se quemó y hace un año una vecina me prestó esto para vivir. Ella consiguió una más abajo y tenía esta desocupada”, cuenta. Vidalina afirma que nació y se crió en las faldas de La Popa y que ha salido y regresado varias veces. En 2002, el homicidio de un cuñado la hizo irse hasta San Onofre, Sucre. “Pero allá fui víctima de desplazamiento por los paramilitares y regresé a Cartagena. Ando de aquí para allá y de allá para acá”, me cuenta.

Entonces, regresó a La María, a la calle 50. “Tenía mi casita, la tuve como 10 años, hasta 2013, la policía sacó a dos hijos míos, se los llevaron detenidos, estaban buscando a unos monitos (pandilleros), pero se los llevaron a ellos. Los dejaron libres al día siguiente, pero a raíz de eso me fui otra vez para San Onofre. Después nuevamente me vine para acá, pero en 2014 me quemaron la casa por un problema con un muchacho que se había robado un televisor. Me fui y luego regresé aquí”, afirma.

Vidalina asegura que la casa donde está ahora, así como otras del sector, tienen varios años de haberse levantado en esa zona de alto riesgo, en el cerro erosionado. Una vecina aclara que del “rancho morado para allá arriba, ya habían tumbado todo eso, parte de esa gente se fue reubicada, pero se volvieron a levantar las casas. Ahora han llegado muchos venezolanos a vivir por acá. El problema lo tenemos hace como un mes, que todos los días están limpiando terrenos y subiendo palos para hacer ranchos”. Es decir, parte de La Popa recuperada fue reinvadida. Afirma que, incluso, ya hay casas en zonas que estaban vírgenes de invasiones.

Después del rancho

morado

“Disculpe, ¿eso para qué es? ¿Es para ayudarlo a uno?”, me interroga una joven. La misma pregunta me hace Cornelio González, insiste en que necesitan mucha ayuda y él nos invita a su vivienda. Está del rancho morado para arriba y es la última de esa loma que compone el Mirador de La Virgen.

Las paredes son cartones de Jamar, es un cuarto pequeño, donde afirma vivir solo porque prefiere que sus tres hijos estén en El Pozón, con su madre. Es casi el único en un lote bastante amplio donde se ven árboles recién talados y muchas hojas secas. En el panorama encontramos el motivo del nombre del sector, la ciénaga de la Virgen hace parte del horizonte.

Hace poco se conoció que particulares estarían parcelando terrenos de La Popa, deforestándola más, para venderlos a familias invasoras por 100 mil pesos, en sectores como La Bendición de Dios, El Abanico, Hábitat 89 y el Mirador de la Virgen.

Cornelio dice que está ahí hace tiempo. Se gana la vida como vendedor ambulante en el Mercado de Bazurto y sus compañeros de cuarto son dos canarios enjaulados. “Antes vivía en el sector El Cielo, del otro lado de La Popa, pero eso para allá era muy peligroso y preferí mudarme para acá. No he tenido para instalar el cable de la luz. Aquí esto es sano, más que todo viven muchos cristianos”, sostiene.

A unos cuantos metros hay otro rancho en construcción, cimentado en pilares de sacos de arena. Apenas lo levantan. Dos hombres martillan afanosos para sujetar las estibas, luego instalarán el techo con láminas de zinc. Están invadiendo La Popa. Dicen haber invertido 700 mil pesos en hacer el rancho. Y, al lado, hay otro rancho más, deshabitado, parece listo para estrenar.

“Ustedes vienen por eso del rumor de que el Esmad se va a meter por acá a tumbar las casas”, nos pregunta otro sujeto. Nos dice que ellos protegen a la zona de que no lleguen extraños y que limpian las hojas secas para evitar incendios forestales. Y que no es cierto que en la zona se estén vendiendo lotes.

De vuelta a la casa de Vidalina, me cuenta que las manchas que forman mapas en su piel son producto de una anemia. Que su esposo tiene una afección en los pulmones y los únicos sanos de la casa son su hijo menor, de nueve años, y dos nietos. “Ojalá y algún día yo pudiera irme de este cerro. Hacer una vida en otra parte”, asegura.

En el Mirador se arman y desarman casas y, como otras invasiones, van desarmando al cerro de La Popa.

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