Facetas


Miniaturas que conservan la esencia de San Jacinto

Hader Fernández Mercado, de 37 años, conserva la tradición de fabricar artesanías en miniatura en San Jacinto, un oficio que, según él, debe cultivarse.

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

03 de enero de 2021 08:39 AM

Si alguna vez tiene la oportunidad de ir a San Jacinto, se dará cuenta de que en cada hogar hay de adorno en miniatura de casitas tradicionales coloniales e instrumentos musicales, donde no puede faltar la gaita; también verá pequeños telarcitos que rememoran el arte de ese pueblo de los Montes de María.

Detrás de esas creaciones están artesanos de todas las edades y uno de ellos es Hader Luis Fernández Mercado, de 37 años.

Tiene un encargo por delante, a eso va, es un trabajo que le da orgullo y saca un momento para responder la entrevista. Su taller está en la tradicional calle 23 del barrio El Porvenir, en San Jacinto. Trabaja rodeado de virutas de madera, de donde salen recién pulidos los cuerpecitos de los tambores y las vigas de las casitas tradicionales. “Todas mis creaciones son basadas en objetos de tamaño normal, mis telares en miniatura tienen todo lo que tiene un telar en la vida real, pero la elaboración de instrumentos fue mi inicio, es por eso que hago gaitas, maracas, tambor alegre, tambora, llamador y todo lo que tiene que ver con música folclórica”, empieza.

Comenzó hace 17 años, fabricando instrumentos (oficio que aún practica) y desde hace tres años empezó con las artesanías en miniatura.

Aprendió mirando a quienes, tradicionalmente, han elaborado instrumentos en el pueblo, como el artesano Carlos Yepes.

Le ha gustado hacer estas mini -creaciones porque es como un pedacito de San Jacinto que cualquier persona puede llevarse a su casa. “Es un recuerdo de esta bella tierra, cuando el foráneo pasa por aquí, y aquí mismo, en el pueblo, es tener un pedazo de nuestra cultura en la casa”, añade.

Poco a poco, Hader ha ido corrigiendo detalles y adaptando sus creaciones con nuevas técnicas, pero cree que es importante que este tipo de artesanías se conserve así... con una esencia. No ha tenido la fortuna de participar en ferias y concursos, pero sigue trabajando y espera que se presente esa oportunidad más adelante.

El secreto del éxito de esta pequeñas piezas, según este joven maestro, es que las artesanías tengan buenos acabados, que resalten lo que es la cultura y el día a día del pueblo de origen, “dado que en San Jacinto, todo gira en torno al arte, además del folclor”.

Orgulloso, les enseña a sus hijos el oficio, pues la idea es que vayan aprendiendo poco a poco y, pese a que no sea parte de su vida como negocio (si no lo escogen), espera que puedan tener la oportunidad de conocer la forma en la que se vive en San Jacinto y se sale adelante con la artesanía.

“Todo lo que tiene que ver con la cultura y la música debe que seguir cultivándose. Creo que ya los jóvenes no le ponen tanto amor a este tipo de trabajo. Yo soy partidario de que se cree algún tipo de escuelas de enseñanza, de formación, para que los jóvenes tengan en cuenta que nuestra cultura y raíces deberían prevalecer”.

Precios y un negocio sostenible

“La elaboración del número de piezas diarias tiene que ver con la cantidad que pidan, yo, por ejemplo, puedo sacar una docena de estos telarcitos pequeños y sí, es un trabajo que lleva muchísima paciencia y hay que ser muy creativos, tener muchas ganas de hacerlo. Sobre todo tener amor y mucha paciencia, como ya dije”, enfatiza.

Los precios se fijan en su taller según el tamaño y la complejidad de la elaboración, y varían desde los 6 mil pesos, 10 mil, hasta los 60 mil pesos. En la elaboración de un instrumento se beneficia mucha gente, al final se convierte en una cadena: desde quien va el monte a cortar la madera, hasta la persona que recibe el producto ya terminado, dice el artesano.

Hader sigue fabricando instrumentos musicales, pero decidió aprovechar la madera sobrante de esos productos para fabricar estos, más pequeñitos.

“Sentí que había mucho desperdicio de materia prima de esos instrumentos grandes”, sostiene.

“La idea es hacer mi trabajo lo más sostenible que se pueda, aminorar el impacto ambiental negativo. Para elaborar las piezas pequeñas, a medida que voy haciendo los instrumentos grandes, voy dedicándole tiempo también. Cuando tengo ya bastantes hechas, le dedico el tiempo restante a lo que es armarlas, forrarlas y terminar lo que son los detalles, como pintar y eso”.

Además de su imaginación, la forma de los balcones coloniales se basa un poco en lo que hoy día es el Museo Comunitario de San Jacinto, “entonces, sí, he ido creando algunas cosas que tienen mucho que ver con la arquitectura de acá”.

Canta un gallo, son las 3 de la tarde.

No hay nada más satisfactorio que disfrutar del trabajo que lleva el sustento a casa y, como sanjacintero que es, Hader cumple su objetivo de una vida dedicándose a lo que le gusta.

“En estos momentos trabajo solo, pero, básicamente, inicio labores desde las seis y media, siete de la mañana, aproximadamente, hasta las cinco de la tarde. Cuando voy a ‘echar’ telares, que son cosas más cómodas, me pongo a trabajar en la noche, o hasta las ocho o nueve”, explica. “Cuando ya se tiene la práctica suficiente, se puede hacer a cualquier momento del día”.

No sería fácil para Hader decir qué instrumento le gusta hacer más que otro, por eso a todos les pone empeño. “Soy un enamorado de mi trabajo, amo lo que hago y pienso que por eso las cosas me salen bien”, finaliza.