Cuando el dinero es una condena de muerte

05 de mayo de 2019 12:00 AM

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Aunque parezca ficción, en varios casos familiares o parejas acuden al crimen con el único fin de cobrar una herencia o un seguro de vida. En Cartagena, el 10 de marzo de 2018, murió Cedulia Camargo Quiroz de un balazo en la cabeza. Esta mujer, de 67 años, era pensionada de la Policía y adquirió una póliza que tenía como beneficiario a su hijo de crianza, el que acogió como suyo desde los cuatro meses de nacido, al no tener esposo ni hijos propios. Él sería, según las investigaciones Fiscalía, el presunto autor intelectual del crimen de esa madre de la que también llevaba su sangre. Era su tía.

Según la Policía, el mismo sicario, tras ser capturado, confesó que el propio hijo de Cedulia, quien hoy está libre por vencimiento de términos, le habría pagado 2 millones de pesos para que materializara el crimen.

Otro caso muy sonado fue el de Germán Duperret, un empresario barranquillero de 64 años que fue asesinado en la Troncal de Occidente, en el sector conocido como la Cruz del Viso, mientras practicaba ciclismo recreativo, el 3 de abril de 2011. Su compañera permanente, una joven de entonces 26 años, al parecer, habría planeado todo junto a un infante de marina con el que sostenía una relación amorosa, de acuerdo con las investigaciones. Ambos también quedaron libres por vencimiento de términos.

En 2004, el actor Luis Fernando Ardila, recordado por sus papeles como Papi Juliao en la telenovela ‘Gallito Ramírez’; Cristo de Jesús, en ‘Alejo Durán, la búsqueda del amor’; o como el Coronel Leal, en ‘Pandillas, Guerra y Paz’ y en otras producciones, también fue asesinado para cobrar un seguro de vida que beneficiaba a tres de sus familiares y a un amigo con el cual vivía, a quien le correspondería la mayor parte y quien finalmente habría contratado a dos sicarios para que le disparan luego de salir de un teatro de Bogotá, dijeron en su momento la Sijín y la Fiscalía.

II.

El caso más reciente es el de Ilse Amory Ojeda, la chilena de 52 años que desapareció en Bucaramanga y cuyos restos fueron encontrados incinerados en el municipio de Rionegro, en Santander. Las indagaciones de las autoridades colombianas indican que su pareja, Juan Valderrama, colombiano de 29 años, el mismo que denunció la desaparición, que pegó carteles en varios sitios pidiendo información para encontrarla, e incluso dio declaraciones ante los medios, es el presunto autor del feminicidio ocurrido a finales de marzo pasado. “En febrero, la mujer había adquirido un seguro de vida cuyo beneficiario es el hoy capturado, por un valor de 100 millones de pesos”, declaró hace unos días el director de la Policía Nacional, el general Óscar Atehortúa.

III.

Según la Federación de Aseguradores Colombianos – Fasecolda, 2,8 millones de personas estaban protegidas con un seguro de vida en el 2018. Y de acuerdo con el ‘Estudio de demanda de seguros 2018’, elaborado por esa misma entidad y la Banca de las Oportunidades, “de cada 100 familias de ingreso bajo (que devengan menos de un millón de pesos), 14,9% tiene un seguro de vida. En las familias de ingreso medio la proporción es del 21,5% y en las de ingreso alto 42,6%”.

El abogado Especialista en Seguros, Juan Carlos Ramos Santamaría, explica que hay pólizas de carácter obligatorio (asociados a un crédito para amparar la deuda con la entidad financiera) y facultativos (que se adquieren de manera voluntaria), donde hay un asegurado/tomador y un beneficiario, que siempre será un tercero. Estos últimos, los relacionados con los casos anteriores.

IV.

¿Cómo hacemos para determinar quién es este beneficiario? Ramos indica que esto es opcional y que comúnmente los beneficiados son personas con las que se tiene una relación muy cercana. Pero recomendaría, como precaución, “verificar que efectivamente tengamos una relación afectiva muy importante con esa persona a la que estamos nombrando como beneficiaria. Que, en el evento que fallezcamos, esa persona no sufra un detrimento de carácter patrimonial, en el caso que seamos nosotros quienes aportemos a su vida o estemos a cargo de su manutención, pero como es un aspecto de carácter subjetivo, es muy complicado”.

V.

“Cuando una persona, independientemente de su género, mate a otra directamente o utilizando a otro y el móvil o intención sea obtener un lucro, se está ante el delito de homicidio agravado, de conformidad con el artículo 103 y 104 #4 del Código Penal, que indica: ‘El que matare a otro por precio, promesa remuneratoria, ánimo de lucro o por otro motivo abyecto o fútil, incurrirá en prisión de 400 a 600 meses”, explica el abogado penalista Enrique Del Río González.

Y añade: “En el caso que se opte por ultimar al asegurado para lograr los beneficios económicos de un seguro de vida, se estaría actualizando la conducta antes descrita y la compañía aseguradora no estará en el deber de cumplir con el contrato en la medida en que el beneficiario, mediante un reprochable crimen, haya intentado defraudar a la aseguradora. Generalmente, existen cláusulas en dichos convenios que eximen los pagos en estas circunstancias”.

Lo ideal sería beneficiar a personas que de verdad dependan ti. Pregúntate si realmente esa pareja o familiar que, como se refleja en estos casos, puede valerse por sí mismo, merece ser beneficiario de una póliza tomada por ti. Piénsalo bien.

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