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Mujeres que transformaron la yuca en San Jacinto

Diez mujeres emprendedoras, víctimas del desplazamiento, trabajan la yuca para crear harina y subsistir en medio de la pandemia.

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

27 de septiembre de 2020 12:00 AM

“Mi nombre es Rosmery Moreno Reyes, hago parte del grupo de mujeres de la Asociación de Mujeres Innovadoras del Campo”, empieza la emprendedora. Tiene dolor de estómago, no está muy bien de salud estos días pero está contenta de poder conceder la entrevista a El Universal, así que contesta con muy buena disposición.

Tiene 49 años, nació en San Jacinto Bolívar, pero vivió en la vereda Barcelona, de ese municipio; de donde tuvo que salir cuando la violencia se tomó el territorio.

“Al principio fue muy doloroso dejar todo lo que tenía para venir a un pueblo donde no estaba adaptada, pero al pasar del tiempo conocí a una organización llamada Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (Limpal Colombia) quienes me dióeron capacitaciones sobre mis derechos como mujer y víctima”, agradece.

Las capacitaciones cambiaron su perspectiva de la vida hasta ese momento, “me ayudó para salir adelante también, recibí ayuda psicológica en este proceso con esta organización y se unieron otras mujeres, así nos formamos para salir adelante”, añade.

Ella hace parte del grupo Mujeres Innovadoras del Campo, que poco a poco trabajan por un bien común: generar ingresos para su subsistencia y la de sus familia, por medio de la venta de la harina de yuca.

Con el producto que comercializan se hace el tradicional pan de yuca, galletas, pudines y un sinnúmero de productos.

“Con nuestro trabajo queremos demostrar que a pesar de todo lo que hemos vivido, somos mujeres que han podido superar los obstáculos, que nos hemos mantenido en pie y que cada día que pasa nos fortalecemos más”, dice Rosmery.

Son 10 mujeres: Yulienis López, Delfi Vides, Rosa Teherán, Daniris Reyes, Griselda Martínez, Leidys Márquez, Jessica Oviedo, Diana De ávila, y Digna Taborda, además de Rosmery.

No tienen apoyo económico del Gobierno, y su recurso humano es la única herramienta con la que cuentan.

“Un pequeño recurso económico, que ha sido trabajado por nosotras mismas”, se enorgullece Rosmery. “Nos hemos formado por medio de esfuerzo, paciencia, y entendimiento entre toditas, sabiendo que esta propuesta que tenemos es viable y que impulsa a nuestras familias”.

Al ser mujeres víctimas del conflicto, en situación de desventaja, las ganas de emprender se hicieron más furtes. “San Jacinto es un territorio donde estamos solamente encaminadas a la artesanía, y nosotras viendo que eso no nos daba resultado - porque todas sabemos tejer pero lo pagan a muy bajo precio-, decidimos tomar este proyecto en las manos, que nos ha servido para fortalecernos y demostrar las capacidades que tenemos nosotras como mujeres campesinas que somos, ya que conocemos a plenitud las cosas del campo”, continúa Rosmery.

UNA META CLARA

Con este proyecto, el colectivo espera mejorar su calidad de vida y legalizarse para así generar ingresos y empezar a tocar puertas.

Su meta es tener su propio local, “y nuestras propias herramientas porque nos hacen falta herramientas de trabajo y así lograr que otras mujeres también se vinculen”.

Un estudio de la Escuela Superior Politénica de Ecuador analizó los beneficios de la harina de yuca, y destacó que el alto nivel de aprobación expresado a través del resultado de las evaluaciones sensoriales, demostró que el polvo base contenido constituye una importante propuesta comercial, que puede entrar a un nicho de mercado, con personas que padecen de la enfermedad celíaca (una afección del sistema inmunitario en la que no pueden consumir gluten).

Además, concluyeron que la harina de yuca (con aditivos), es perfecta para la elaboración de diferentes productos horneados.

¿Cómo nacieron?

Los talleres o capacitaciones con respecto a los derechos de las mujeres, abordaron tanto el hecho de ser mujer, como el de ser víctima. Allí aprendieron a valorarse, y a buscar alternativas para salir adelante, pese a toda la situación que vivieron y que están viviendo.

“Mamá Chama hizo alianza con la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, para dictarnos unas capacitaciones de emprendimiento, las cuales nosotras aceptamos. Después de un tiempo de venir recibiendo esta formación, nos pidieron una información sobre lo que más se daba en el municipio y vimos que era la yuca. Ya cuando confirmamos esto, comenzamos a trabajar con ella, produciendo la harina. De allí fue que nació esta propuesta, esta idea de emprendimiento con la harina de yuca, siendo el tubérculo que más se produce en San Jacinto”, recuerda Rosmery.

¿Cómo se hace la harina?

Con desparpajo, Rosmery explica que el proceso de fabricación de la harina, empieza escogiendo unas yucas que “estén buenas”. “Después se le quita la cáscara y se lavan hasta que queden limpias; luego comenzamos el proceso de rayado y secado, y por último, cuando ya se secan, viene el proceso de moler la yuca. Así obtenemos la harina”.

Desafortunadamente, a raíz de la pandemia y debido a que sus productos se exhibían en algunos locales a los que tenían acceso los visitantes de San Jacinto, no han vendido mucho de su trabajo últimamente, así que abrieron su página de Facebook: Yuca- Ar Harina de Yuca Artesanal, para poder comerciar; si desea contactarlas puede hacerlo al 3003682363.

“Esta es la primera vez que estamos dándonos a conocer en estos medios y en las redes sociales, porque estamos estancadas por la pandemia. Los pocos clientes que teníamos han decaído por el cierre de los locales y entonces decidimos crear la página y seguir adelante”, finaliza Rosmery, quien al igual que sus compañeras no se desanima, pues tiene fe en su sueño.