Los Douglas y otras estrellas del cine en Cartagena

17 de marzo de 2020 10:07 AM

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Entre los trece invitados de Estados Unidos al primer Festival Internacional de Cine de Cartagena, en 1960, estaba el gran actor Kirk Douglas (1916), que murió a sus 103 años el 5 de febrero de 2020. ‘Espartaco’ (1960) fue uno de los filmes que se exhibió en el primer festival. Fue dirigido por Stanley Kubrick y protagonizado por Kirk Douglas. El nombre de Douglas estaba en el libro de Víctor Nieto Núñez, quien a su regreso de un viaje a Punta del Este, Uruguay, había visto un festival de cine al aire libre que lo dejó embrujado y con deseos de replicar esa experiencia en Cartagena. Contactó a José Barbieri, su organizador, y este vino a Cartagena a asesorarlo en su sueño, acompañado del periodista uruguayo Gualberto Fernández.

El primer paso de Nieto fue legalizar su festival, solicitándole al alcalde de Cartagena, Arnulfo De la Espriella, emitir el Decreto 235 en el que se creaba el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias y de su primera junta directiva, decreto que fue firmado el 15 de julio de 1959. Esa primera junta estaba integrada por el alcalde Arnulfo De la Espriella, José Barbieri, el contralor Carlos M. Feliz; Joaquín Franco Burgos, representante al Congreso; Aurelio Martínez Canabal, secretario de Educación de Bolívar; el industrial Daniel Lemaitre Diazgranados; Jaime Vélez Piñeres, gerente del Circuito Velda que había creado una cadena de cines en los barrios populares en los años treinta, según la pesquisa exhaustiva de la historiadora María Teresa Ripoll; Fernando Díaz, presidente del Club Cartagena, quien era hijo de Belisario Díaz Ruiz, quien en la década del 20 junto a los hermanos Vincenzo y Francesco Di Domenico, fueron decisivos en el impulso del cine en Barranquilla, Cartagena y el Caribe. Los tres últimos integrantes de esa primera junta lo componían Víctor Nieto Núñez, empresario de cine y radio; Jorge Benedetti González y Enrique Lecompte Diazgranados, tesoreros; y Evelia Porto de Mejía y Blanca Becerra de Román.

Además de la sostenibilidad del festival, Víctor Nieto le propuso al escultor Héctor Lombana en 1959, que diseñara una estatuilla o trofeo que sirviera como imagen del festival de cine, para replicar el ejemplo de los festivales del mundo. El escultor hizo varias propuestas, pero se fijó en la indígena sentada y taciturna que estaba bajo una palmera en el escudo de la ciudad. “Esa es la india Catalina”, le dijo Víctor Nieto. “Esa es —respondió Lombana—. Pero se me ocurre que hay que ponerla de pie para convertirla en estatuilla”. Fue así como diseñó una indígena delgada de sesenta centímetros, del color de la madera de las canoas y con los hilos de oro cubriendo su desnudez. La indígena de Galerazamba que estaba dormida entre los intersticios de la historia, raptada en la historia por Diego de Nicuesa cuando era una niña y llevada a Santo Domingo fue la imagen del festival que ha sobrevivido sesenta años de historia. Catorce años después, el escultor español Eladio Gil Zambrana, que había llegado como profesor de la Escuela de Bellas Artes de Cartagena en 1960, no necesitó replicar la estatuilla de la indígena de Lombana, porque ya tenía una indígena propia trabajando en el servicio doméstico de su casa y, con el permiso de sus padres, la niña Judith Arrieta Arrieta posó para la primera imagen monumental de la escultura de la India Catalina, que está erigida en el corazón de la ciudad. Lo curioso es que en la vida real Judith fue ahijada del artista Eladio Gil e integrada a su familia. No fue raptada como la indígena de la historia, pero vive felizmente casada en Santo Domingo.

Volviendo a Kirk Douglas

Estados Unidos fue la delegación más numerosa del Festival de Cine de Cartagena, junto a la francesa, a la que integraban doce invitados. Todos se alojaron en el Hotel Caribe, sede de invitados del Festival. El Festival se inauguró el sábado 26 de marzo de 1960 y convocó a 15 mil personas en la noche apertura, según la memoria luminosa de Margarita Sorock.

Víctor Nieto pensó traer a Brigitte Bardot para la inauguración del primer Festival, pero el solo anuncio espantó al arzobispo de Cartagena, que prohibió la película ‘Los tramposos’, y cuestionó moralmente la presencia sensual y, para él, “pecaminosa” de Brigitte Bardot. Así que se desistió de traerla. El Festival estaría colmado en aquellos años sesenta, con figuras estelares como Rita Hayworth, María Félix, Jack Nicholson, Roman Polanski, Carrol Baker, Isabel Sarli, Ugo Tonazzi, Trevor Howard, Luis Alcoriza, Claudine Auger, Franco Nero, entre una larga lista, precisa Margarita Sorock.

El nombre de Kirk Douglas, de intensos ojos azules, saltó a la memoria de Víctor Nieto y lo subrayó con colores en su cuaderno. Su nombre tenía el esplendor del éxito desde 1946, cuando actuó en el filme ‘El extraño amor de Martha Ivers’, de Lewis Milestone; ‘El ídolo de barro’ (1949) de Mark Robson. Y muy especialmente cuando encarnó al pintor Vincen van Gogh en el filme ‘El loco del pelo rojo’ (1956), de Vincente Minnelli, película con la que ganó el premio consagratorio al mejor actor. La dimensión épica de sus personajes ya estaba definida con papeles como ‘Ulises’, (1954) de Mario Camerini; ‘Veinte mil leguas bajo el mar’ (1954) de Richard Fleixcher; ‘Senderos de gloria’ (1957), de Stanley Kubrick; ‘Los vikingos’ (1958) de Edison Marshall; ‘El discípulo del diablo’ (1959), de Guy Hamilton, y ‘Espartaco’ (1960), del mismo Kubrick, que era la novedad celebrada de ese año.

Gracias a la memoria visual y a los recuerdos de Germán Mendoza Diago, encuentro en una nota suya la imagen de Kirk Douglas saludado por mujeres desde la ventanilla de un carro en pleno centro amurallado de Cartagena. Kirk Douglas ganó en 1996 el Premio Óscar Honorífico a una vida consagrada al cine. Protagonizó 92 películas y fue una leyenda que sigue viviendo entre nosotros, más allá de su muerte en este 2020. Pocos días después de la muerte de Kirk Douglas, fuimos sorprendidos con la presencia inesperada de su hijo Michael Douglas, en el umbral de Ficci 2020, casi para cerrar un tiempo, sesenta años de milagros al pie del mar de Cartagena, en donde padre e hijo vuelven a los mismos lugares. Michael está en nuestra memoria de niño cuando seguimos entre 1972 a 1976 la serie televisiva ‘Las calles de San Francisco’, al lado de Karl Malden. Y, más tarde, nos estremecimos viendo una y otra vez ‘Atrapados sin salida’, protagonizada por Jack Nicholson y Louise Fletcher en 1975, filme en el que Michael fue productor y ganó su primer Óscar. En esa lista de asombros, vimos filmes como ‘El juego’ (1997), de David Fincher; ‘Atracción fatal’ (1987), de Dan Gallagher; ‘La guerra de los Rose’ (1989), de Oliver Rose; ‘Bajos instintos’ (1989), de Nick Curran, entre otros. En octubre de 2011, Michael Douglas recibió de manos de su padre el Premio Kirk Douglas en el Festival Internacional de Cine de Santa Bárbara, por su aporte al mundo del cine.

SOÑADOR DE ESTRELLAS

Víctor Nieto Núñez, empresario visionario en Cartagena, recibió a Kirk Douglas, el hijo de campesinos judíos de origen ruso, en el aeropuerto de Cartagena. Mucho antes de crear el festival de cine, había sido empresario de autos y director de un noticiero radial ‘Síntesis’, que empezó el mismo día en que empezó la Segunda Guerra Mundial. Fue él quien trajo a Cartagena a celebridades de la música como Celia Cruz y Daniel Santos. Alcanzó a vislumbrar lo que vendría para el festival y para Cartagena, como destino cinematográfico. Nieto Núñez era un hombre sereno, dulce, que diseñaba lo que soñaba y lo ejecutaba. En los años noventa tuvo de aliado cercano como asesor a Gabriel García Márquez, quien siempre estuvo pendiente del festival desde sus inicios. Nieto murió a sus 92 años, y conservó hasta el final, un gran sentido del humor, y una memoria lúcida y prodigiosa.

EPÍLOGO

Las casualidades no existen. Solo la lógica misteriosa de las causalidades. Los puntos cardinales del aparente azar nos llevan a precisar que en los mismos lugares donde pasó Kirk Douglas en Cartagena, acaba de pasar su hijo Michael, con su cabellera plateada, vestido con una camisa de palmeras amazónicas, sonriente y vital. De las manos de Ficci recibió el 5 de marzo de 2020 en el Salón Amarillo de la Proclamación el trofeo dorado de la India Catalina.

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