Patrizia Castillo sedienta de historias

15 de diciembre de 2019 12:00 AM

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En Barranquilla se preguntaban quién era la mujer que escribía unas crónicas eróticas espléndidas, firmadas con el nombre de Dánae, que aparecían en una revista local.

Llevar un nombre o un sobrenombre es asumir siempre riesgos y más si el nombre elegido significa en la mitología griega ‘sedienta’. Los nombres terminan pareciéndose a lo que su autora soñó para sí misma: algo de la princesa argiva, hija de Acrisio, rey de Argos, y Eurídice, hija de Lacedemón, latía en aquellas palabras de Dánae, madre de Perseo con Zeus. Y detrás del mito griego, una mujer menuda, de ojos negros, bronceada por el mar de Cartagena, que desde niña quiso ser escritora luego de ser devoradora de libros.

La historia de su nombre es otro cuento, porque desde niña en la escuela decidió firmar su nombre Patricia con Z. Algo del germen de su valentía y su arrojo empezaba temprano con decidir firmar como Patrizia Castillo Torres, la muchacha, periodista y escritora cartagenera que aún sigue siendo joven a sus 57 años.

Hace menos de seis años publicó un libro que desenmascaró a Dánae: ‘Lo que aprendí del sexo después de sentarme a llorar’, una síntesis organizada y coherente de sus narraciones sobre la intimidad, el anverso y reverso de las relaciones amorosas y el infierno y el paraíso que los seres humanos cruzan como en un puente de acertijos, milagros e infiernos, de esos instantes en llamas que son las pasiones efímeras o los amores encarnizados más allá de la piel.

El libro era la misma Dánae oculta dentro de Patrizia Castillo Torres, que aún no se atrevía a quitarse la máscara para contar lo que deseaba contar. Y se atrevió luego de pasar por el largo puente de los miedos y las incertidumbres, hasta sumergirse a fondo en sus delirios mayores: Julio Cortázar y Alice Munro, dos escritores que han sido decisivos en su formación, luego de participar en diversos talleres de escritura creativa con Óscar Collazos y John Jairo Junieles.

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Ahora viene ya no con las crónicas de Dánae o las historias vividas por Patrizia que ha recreado en algunas de sus ficciones, sino en un libro híbrido que es una suma de crónicas con elementos ensayísticos y un título sugestivo: ‘Manual para amarte como nadie lo ha hecho jamás’, en una edición independiente en la que ella misma ha creado una legión de sueños: su ilustradora Norella Magdaniel’s y Silvana Tapia, quien luego de los conversatorios del libro seduce con su silencio a los próximos lectores. El libro se presenta a sí mismo más allá de su diseño y su empaque artístico y su ingeniosa manera de desafiar al lector con páginas en blanco para que los lectores anoten sus propios sueños y deseos, a propósito de esa tentación huidiza que es la felicidad, algo parecido a la sombra de la cola del gato que intenta atraparla de un mordizco. La sola historia de su abuela materna, Olga (espiritista) y su abuela paterna Ofe (católica) es un cuento encarnado. Cada una de ellas, desde su esquina amorosa, intentaba transmitir su pasión por lo sobrenatural: la divinidad y el misterioso mundo de los espíritus de los muertos. Este par de abuelas disímiles le abrió la puerta a la lectura de la cábala, a descubrir a los budistas, y al estudio del Dalai Lama y su libro ‘El arte de la felicidad’, ‘El libro tibetano de la vida y de la muerte’, de Rimpoche Sogyal; entre otros.

Sentencias iluminadas

El libro, como la vida, se parece a una escena de la misma vida de Patrizia Castillo en un aguacero torrencial del sábado 17 de noviembre de 2012: de regreso a casa quedó atrapada cerca de dos horas dentro de su carro apagado y en contravía, mientras la corriente feroz intentaba estrellarla contra el vacío de las aguas. Ante la amenaza de los arroyos barranquilleros, como ante las otras amenazas de la vida, Patrizia cuenta en su libro que hay maneras de enfrentarse al desafío: paralizarse, fugarse o rebelarse. Lo mismo que ante la infelicidad. Para ella la felicidad, más allá de cualquier sufrimiento, es una decisión que se asume en cuerpo y alma.

Narra la historia de un amigo que pese a padecer su esclerosis lateral múltiple, solo se comunica con los parpadeos, pero no ha perdido el sentido del humor. Patrizia descubre que la visión judeocristiana del perdón practicada y enseñada por Jesús puede ser complementada por el desapego de lo material de los budistas, que no es una indiferencia a la felicidad.

Mientras que en la cultura occidental los seres esperan una compensación por sus actos bondadosos, en la cultura oriental el acto amoroso es ya un premio en sí mismo. El mundo oscila entre la compasión y la ira, la intransigencia y el perdón. Pero para ella, en su libro, el perdón debe empezar por cada ser humano. Perdonarse a sí mismo es un acto de limpieza espiritual.

Su abuela Olga creía en la reencarnación y su abuela Ofe creía que más allá de la muerte nos espera el cielo o el infierno. Pero tanto el infierno, el paraíso y el purgatorio están en cada acto humano cotidiano.

El libro no es un recetario de superación personal, por el contrario: se ríe de ciertos gurús orientales y occidentales que creen tener la verdad revelada y privilegia a aquellos pensadores que dejan abierta la posibilidad de interpretar nuevas posibilidades en la existencia.

“El fracaso son los sucesivos, previos y necesarios ensayos o intentos para lograr lo que deseas”, dice Patrizia, quien durante muchos años se sentía fracasada por haber llegado a los cuarenta años y no haber publicado su libro. Los sorprendidos de todo han sido sus propios hijos y su familia, que han visto en sus obras las confesiones de una mujer que no le teme a nada y deja fluir y desnudar su propia alma.

“El éxito oculta lo que la derrota enseña”, sentencia ella. “Quien lo sufre es quien lo vive. Quien lo vive es quien lo goza”.

(Lea aquí: Conversatorio con Patrizia Castillo Torres)

El otro jardín

Todo su libro se desliza entre historias vividas o interpretadas sobre la búsqueda de la felicidad, ese tesoro que duerme en cada uno de nosotros y hay que descubrir como la sombra de la cola del gato. Solo el que ha sufrido en carne viva puede escribir sobre la felicidad, precisa Patrizia, para quien no existe la felicidad sino en instantes y la paz absoluta es una quimera porque siempre está llena de conflictos.

Al final, en su texto ‘El jardín’, construye en una narración literaria, la metáfora de la siembra que cada cual forja con sus propias acciones. Plantas que se quejan porque no han podido crecer en la luz o en la sombra. Plantas que no han podido florecer por el invierno o el verano. Todo eso trasplantado a la vida cotidiana, en la tierra abonada y descuidada de la existencia.

Epílogo

Patrizia está escribiendo cuentos y preparándose para publicar su novela. Dicta clases de periodismo en la Universidad del Norte de Barranquilla y no tiene todavía su habitación propia para escribir. Escribe en cualquier rincón de su sala o de su apartamento, de día o de noche, dejándose embestir por el encanto de contar historias. De fluir en sus pensamientos y en su vida, como si flotara en un arroyo implacable.

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