Los Venecar, una banda de venezolanos que afronta la crisis con música

26 de julio de 2020 12:00 AM
Los Venecar, una banda de venezolanos que afronta la crisis con música
Marleiecxa, Jogmer, Néstor y Víctor, integrantes de La Venecar.//Foto: Aroldo Mestre - El Universal.

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Hubo un momento de esta cuarentena en el que nos sentimos tan... ¡ahogados!

Mi esposo, sin trabajo. Yo, sin trabajo. El arriendo estaba prácticamente encima, así como los servicios, ¡todo! Nos vimos en la necesidad de sentarnos como pareja y tomar una decisión crucial.

¿Qué vamos a hacer?, ¿enfrentamos la situación en Colombia o nos regresamos para Venezuela?, ¿vendemos todo lo que hemos conseguido con tanto esfuerzo y ya? Muchos han llegado caminando, pero la niña está pequeña... ¿Será hacer lo mismo?

Ese momento en el que tú no sabes si llorar, si darte por vencido, si seguir adelante y echarle pierna; estás tan desesperado que no te crees capaz de nada, pero sí lo eres. Lo somos.

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Cuatro días después de haberla conocido, cuando llegó a la puerta de mi casa a cantar una canción de cumpleaños junto a su familia, Marleiecxa González Montilva me confesaba que al borde de pasar hambre y de quedarse en la calle, ella y su esposo, Néstor Luis López, decidieron echarle mano a su talento, santiguarse y echarse también a las calles de una Cartagena hasta entonces casi desconocida con tal de sobrevivir y de garantizar el pan de cada día de su pequeña, de dos años. Néstor es músico profesional, pero esta vez la música tendría un sabor diferente: no solo porque se convertiría en un salvavidas inmediato, sino porque ahora la idea era tocar en familia, sacar adelante a una banda familiar itinerante e incesante, así como sus ganas de salir adelante. Su primer recorrido fue el 16 de julio pasado.

Marleiecxa y Néstor, de 32 y 42 años, respectivamente, son dos de los cuatro integrantes de La Venecar -por ahora se llama así por lo de los venezolanos en Cartagena, aunque también han contemplado La Venecartagena, ya habrá tiempo de encontrar un buen nombre-, un grupo musical que sale a repartir un poco de alegría en forma de canciones por las calles de Cartagena, pidiendo algo de colaboración a cambio: puede ser dinero, comida o alguna voz de aliento.

Salen siempre entre las 9 y 10 de la mañana desde su casa, en Paseo Bolívar, junto a los demás integrantes de la banda: Jogmer Leonardo Pérez Montilva (de 15 años y hermano de Marleiecxa, músico aprendiz) y Víctor Sequera (bajista, de 56 años). Regresan entre las 5 de la tarde y las 7 de la noche.

¿Que si es peligroso salir a caminar por horas las calles de la ciudad en medio de una pandemia con un virus tan contagioso?, sí, lo es, pero la comida no llegará sola a la casa. “Siempre salimos con el Cristo en la boca, salimos protegidos por Dios y con nuestros tapabocas y todo”, me dice ella.

“Si tenemos talento y Dios está con nosotros, vamos a salir adelante como familia. Y bueno, poco o mucho, algo resolvemos”, remata.

Imagen MUSICOS VENEZOLANOS

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El talento del que habla Marleiecxa es, claramente, la música: ese don de cantar y de bailar que viajó con ella desde el estado de Táchira, en Venezuela, y que atravesó la frontera un buen día en el que entendió que su futuro y el de sus hijos (tiene otro niño de 10 años) no estaría más en aquellas tierras, esas donde a pesar de todo el sudor de su frente, de trabajar cuantas horas se pudiera como profesora de ciencias sociales, dando clases particulares y bailando y cantando en su academia de danzas, se hacía máximo, máximo, 30 bolívares soberanos, unos 20.000 o 30.000 pesos colombianos al cambio de hoy que le alcanzaban para menos que nada.

“Primero se vino mi esposo, él tiene un año y dos meses acá, ya cuando él pudo establecerse un poquito más, lo hablamos y me vine con la niña. Llegué el 28 de septiembre, no tengo el año aún”, cuenta y me explica que su esposo también es músico, pianista. Que empezó a trabajar en papayeras de venezolanos y luego consiguió un trabajo Café La Havana, las cosas marchaban bien hasta que el coronavirus atravesó los océanos y llegó a Cartagena. “Y yo encontré un trabajo en una lavandería en febrero, que trabaja con hoteles y eso, así que también cerró”, añade.

Así las cosas, volvemos al primer párrafo: un día tras otro en una cuarentena indefinida, con bares y lavanderías cerradas. Sentir ahogarse, pero calmarse y volver a respirar: hay que sacar adelante a la familia. “No quedaba de otra, había que inventar algo para sostenernos de forma rápida, fue cuando formamos la banda para salir a trabajar a las calles”, agrega Néstor.

“Con el coronavirus han cerrado muchos negocios en Cartagena y nosotros encontramos esta manera de sobrevivir, de ayudarnos y ganar para el arriendo, para los servicios y para comer”, apunta Jogmer, el más joven de la banda. Él no ha tenido reparos en ir aprendiendo a tocar en tiempo récord gracias a las lecciones de su cuñado, Néstor, músico profesional hace años. El señor Víctor, el mayor, también lleva la música en sus venas desde que nació. “Somos músicos profesionales de gran trayectoria”, me dice y continúa aclarando que, aunque ningún trabajo es deshonra, no es fácil caminar durante horas bajo el sol inclemente o la lluvia, pero seguirán haciéndolo mientras la pandemia los obligue.

“Si tenemos talento y Dios está con nosotros, vamos a salir adelante como familia. Y bueno, poco o mucho, algo resolvemos”, remata.

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¿Qué es lo más difícil de este trabajo? ¡Respuesta fácil! ¡El solazo y el tremendo calor de Cartagena! A veces se marean y deben descansar por lo menos diez minutos por cada hora caminada, tomar mucha agua y estar atentos a las recomendaciones de las mismas personas, que les dicen por cuáles calles es mejor no entrar.

¿Lo más bacano? La energía de muchas personas. Sí, sí, es verdad que hay quienes los echan a madrazos, pero son muchos más los que los alientan a seguir repartiendo alegría y ganándose la vida como mejor saben.

“Hay algo que nos llamó la atención, siente uno esas ganas de una señora de 93 años del Nuevo Bosque que apenas nos escuchó se levantó, la hija nos llamó y nos pidió desde su terraza que por favor le tocáramos, y la señora se ha levantado: esa mujer bailaba, ¡gozaba!, y nos dejaba un aprendizaje: no importa la edad, no importan las dificultades, hay momentos en los que uno siente que no puede más... me ha pasado muchas veces con todo esto, pero hay que seguir”, cuenta Marleiecxa.

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Los Venecar no son la primera y tampoco la última banda itinerante que surge en Cartagena para encarar esta crisis, que vino de tan lejos, pero que consiguió meterse en cada rincón de nuestras vidas. Aunque reconocen que evidentemente no es una solución de fondo, con lo mucho o poco que ganan todos los días han conseguido espantar el hambre y conservar un techo bajo el cual pasar sus noches mientras todo pasa. Mientras la vida vuelve a retomar su curso y sobrevivir deja de ser una cuestión tan itinerante.

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