Mario Restrepo Botero: el padre que escribe cuentos

28 de abril de 2019 12:00 AM
Mario Restrepo Botero: el padre que escribe cuentos
El padre Mario Restrepo Botero se ordenó como sacerdote cuando tenía 28 años.//Foto: Zenia Valdelamar - El Universal.

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-Mamá, papá, el padre Mariño me invitó a que estudiara en el seminario de La Ceja (Antioquia), ¿ustedes qué piensan?

- Ah, qué bueno, mijo. Vamos y hablamos con el padre Mariño.

A los 12 años, ¿qué puede estar pensando un niño? Mario Restrepo Botero tenía esa edad cuando le pidió permiso a sus padres, dos antioqueños de pura cepa, para irse a un internado. “Me crié en Ayapel, una calle del Centro de Medellín que para mí evoca toda mi niñez”, me dice.

¿Qué le recuerda esa calle?

Mario, el niño que lleva dentro, suspira profundo y corto antes de responder: “Muchas cosas, mi primer amor, una niña que vivía por ahí, de esos amores infantiles que uno no olvida nunca; mis primeros años de estudios, mi primaria, mis travesuras infantiles, la familia; éramos siete hermanos, recuerdo a todos los vecinos que había casa por casa. Ya hoy Ayapel desapareció, se convirtió en comercio, más que todo”.

¿Cómo termina un niño de solo 12 años queriendo ir a un internado? El sacerdote Mario es un señor bonachón, de cabellos blancos y voz tenue, pero con un marcado acento paisa. Tiene más de 70 años y ha educado a decenas de generaciones en varias ciudades de Colombia, entre ellas Cartagena.

“Cerca de la casa había un colegio salesiano que se llamaba Pedro Justo Berrío, hacían un catesismo y uno de los padres me invitó al Seminario Menor de La Ceja. A mí me entusiasmó por la aventura más que por cualquier otra cosa, me compenetré mucho con los salesianos allá, me invitaron a pertenecer a la vida salesiana y ahí empezó la historia. Hice el bachillerato en el Aspirantado Salesiano de La Ceja.

¿Qué hizo que le gustara?

-La misión de educar a la juventud, eso me fue entusiasmando, además de la figura de San Juan Bosco, su filosofía y la vida en comunidad. Pudo haber sido difícil pero no, eso hizo que a mí no me diera tan duro la salida de mi casa, tenía 12 años. Mi mamá me comentaba que le extrañaba que siendo tan niño no me ponía a llorar, sino que me acomodé muy fácil. Es más, un hermano mío también se fue después al seminario pero no duró sino una semana.

Tenía 28 años cuando se ordenó como sacerdote, tras cursar cuatro años de teología en Medellín, en la Universidad Bolivariana. Para entonces la vida de este antioqueño ya se había entrelazado con Cartagena.

“Estuve aquí después de estudiar filosofía, en una práctica pedagógica en el Colegio Salesiano, en 1967 y 1968. Luego terminé teología y me mandaron recién ordenado para acá, estuve 12 años la primera época, desde 1973 hasta finalizar 1984; primero como profesor de literatura y luego como rector, fui rector muy joven, a los 34 años. Después me fui para Roma a estudiar comunicación social en la Universidad Pontificia Salesiana, pude conocer Europa por tres años.

¿Comunicación social?

- Sí, siempre me gustó, además de mi carrera sacerdotal, la literatura y la comunicación social me entusiasmaba mucho.

¿Pensó en retirarse alguna vez del sacerdocio?

- Sí, sobre todo cuando empecé el último año antes de ordenarme. Uno ve ya un camino que es para toda la vida, el camino del sacerdocio. Es un año con muchas perspectivas pero también con muchos peligros, empecé a pensar que si no era mejor retirarme y conseguir una esposa. Hasta le escribí una carta a mi papá comentándole, me dijo que lo pensara bien, que si no iba a ser un buen sacerdote mejor me retirara, que era mejor un buen ciudadano que un mal sacerdote. Tomé el camino de ser sacerdote y desde ahí nunca he tenido la tentación de retirarme, ni me he aburrido. He estado siempre contento desde que me decidí del todo, lo más complicado, el desafío, ha sido la vida de comunidad que uno lleva, que cuando uno se mete a la comunidad salesiana renuncia a la familia y encuentra uno otra familia. Llevo 46 años de sacerdocio y no recuerdo que en ningún momento me haya arrepentido de haber tomado este camino, me he sentido muy contento y realizado con lo que estoy haciendo.

Y sus papás, ¿siempre estuvieron de acuerdo?

- De todas maneras, en Antioquia, tener un hijo sacerdote para los papás es como un orgullo para la familia, por eso siempre encontré el apoyo en ellos.

El padre Mario, en 46 años, ha dirigido colegios salesianos en Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena con una vocación basada en la amistad, el respeto y en la fe. “Estuve aquí, después de 30 años he vuelto al colegio de Cartagena, por un periodo de seis años y este es mi último año aquí. Yo siempre soñaba que estaba aquí otra vez”, dice y relata que es una satisfacción... “Muchos de los alumnos son hijos o nietos de mis alumnos de hace tantos años, a muchos de los papás yo les di clases, entonces muchos de estos estudiantes son como mis nietos”.

¿Qué significa Cartagena para usted?

-Significa un hechizo, un paradigma de lo que ha sido mi vida de educador, de relación con la gente en el campo de la literatura; precisamente pensando en ese campo de la literatura fue que alguien aquí, un exalumno, me preguntó que por qué no escribía lo que yo les enseñaba y lo publicaba. Entonces me di a la tarea de escribir seis tomos de una historia de la literatura que he llamado la ‘Aventura Literaria’, donde revivo mis clases pero en forma fantástica, a manera de un viaje, pero partiendo siempre de Cartagena y llegando siempre a Cartagena, ya se publicó el primer tomo y lo más seguro es que el segundo llegue la semana entrante. En todo, Cartagena ha sido paradigma de mi vida de sacerdote, de escritor; he tenido alumnos que ahora son grandes amigos, como Pedro Badrán, Ramón Expósito; recuerdo mucho a Mario Ramos, al periodista Miguel Yances, a Iván González, a Eduardo Hernández, además de mucha gente que ha pasado por aquí, como Juan Carlos Lecompte. Ha habido gente que realmente le ha dado lustre al colegio, Sergio Londoño, que fue Alcalde encargado, es hijo de Sergio Lodoño, quien también fue alumno de acá. (...) Es interesante mirar las dos generaciones, los muchachos de ahora se encantan al oír hablar a los de antes, por ejemplo, aquí estuvo el empresario Carlos Nordmann, que les contaba su historia de cómo fue surgiendo; Mario Zapateiro, que trabaja restaurando monumentos; el gerente de Aguas de Cartagena, Álvaro Vélez, y Juan Carlos Espinosa; ese testimonio de ellos narrando su época pasada, no se me hace muy diferente a la formación de ahora.

¿Cómo empezó en el campo literario?

-Desde siempre me ha gustado. Me impulsó mucho para que escribiera cuentos un amigo que se llama David Jiménez. Me entusiasmé con la lectura, empecé a escribir cuentos y un diario. Mandé por primera vez un cuento a un Concurso Nacional de Cuentos, con sorpresa mía quedó entre los doce finalistas y, en ese momento, estaban compitiendo grandes narradores colombianos. Así que seguí participando en concursos y con gran sorpresa vi que los cuentos míos quedaban entre los finalistas en concursos como Julio Vives Guerra, Palabras Autónomas... siempre me ha ido bien, siempre. Llegué a compilar mis cuentos en ‘Mis tejedoras de sueños’. Ahí recopilo los cuentos desde que estaba estudiando filosofía, de distintas épocas y escritos en distintas ciudades del mundo y de Colombia, luego me puse a explorar otro tipo de narrativa basada en los sueños.

Escribir sobre
los sueños

“Mire, es este, si gusta se lo regalo”, me dice el padre Mario. Me muestra ‘Mis tejedoras de sueños’. Abro al azar cualquiera de ellos y me encuentro con ‘El recuerdo fugaz’, es sobre aquella última vez que vio a Dora, la niña de quien hablaba al comienzo de esta entrevista. “Ah, sí, ese es sobre esta niña de la que te hablaba, de cuando yo estaba niño. Es un recuerdo de la infancia que escribí, después empecé a explorar el sueño como cuentos con: ‘Los sueños son cuentos’, ese libro lo publicó Editorial Planeta hace dos años, esos dos libros son de narrativas; también publiqué ‘De camino’, una serie de diarios míos, los llamo mis memorias, donde voy contando mi experiencia de vida en todo sentido, como sacerdote, como ciudadano, esta colección está en distintas épocas de mi vida”.

Entre muchas otras cosas, el sacerdote Mario me cuenta sobre su estancia en Roma, el día que conoció a Juan Pablo II, y que el Sumo Pontífice le obsequió dos rosarios. O sobre sus épocas como rector en su natal Medellín, cuando el orden público en el país era convulso.

“Me tocó tomar decisiones difíciles. Cuando estuve como sacerdote en Medellín me tocó la época de Pablo Escobar; la juventud de esa época, cuando estaba el sicariato en todo furor, dudaba si meterse al sicariato o seguir estudiando. Recuerdo el caso de un muchacho que un día llegó con muletas, diciendo que se había caído, pero los compañeros lo delataron, sabían que andaba trabajando para Pablo Escobar y que le habían dado un tiro. Al final, el muchacho perdió el año, la mamá me montó la perseguidora que teníamos que recibirlo, debimos pasarlo al horario nocturno y al final se compuso”.

También me cuenta sobre Fernando Botero, no el pintor, el cantante. “Aparezco yo en el video musical, en YouTube, si usted busca Fernando Botero, el cantante, un amigo mío, hay una canción que grabó en Medellín y yo estuve en el video, porque el tema era como de una monja que se sale del convento, aparezco confesándolo y dando la bendición cuando se casan. Es una música bonita, lo filmó en una capilla salesiana en Medellín, donde yo hice mi primera comunión”.

¿Y qué pasó con Dora...?

- Dora... nunca la volví a ver, me hubiera gustado volverla ver, se me desapareció del mapa. Debe estar en Medellín, le perdí la pista, me encantaría volverme a encontrar con ella, ver cómo está, son de esos amores que le quedan a uno en el corazón, que no se van nunca. Nunca pude tener una foto de ella, cuando hizo la primera comunión, me decía que me iba a regalar esa foto pero al final no se dio. Yo le he dicho a una hermana mía y le pregunto que por qué no llama a una emisora de esas y diga el nombre de Dora, pero como que se le ha olvidado.

¿Cómo se llama?

-Dora Beatriz Correa, creo que es posible que la localicen.

¿Lo hubiera hecho dudar?

- No creo, la figura mía para ella ya después era de sacerdote, y yo también la veía solo como ve un sacerdote. Me imagino que se casaría, tendría su familia, no creo que me hubiera hecho dudar.

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