Facetas


Martín Madera, el artista que resucitó

Venció al fantasma del virus que ha paralizado al mundo y resucitó como el Ave Fénix, de sus propias cenizas, después de más de ochenta días de estar hospitalizado.

GUSTAVO TATIS GUERRA

18 de octubre de 2020 12:00 AM

Martín Madera ha resucitado. El músico de Magangué, ganador del Premio Grammy a la Mejor canción latina 2002 por ‘Déjame entrar’; autor de temas que ya están en el corazón del mundo, como ‘El amor de mi tierra’, ‘Tu amor eterno’, ‘Luna nueva’; ‘Yo loco y tú luna’, entre otros que han sido interpretadas por Carlos Vives, Adriana Lucía, Moisés Angulo, Gussi y Beto, Juan Carlos Coronel, Iván Villazón, Los Betos, entre otros. Y autor de fusiones entre porro y rock (Porrock): ‘De Sincelejo a South Beach’, ‘Puya sabrosa’ y ‘Fandango sinuano’, venció al COVID-19, luego de 49 días hospitalizado. Regresó a la vida con nuevas perspectivas artísticas y una fortalecida y conmovedora dimensión humanística.

Este es el testimonio que nos ofrece luego de una larga y sostenida conversación de varios días:

Plegaria inicial...

Lo primero que escribí, cuando estuve cuatro días en el hospital sin intubación, fue para pedirle a Dios, a Jesús de Nazaret, que siempre he sido un admirador y ferviente seguidor de su doctrina del amor. Entonces escribí poco antes de entrar a cuidados intensivos: “Jesús salvador, ¡inspírame! ¡Jesús salvador, siempre conmigo!”. Eran muchas imágenes las que revoloteaban cerca a mí en ese proceso de entrar al hospital. Siempre me sentí acompañado de personas a las que yo había colaborado, pero no solo personas, sino también imágenes como salidas de un sueño, santos y ángeles que me protegían. Fíjate que yo soñaba con la Virgen del Carmen, soñaba que era mariano acompañado de una multitud de gente que estaba rezando por mí y eso estaba ocurriendo en verdad fuera de la sala donde yo estaba entubado. Sorprendente. No veía a Jesús en medio de ese ambiente de sueño, pero lo sentía muy cerca y tenía la certeza de que las figuras que hablaban le decían: “Él es de Jesús”, y esas voces se me repetían, “Él es muy cristiano”, era una protección divina. En esas voces estaban los familiares que tenían un gran temor, mis hijos, mis sobrinos, mis hermanos, amigos.

A veces soñaba cosas terribles que me asustaban, era algo extraño, soñaba al revés y soñaba como si no me quisieran, definitivamente el demonio hace sus labores, pero era todo lo contrario, era demasiada gente queriéndome. Eso me asustaba tanto que salí con los nervios destrozados. Imagínate, sintiéndome solitario en ese estado en algunos momentos, tuve un ángel protector que no me permitió sentirme solo, fue mi esposa, ella se puso al frente de todo. Cuando se solicitó la sangre había tanta gente deseando enviarme la suya para que no sucumbiera. Mucha gente orando, Jesús y la virgen conmigo. Y lo que prevalecía en medio de las tinieblas del entubamiento, fue que era un protegido. Estuve 43 días hospitalizado. De esos, 29 en cuidados intensivos y 4 en cuidados intermedios.

Lo que pensaba

Lo que más pensaba era si había valido la pena haber hecho lo que había emprendido a lo largo de mi vida. Qué tipo de música iba a hacer. Tenía un miedo terrible a no poder hacer nada cuando saliera. Una semana después de que me quitaron los tubos, estuve en vigilancia. Salí muy débil. Pensaba que, si pudiera volver a hacer cosas o replantear la vida, en principio, tenía una inmensa gratitud con Dios por estar vivo, por haber regresado y escuchar aquellas voces que me decían y repetían: “Usted es un ser misericordioso, Dios le ha dado su misericordia”, se me repetía, aquí estoy, rehabilitándome de la mano de los fisioterapeutas, mejorando bastante, muy contento con los resultados, la voz quedó bien y hay que esperar los tiempos necesarios para volver al ruedo de la música.

La experiencia religiosa

Hacer la retrospección de lo que he hecho es algo obligado. Nunca pensé que había hecho algo monumental, pero la vida me está diciendo que ese cariño de la gente es producto del amor que le hemos puesto a eso. Soy un defensor de los elementos naturales, la tierra, el aire, el agua, el sol. Como todo poeta. En un tiempo leí mucha poesía mientras componía. Estoy en mora de publicar los cien poemas que he escrito, pero ahora hay cosas que no me gustan. La espiritualidad es fundamental en mi vida. Lo que me mueve es cómo enseñar, cómo renovar la sociedad, cuando era niño le decía a mi profesor de primaria y a mis compañeros que yo quería estar en la historia, y los amigos se reían de mí. Los amigos del barrio no me creían. Nuestra gente en Colombia sueña poco, pero yo era de los que soñaba bastante. Después me dijeron: “Pasaste de loco a genio”, cuando se enteraron del Grammy. Siempre estuve ligado por religiosidad a la Virgen de la Candelaria. Mi madre recogía cada año con otras señoras para vestir a la virgen y toda la familia Viñas en Magangué ha guardado tradicionalmente la imagen de la Virgen, desde mi abuela, la imagen que sale en la procesión. Por ser de pueblo hemos estado ligados a esa religiosidad. Estudié en colegio católico. Me gané una rifa con el número seis, cuando estudiaba en primero elemental. Y me gané el Niño de Jesús de Praga. Íbamos cada domingo a misa.

‘El amor de mi tierra’

Es una de mis canciones predilectas. Me demoré mucho en componerla en todo sentido. Es una canción que la han grabado cinco grupos internacionales: en Brasil, Haití, Bolivia, Portugal, Colombia, entre otros. Es una música que se ha metido profundamente en el mundo y por su letra y su música espectacular. He vuelto a escucharla y la dimensión de su letra me impresiona muchísimo porque dice cosas profundas y hermosas. Hay otra canción que es un modelo de vida que me gusta mucho, la he analizado, la compuse para mí y la canto yo: en estado natural.

Todo eso me sacude el alma porque siempre he pensado que soy un conductor de lo que me llega de arriba, esa energía celestial y uno dice cosas que al leerlas se pregunta: ¿esto lo hice yo? No soy tan poeta como para decir esto, pero Dios lo quiere así. Replantear mi vida es darme más tiempo para mis hijos, darme más tiempo para mí, a mi familia, hacer cosas más justas y necesarias, no he sido vanidoso en mi vida, pero sí replantear que mientras estemos más centrados en nuestra casa, en el amor, dejarnos de egocentrismos y vanidades, y profesar más el amor, que es lo único que nos puede acoplar a todos. Más amor para todos y estar con Dios.

La sobriedad

Ahora sí que menos, no quiero saber de nada que tenga que ver con la bohemia. Antes de esta experiencia vivida, yo me tomaba dos o tres copitas de vino, pero nada de ron. La borrachera no funciona. Perder los estribos tampoco. No he sido así. Pero algo que no quisiera volver a hacer es ser jurado de algún concurso. Es una experiencia que veo ahora nada constructiva, porque el que concursa quiere ganar y tú, como jurado, al ver una falla lo tienes que sacar y eso hace daño para personas que no tienen la capacidad de superar esos momentos.

Canción a los héroes invisibles

La primera canción que se me ocurrió al salir del hospital fue para agradecer. Yo venía trabajando en una canción en que estábamos en deuda con Dios, una canción de adoración y alabanza en formato de chandé. La estoy revisando ahora y es una canción de mucha alegría. Una de las cosas grandiosas que me ocurrió como experiencia fue ver el trabajo extraordinario de los médicos y las enfermeras. También haré una canción, tengo un título ya, sobre el valor del amor que le profesan a uno en un hospital, la ternura, la comprensión y el espíritu de quienes protegen, defienden y luchan por la vida. Eso en la letra de las canciones. En cuanto a la rítmica y sonoridad, vamos a seguir trabajando en la música ancestral, en la música nuestra, dándole el valor necesario de lo que hemos heredado, hay mucha gente trabajando en nuestra música. Es una alternativa. Arrancaremos con un sencillo. Yo tenía una canción que no la había publicado antes del COVID-19. El otorrino me dijo que debía practicar, hacer ejercicios y con cuidado, ya podré cantar muy bien en cinco o seis meses. Ya puedo cantar, pero interpretar las partes altas me queda todavía difícil por la debilidad de los pulmones. Mis canciones son para que todo el mundo las quiera y las pueda cantar y bailar.

Epílogo

La música late en cada una de sus palabras. El río de su infancia está allí, esperando que siga musicalizando sus milagros. Y el ángel, el de los días en que estuvo muy cerca a la muerte, mueve con la brisa sus alas. Deja sobre sus labios un secreto que se volverá música.