‘Mamba’: nacido para brillar

05 de mayo de 2019 12:00 AM

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Es una tarde lluviosa, fría y melancólica, típica en Bogotá. Tomando una taza de café, Henry Auraad Rodríguez recuerda el calor y los colores de su Cartagena querida y, mientras ve caer las gotas de lluvia sobre la ventana de su apartamento, en Chapinero, pasan por su mente los momentos mágicos de su vida y se siente satisfecho.

Observa tranquilo los verdes cerros que rodean la capital y cierra los ojos; siente que así de grandes han sido sus sueños, y que poco a poco los está escalando. Su espíritu viaja en el tiempo y se ve siendo un niño que descamisado y a pie descalzo camina sin miedo por las destapadas calles del sector Ricaurte, del barrio Olaya Herrera, en Cartagena. Percibe el sol ardiente y la brisa que trae la ciénaga de la Virgen con sus manglares, que están a pocas cuadras de la humilde casa de madera donde creció. Escucha las voces de los vecinos alegres y trabajadores, los amigos del colegio y el infaltable baile de champeta que adorna el estrecho callejón donde no hay casi dinero, pero nunca falta la mano amiga y luchadora.

Sueño de boxeador

Ese niño que fue Henry creció rodeado de pasión por el boxeo, el deporte en el que muchos jóvenes de barrios populares ponen sus esperanzas para mejorar sus vidas, así les destrocen la cara a golpes. Era ya un adolescente cuando decidió que lo suyo era la disciplina de las “narices chatas” y se entregó por completo.

Dice en voz alta, y aún sosteniendo la taza de café: “Mi hermano mayor fue el primero que me llevó a entrenar. En el gimnasio del Pie de La Popa quisieron hacer de mí un deportista y lo que lograron fue que noqueara a la delincuencia, a las pandillas, a la violencia. Me convirtieron en un mejor ser humano.

“José ‘Panamericano’ Vásquez fue mi primer entrenador y aún lo veo como un padre... Yo perdí al mío cuando tenía nueve años”, dice Henry o ‘Mamba’, como le dicen sus amigos deportistas.

Todavía recuerda la voz de ‘Panamericano’ diciéndole: “Me dicen que eres peleonero en la calle y en el colegio, ahora quiero que pelees en un ring, que aprendas valores, que seas un valiente de verdad. Fuerte no es el que da puños, fuerte es el que dialoga, el que se detiene cuando ve que algo no le conviene. El que toma las mejores decisiones”.

Su mamá tuvo que hacer el papel de padre y madre. Trabajó duro para darle lo mejor a sus hijos y ahora, cuando tiene 35 años y un hijo adolescente, ‘Mamba’ comprende los sacrificios que pasó esa mujer de manos tiernas y carácter fuerte para sacarlos adelante, y no puede evitar las ganas de llorar.

Mientras se le infla el corazón por su madre, sus ojos se entristecen al recordar otra pasión: la música champeta. No solo soñaba con ser un peleador de gran nivel, también anhelaba cantar el género que lo hacía vibrar, por eso creó un grupo llamado Los Jordan, donde era líder el desaparecido cantante Jhonky (murió en 2005 tras recibir un balazo en el cuello, en la puerta de su casa, en Olaya Herrera).

Así que nuestro ‘Mamba’ comenzó a cantar y componer, logrando una estrecha amistad con el intérprete de ‘Te volaste la cerca’ y ‘La Fiscalía’... por eso recordar trágica muerte de Jhonky le retuerce las tripas e invoca las lágrimas. Como si fuera un álbum fotográfico o una grabadora, revela todo lo que pasó luego del asesinato de John Eister Gutiérrez Cassiani, Jhonky, uno de los más grandes del género.

“Sentí que el mundo se me cayó encima y el grupo Los Jordan desapareció. Muchos de los artistas de ese grupo murieron por problemas de pandillas. Hubo tragedia tras tragedia y estaba bien deprimido, pero me volví a enfocar en el boxeo porque necesitaba dinero... me volví papá”, expresa.

Ahora quería ser púgil profesional y con un nuevo mánager se fue para Bogotá con un bolso que remendó con una aguja de coser zapatos y sin imaginar que sus puños abrirían una enorme e inesperada puerta que hoy lo tiendo viviendo un idilio.

Es difícil comenzar de cero en una ciudad tan diferente, pero ‘Mamba’ se llenó de motivación gracias a su pequeño hijo. Ya en Cartagena había vendido zapatos y cuadernos en el Mercado de Bazurto, ahora estaba decido a dar su último asalto.

A sus negros ojos regresa la angustia de los días de luchas intensas y entrenamientos en el gimnasio bogotano, pero también vuelve el brillo de la esperanza al recordar el momento que dio los primeros ‘puños’ en la actuación, una puerta que se abrió para no cerrarse nunca más.

“Alguien me dijo que necesitaban un extra boxeador para unos capítulos en la novela ‘A mano limpia’. Yo fui y me gustó. Luego en el canal RCN estaban dando becas para estudiar actuación gratis, me metí y me gradué. Eso se lo debo al también actor Sebastián Vega, quien en esa novela hacía el papel del ‘Baby’, expresa emocionado Henry.

Su vida cambió con ese extra. Luego de graduarse de actor, aprovechó otra oportunidad y empezó a estudiar producción de cine y televisión. Consiguió un papel para actuar en la novela ‘Pambelé’, la producción ‘Déjala morir’ y la recién lanzada serie ‘3 Golpes’, del canal Telecaribe.

Su último gran logro fue actuar en la cuarta temporada de la exitosa serie internacional ‘Sin senos sí hay paraíso’, que se estrena en pocos meses en más de 20 países, y pronto comenzará a grabar escenas para una película colombo-española, pero tiene claro que el boxeo está ligado a sus triunfos como actor.

“Está tan unido todo que la mayoría de mis papeles son de boxeador, siento que le he ganado una pelea a la vida, y es que me alejé de las cosas malas y enfrenté las adversidades, también siento que paso en una constante pelea por mis metas y eso me motiva, porque aunque soy actor, nunca dejo de entrenar y aprender”, manifiesta con una sutil sonrisa.

Sigue la escena

Ha dejado de llover y Henry, aún frente a la ventana de su apartamento, ve cómo aparece el sol naranja entre las nubes. Ya no tiene frío, traer a su mente su vida en Cartagena le ha llenado de calor, y sobre todo de motivación. Está contento, le faltan pocos semestres para ser productor y ya saborea su viaje a España en 2020, donde espera especializarse como director de cine.

Ya no tiene las mismas necesidades de antes y su madre tampoco. Se siente un buen olayero, porque a donde va deja claro que en su tierra, y con su gente, formó lo que ahora es. Sueña con ser ejemplo para los chicos de su sector y, por qué no, hacer una escuela de actuación y enseñar todo lo que la academia y la vida le han mostrado.

No se cree el cuento de la fama, por el contrario, le huye, y asegura que casi nunca se presenta como actor, sino como boxeador, la profesión que le cumplió los sueños de conocer países como México, Estados Unidos y España, pero que le demostró que el sacrificio es la madre de todas las victorias, sea en un ring o en un teatro.

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