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Magaly Barrios, la abogada detrás del consultorio jurídico en vivo

Desde hace cinco años, cada sábado esta abogada se ha convertido en una guía para radio escuchas que buscan solucionar problemas jurídicos. Es la voz del programa Consultorio Jurídico, de Radio Esperanza.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

18 de julio de 2021 12:00 AM

En un mundo en el que los justos pagan por pecadores y donde los pecadores no siempre son castigados, cualquier pizca de justicia es válida. Esta, más allá de una pizca, es más bien un pequeño o gran torrente constante que busca aliviar pequeños “incendios” ocasionados por la sed de conocimientos jurídicos que padece la mayor parte de nosotros.

Al edificio blanco del barrio Manga hemos llegado durante la tarde de un jueves, Magaly nos recibe en su apartamento: “Yo, cuando te leía en el periódico, no sé por qué pensaba que eras moreno y de cabello rizado. Vamos a ver que eres distinto y más joven de lo que imaginaba”, me dice, ríe y nos invita a pasar a mí y a Zenia, la reportera gráfica, a un estudio donde funciona su oficina. Es un lugar en cuyas paredes hay colgados pasajes bíblicos y algún diploma. De entrada, Magaly nos narra que ella es nacida y criada en Torices, en la calle Santander, que pudo graduarse del bachillerato validando en el Liceo de Bolívar, luego del Sena como secretaria, y que fue trabajando en ese mismo oficio, en la Universidad de Cartagena, cuando decidió presentarse en la carrera Derecho, pues la amaba y la ama.

Magaly se levanta de la silla detrás de un escritorio para buscar entre sus archivos de su hoja de vida un papel donde nos enseña parte de su experiencia laboral. Ha sido Juez Promiscuo Municipal de Turbaco, Juez Segundo Civil del Circuito de Cartagena, Juez Segundo Civil del Circuito de San Andrés, Juez Cuarto de Instrucción Criminal Radicado, Juez Civil de Circuito de El Carmen de Bolívar, fue directora encargada de la cárcel de mujeres de San Diego. Además de ser juez, por más de 16 años, también trabajó en el Consejo de la Judicatura, en la sala disciplinaria, donde “venía la cantidad de denuncias contra abogados” de los que le dan mala fama a la profesión.

Ahora es magister en Conflicto social y construcción de paz, y, también, locutora en un programa de radio. Cualquier día, recordando aquellas épocas en las que trabajó en la emisora Fuentes y cuando tuvo un programa en la Voz de las Antillas, se le ocurrió que podía volver a la radio. Lo hizo hace cinco años.

Todos los sábados, a las 8 de la mañana, a través de la emisora cristiana Radio Esperanza, la voz de Magaly Barrios Achog ha dado respuestas a cientos de interrogantes, de esos que tienen las personas que no conocen mucho sobre términos legales, que desconocen sus derechos, que no saben bien qué hacer, a dónde ir cuando se enfrentan a un conflicto personal, familiar, laboral, cuando deben enfrentar a la misma justicia, a la injusticia o al mismo Estado. Y la ven a ella como una guía. El programa se llama ‘Consultorio Jurídico’.

Cuando empezó, el programa era libreteado y la abogada daba respuestas a preguntas que le hacían previamente por escrito, sin embargo, debido a la cantidad de llamadas que recibían durante la transmisión, decidieron abrir los micrófonos y hacerlo en vivo y en directo. Hoy tiene una audiencia bastante amplia y ávida de resolver sus problemas.

“Vivo muy entusiasmada con el trabajo que estoy haciendo ahora. Yo soy cristiana de esas que creen que no solo es hablar de la palabra, sino de empezar a hacer el bien. Llega un momento en que la parte de litigios era bastante asfixiante, ahora, con la virtualidad, está peor, quien sufre más es la gente, el común. Esa persona que tiene un proceso en el juzgado y no sabe cómo va”, dice y agrega:_“La experiencia que me dio mi ejercicio en la judicatura me ha servido para ser una persona que responde a los interrogantes. Nunca me imaginé que toda esa experiencia me iba a servir ahora para guiar a tanta gente de por allá de la otra Cartagena, ¡tremendo! A personas invidentes, tengo cantidad de personas invidentes a las que les estoy haciendo gestiones, que no saben a donde dirigirse, otros desplazados, que no saben qué hacer porque no les llegan las indemnizaciones. Yo les hago esas gestiones y recibo es esa bendición de que un día salgo de la emisora y está una señora, con una cajita de chicharrones con yuca, para agradecerme, porque no tiene con qué pagarme. Eso me dan ganas de llorar. Son cosas que llenan”, describe.

Magaly Barrios, la abogada detrás del consultorio jurídico en vivo

Magaly Barrios en su oficina, en su residencia del barrio Manga.

La abogada Magaly es pensionada de la Rama Judicial y no aparenta los 69 años que tiene. Viene de una familia amplia, de ocho hermanos, pero de los que solo sobreviven tres. En esta misma oficina nos explica que una de sus hermanas, una adulta mayor de más de 70 años, hace poco tiempo sufrió el ataque de un habitante de la calle, que de la nada la agredió a garrotazos y le hizo perder la audición en un oído, caso por el que su familia adelanta un proceso judicial. Y nos habla también sobre el origen de ese deseo por ayudar.

“Es porque yo vengo de un barrio de un estrato muy bajo, de la calle Santander, de las lomas de Torices, donde se crió el Joe Arroyo, no es que venga con ese trauma de pobreza, sino que vengo con ese deseo de que al pobre hay que ayudarlo. Y si yo tuve la oportunidad de estudiar en una universidad pública, a mis raíces y mi etnia no las puedo olvidar”, precisa.

“Tú llamas a la emisora -continúa- y al aire me haces preguntas. La gente que llama es de estratos bajos, yo no he hecho plata con esto, sino que le estoy dando una satisfacción a mi ser interior y eso me ha dado que cuando la gente me pide cita presencial y quieren conocerme me dicen: Estás tan joven y yo les digo... si tú supieras que tengo 69 años. Es lo que haces para los demás lo que te llena por dentro. No basta con decir vamos a llevar mercados y regalos, porque el desconocimiento que tiene el pueblo es tremendo”.

Magaly ahora se levanta y saca de una pila de archivos una carpeta amarilla:_“Me llegó esto desde El Pozón, sector San Nicolás, cuándo una persona de ese barrio iba a pensar en sucesión, si allá todo el mundo está ilegal. La gente no ha legalizado -sus predios- porque no sabe por dónde va a comenzar el proceso y eso es lo que hago, enseñarles a hacer las cosas, establecer un orden, porque si no siempre vamos a ser un país subdesarrollado”, explica.

“Mi programa es solo de asesoría, no les cobro consulta, pero cuando ya llega el momento de alguna gestión, como por ejemplo, gastos notariales (o impuestos, declaraciones), ellos sí deben pagar eso. Yo les enseño cómo van a hacerlo”, asegura, aunque sí hay casos en los que los clientes quieren pagarle, ya sea con regalos o lo que bien le quieran dar.

Y_de inmediato saca otro de los archivos:_“Mira, esta señora, Francisca De la Espriella, es invidente, quedó así por una mala cirugía. Su casita la ha perdido porque ella no sabía cómo hacer y ahora está por allá, viviendo en una invasión, porque alguien se le metió a su bien inmueble que es en Los Calamares y yo le estoy haciendo la gestión”.

“Muchas personas llegan a mí porque escuchan el trabajo que hago los sábados. Mucha gente pregunta sobre cómo sacar a invasores de sus viviendas. Lo primero que les recomiendo es llevar el caso a las instituciones que gratuitamente tienen que prestar la atención del caso: Defensoría del Pueblo, Personería, a la Casa de Justicia, poner una queja contra una persona que le está perturbando su propiedad, comience por ahí, y siga el proceso y vamos viendo qué camino vamos a tomar”, relata.

Y me menciona otro caso, el de una mujer que vivía en la zona insular y a la que ayudó a alejarse del papá de sus cinco hijos, quien la golpeaba y maltrataba. Son casos de todos tipos por los que llaman a la emisora. “Tengo un invidente, se llama Clímaco Trespalacios, este hombre tiene un equipo de fútbol infantil, antes de la pandemia organizaba sus encuentros y torneos, pero cualquier día me oyó en el programa. Oyó un caso en que Colpensiones podía otorgarle la pensión a una persona que tuvo una discapacidad y había cotizado ciertas semanas. Clímaco nunca se había interesado en buscar su pensión porque decía que tenía doce años de estar ciego, nunca más había trabajado y pensaba que no podía hacerlo”, precisa. Finalmente, la abogada instruyó a la familia de Clímaco sobre cómo hacer para que lo pensionaran. “Y lo lograron, ahora recibe una pensión, de un salario mínimo, pero es una pensión”, destaca.

“He tenido la bendición de saber que hay gente que me llama desde por allá, desde el Chocó, campesinos estudiando a distancia y que no sabían cómo hacer para que una universidad de Medellín les reconociera unas materias (que les daban por perdidas), entonces yo les pedí todos los datos, hicimos el derecho de petición y les reconocieron las materias. Ellos está muy agradecidos. Lo que yo siento es algo muy profundo por el servicio, no lo hago por dinero, sino por la recompensa que viene de lo alto”, añade Magaly, quien en estos cinco años se ha convertido en una especie de abogada de los pobres.

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