Melody Cabrera, una científica cartagenera en Sapporo

23 de septiembre de 2018 12:30 AM

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Al otro lado del mundo, tras 23 horas de viaje, Melody Christine Cabrera Ospino ha aterrizado en Sapporo, una metrópolis japonesa de 2 millones de habitantes. En esa ciudad se ha encontrado con gente que no sabe que Colombia existe y con otros que confunden a Estados Unidos con toda América, con quienes ven con extrañeza sus cabellos rizados, con personas muy tranquilas y amables. En esa ciudad, en la Universidad de Hokkaido, a excepción de una profesora caleña, Melody es la única colombiana y llegó hasta allá con mucho esfuerzo para cumplir su sueño. Ella se empeñó en perseguir su pasión: investigar a las bacterias para ayudar a cambiar vidas.

Una obsesión
¿Cómo se convirtió en científica? Melody, criada en el barrio Manga, de Cartagena, no era ni la más ni la menos aplicada en el colegio Eucarístico, pero siempre tuvo claro su objetivo. “Yo le decía a todo el mundo: ‘Voy a ir a Japón’, la gente decía: ‘Esta mujer está loca’ ”, recuerda. Ese gusto por el país asiático nació viendo ánime en televisión y se conjugó con otra pasión enigmática para ella. “En noveno grado quería ser ingeniera genética, porque en biología leí que utilizaban bacterias para producir insulina. Me pareció chévere eso de modificar un microorganismo para producir una sustancia en una persona”, recuerda. Y ese pensamiento no se desapareció.

“Al graduarme, no quería salir de la ciudad. Intenté estudiar medicina y no pasé el examen. Entonces estudié bacteriología, pero en la universidad esa carrera estaba más enfocada a la salud, muy pocos profesores motivaban a investigar esa parte que a mí me interesaba, excepto uno, Gustavo Echeverry, un poco irreverente él. Siempre trabajé con él, me enseñó a leer artículos científicos y muchas cosas. En tercer semestre, me enteré de una beca de la Embajada de Japón para hacer un doctorado. Pensé que si tenía experiencia en investigación podía aspirar a la beca”, narra. Entonces, arrancó esa paciente carrera para llegar a sus metas: la beca y Japón. “En vez de hacer una tesis sobre enfermedades parasitarias en Cartagena, mi tesis específica era aislar bacterias marinas que inhibieran el crecimiento de otra bacteria que contamina el agua, que es la E-Coli, esa fue mi primera experiencia. Los resultados eran bonitos, eran las ganas de hacer algo. Hice algo totalmente diferente a lo que generalmente hacían en las tesis en la San Buenaventura. En la sustentación, los profesores me dijeron que eso no tenía salida, yo respondí que a mí me gustaba. Al final me graduaron”.

A Medellín
Para aspirar a la beca que quería en Japón, Melody tenía que aprender mucho inglés, cursar una maestría y tener experiencia investigativa. “Mi idea era seguir con biotecnología, el uso de microorganismos para un bien o un servicio, usar esa bacteria para remover o degradar algún contaminante. Donde había la maestría era en Medellín”, dice. Necesitaba el aval de un grupo de investigación para ser aceptada en la Universidad de Antioquia, pero los cupos estaban llenos. “Un día, un profesor me llamó y dijo que me tenía un cupo de una estudiante que había salido embarazada. Me daba el cupo, pero no trabajo”, recuerda. El primer año fue el más complicado. Como no tenía empleo, la cartagenera necesitó otro crédito del Icetex, entidad a la que todavía debía su pregrado.

El segundo año, Melody consiguió patrocinio de Jóvenes Investigadores e Innovadores, de Colciencias, y eso le permitió tener un salario, pagar su maestría y mudarse más cerca del laboratorio de investigación.

“Después continué trabajando como microbióloga en un proyecto de inspección de piscinas y haciendo la maestría al mismo tiempo. Incluso me vine para Cartagena, tomé muestras para mis investigaciones. Todo, con Japón siempre en mi mente. Me gradué después de cuatro años, me presenté a la beca y no pasé porque no había pagado el 50 por ciento de mi deuda con Icetex. Seguí trabajando para pagarla y había podido ir a España a hacer una conferencia sobre mi tesis de maestría, tenía todos los requisitos. Cuando me presenté a la beca por segunda vez, en 2014, competí con unas 50 personas, solo dos costeños, un barranquillero y yo. Hice la entrevista y dije lo que quería, aprender para regresar, porque hay tantas cosas que podemos hacer en Cartagena. Los señores sonrieron y a la semana salieron los 6 seleccionados. Me puse a llorar de felicidad. Estaba súper feliz, mejor dicho, me iba para Japón”.

Ecología microbiana
En la Universidad de Hokkaido, Melody cursó un doctorado en ciencias ambientales, con enfoque en ecología microbiana. “Hago una parte más aplicativa, allá por fin pude utilizar la ingeniería genética con la que soñaba en el colegio, puedo manipular a la bacteria. En el pregrado trabajé sobre descontaminación de hidrocarburos, en la maestría me enfoqué sobre hidrocarburos aromáticos, que producen cáncer. En el doctorado me encargaron trabajar con arsénico, que es un contaminante de las aguas subterráneas en muchos países de Asia. Es muy tóxico”.

Su investigación es sobre bacterias que oxidan el arsénico, mediante una enzima identificada por científicos hace menos de 10 años. Según explica, ella pudo “aislar una bacteria capaz de oxidarla, utilizando una variante del gen que codifica esa misma enzima, tratando de develar el metabolismo microbiano del arsénico”. Hace poco sustentó su tesis y se graduaría mañana. La Universidad de Hokkaido le ofreció estudiar un post doctorado y regresó a Japón para terminar unos experimentos y publicar un artículo científico.

¿Cómo es la vida en Sapporo?
- Genial, allá todos son tímidos como yo (risas). No, mentiras, allá todos son callados, muy quietos. Parte de mí quiere quedarse en Japón, volverme más fuerte en conocimientos, conseguir contactos para traer investigadores a Cartagena, tan simple como ver ¿qué hay en el Volcán del Totumo? Otra parte de mí se quiere regresar a Colombia a hacer otras cosas.

“La gente piensa que el científico es el de las gafitas, yo era de lo más normal, no era ni la mejor ni la peor estudiante, me esforzaba porque quería conseguir la beca. Lo que llevo no es nada, no es que haya descubierto algo súper grande, pero todo esto es chévere, da ganas de continuar. Si uno se lo mete en la cabeza, si uno trabaja y trabaja, cuando menos se espera, uno está haciendo lo que pensó”.

Sobre la bahía

Melody Christine ha estudiado el agua en la bahía de Cartagena. Además trabajó para el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas (CIOH), y publicó un artículo científico para la revista de esta entidad, sobre estudios de una bacteria y la degradación del petróleo. “En la bahía, aunque está contaminada, las bacterias son capaces de acomodarse y eliminar el hidrocarburo. Pero aquí no hay las herramientas para eso. Sí hay microbiota capaz de utilizar los hidrocarburos, si las universidades se lo proponen, lo pueden hacer. Eso se llama biorremediación”, afirma.

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