Luis Fernando Martínez construyó 'La casa de los sueños’

19 de agosto de 2018 12:30 AM

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Se vistió elegante, de guayabera y pantalón blanco, porque esta podía ser una noche especial. Sentado, ahí, entre el público, mientras esperaba el veredicto final, por la cabeza de Luis Fernando Martínez Muñoz pasaba un mar de pensamientos. Su casete se rebobinaba, recordaba todos aquellos sucesos que lo llevaron a estar hoy aquí, nominado a recibir un premio. Estaba lleno de miedos y más que todo se preguntaba: “¿Será que voy a ganar?”.

Luis tiene 18 años. Estudia administración de empresas, los sábados, a distancia. Aunque no descarta su sueño de ser médico. Hoy, podría ganar en la categoría de generación de Cultura Ciudadana, en los premios del programa “Mi apellido es Cartagena”, son unos “reconocimientos a las buenas prácticas ciudadanas”. Y él participa con algo que se llama “La casa de los sueños”. (Lea aquí: Por cumpleaños de Cartagena, los ciudadanos se 'cambiarán' su apellido)

Esa “casa” no es un lugar tangible como tal, porque puede funcionar en cualquier parte. Es más bien una idea que se cultivó y ha germinado dando jugosos frutos en los cerros de Albornoz. Ese mismo sector era un campo lleno de monte y desolado, cuando Luis Fernando llegó, con madera y zinc, para armar su rancho, con su mamá y sus hermanos. Ese rancho, se convirtió en su hogar.

Y es que para que Luis Fernando esté hoy aquí, en este salón de una casona del Centro Histórico de Cartagena, nominado a recibir este premio, ha tenido que pasar por muchas cosas.

La primera de ellas es ser víctima de ese fenómeno por el que han sufrido miles de colombianos: el desplazamiento. Cuando la violencia paramilitar arreció, golpeando con asesinatos al municipio de Planeta Rica (Córdoba), doña Minerva Muñoz decidió irse. Cuando apenas comenzaba esta década, se marchó con sus ocho hijos, entre ellos Luis Fernando. Entonces, era un niño, tenía 11 años.

“Fue un desplazamiento forzado, allá mataban a muchos jóvenes. No sacamos nada de allá ni televisores, ni muebles, ni nada, dejamos todo, solo trajimos la ropa. Salimos de allá el 23 de diciembre de 2010 y llegamos al barrio Nelson Mandela de Cartagena, donde una hermana que yo tenía aquí. Tenía 14 años de estar trabajando en un comedor para 150 niños, pero dejé todo”, cuenta.

El 6 de enero siguiente escucharon que estaban invadiendo unos terrenos en los cerros de Albornoz y así fue que pudieron tener una casa, invadiendo ellos también en un sector que con el tiempo tomó el nombre de El Mirador de Cartagena, por la espléndida vista que tiene de la ciudad.

Allá, como en todas las invasiones, hay un montón de ranchos armados con estibas. Es fácil caer en el fango cuando llueve, o salir amarillos del polvorín, cuando están secas las calles. No hay servicio de gas, así que abunda el humo de los fogones de leña y muchos de sus habitantes son desplazados. Allá, Luis armó su casa para vivir con su mamá y también se inventó “La casa de los sueños”. Fue hace cuatro años. Todo comenzó un día que un niño del barrio llegó pidiendo ayuda para resolver una tarea del colegio. “Al día siguiente el niño regresó contento, porque le fue bien, la tarea quedó bien hecha. Así, él fue diciéndole a otros niños y con el tiempo fueron llegando más y más. Ahora mismo, tengo unos 90 niños, a la mayoría de ellos, les refuerzo lo que aprenden en el colegio, hay otros, como unos 20, que no están matriculados en alguna institución educativa, entonces ellos le doy clases de matemáticas, castellano, sociales, ética y de inglés”, narra.

Y llama a Tatiana. “Esta niña, por ejemplo, no asiste a clases en un colegio, tiene 13 años (aunque parece mucho menor) y tiene una válvula en la cabeza, en los colegios cercanos no la aceptan por eso y porque está muy atrasada en el aprendizaje, entonces yo lo que hago es tratar de nivelarla, como ella hay unos cuatro más que no asisten al colegio por que tienen alguna enfermedad. Nosotros queremos educar a los niños para que tengan un rumbo diferente a la violencia que vivimos”, comenta.

Esa pequeña “escuela” que Luis, sin siquiera haber estudiado pedagogía, improvisa afuera de su rancho y que decidió llamar “La casa de los sueños”, es lo más cercano a un colegio que esa pequeña de 13 años conoce, es su único chance de ir a clases. “Hay otro niño que es muy aplicado, me sorprende la forma en la que sabe inglés, con él especialmente me dedico al inglés, porque es muy bueno con eso”.

¿Quién ganará?
Luis Fernando afirma no saber bien quién lo nominó a los premios. “Sé que llamaron a mi celular para avisarme pero me lo habían robado. Un conocido vio que publicaron los nominados en una parte, él le comentó a una amiga, esa amiga le dijo a un amigo, y él fue quien me contó que estaba nominado”.

En este salón de la vieja casona del Centro Histórico, donde funciona la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena, y donde se entregarán en su primera versión los premios de esta noche, también está doña Minerva, hecha una manojo de nervios, esperando que su hijo gane.

“Si mi hijo está haciendo una labor buena, para mí es una bendición. Todo el mundo en el barrio lo quiere, porque él trabaja incansablemente por los niños, incluso domingos y festivos, sé que mi hijo va a ser una persona grande”, asegura.

El otro nominado en esta categoría es ‘Pan pa’ todos’, una fundación que “implementa estrategias que permiten mejorar la calidad de vida de las personas vulnerables y en situaciones poco favorables”.

Se acerca el momento de revelar los nombres de los ganadores, y Mafe, la presentadora, anuncia el veredicto: “Y el ganador es... Luis Fernando Martínez, con su iniciativa de ‘La casa de los sueños’”. Luis salta y grita emocionado. “Quiero que esto inspire a otros niños a soñar más, a convertirse en algo más, que sean los autores de un cambio social. (…). Me disculparán, estoy algo nervioso, la verdad, y cómo no estarlo si he dado un paso más en mi vida, muchísimas gracias”. Su mamá lo abraza y llora, no le duele, está orgullosa.

Más ganadores
Esta es la primera entrega de “Mi apellido es Cartagena”, de la Sociedad de Mejoras Públicas. Las otras categorías premiadas fueron Sostenibilidad Ambiental, ganada por Isabel Romero Mercado, una dirigente comunal con 8 años de trabajo por las zonas verdes del barrio Martínez Martelo; y la categoría de Patrimonio Inmaterial, ganada por la iniciativa ‘Bailar para mejorar el mundo’, de Duván Muñoz Chacón, un joven de 17 años habitante del barrio Nelson Mandela, quien cree que mediante las artes, en especial el baile, se construyen valores y estos a su vez permiten la formación mejores seres humanos. Los tres ganadores recibirán un premio de 2 millones de pesos representados en insumos para sus proyectos.
 

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