Pedro Claver encontró a su madre en Cartagena

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El llanto frágil e inocente de un bebé retumbaba en las puertas de una iglesia, como llamando a los santos a que lo cobijaran, bendijeran y protegieran. Eran las lágrimas de una criatura, abandonada en una parroquia cartagenera. Su madre biológica tal vez no lo quiso, quizá sí lo amó, a lo mejor todavía piensa en él o ya lo olvidó. Lo cierto es que lo dejó, con solo cuatro días de nacido, a la intemperie y únicamente ella sabe lo que pasó. Así comenzó la existencia del pequeño Pedro Claver, una historia de la vida real que bien pudiera servir de guion de película y que hoy conocemos a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF.

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Sus vidas se cruzaron un 9 de septiembre de 1987. Aquel niñito, recién abandonado y desprovisto de cualquier vínculo familiar, llegó a los brazos calurosos de Edith Villalba. Ella, al ver la situación de muchos niños que eran abandonados o que sus padres no los podían tener, se había convertido años atrás en una Madre Sustituta del Bienestar Familiar. Ese bebé moreno y risueño sería uno de sus hijos putativos, por lo menos mientras encontraban un hogar que lo adoptara. Ella se enamoró de sus ojos, lo cargó, lo mimó, lo alimentó, se desveló con él, como cualquier madre. Era su adoración. “A los ocho meses ya caminaba. Era inquieto, bailador, comelón”, recuerda. En el barrio, sus vecinos lo llamaban ‘Mike Tyson’. Ella ya lo había bautizado, con el nombre de su santo. “Me lo entregaron el 9 de septiembre de 1987, día de este santo defensor de los derechos humanos y pensé que era el nombre más apropiado para él: Pedro Claver”, narra. Así, como el destino los unió, pronto llegó el día de la despedida, Pedro Claver tenía un año y tres meses cuando encontraron una nueva familia para él. Sería adoptado.

Edith lloró. Se despidió. Aunque sabía que en cualquier momento sucedería, que a Pedro lo adoptarían, su corazón no dejó de arrugarse y sus pensamientos mucho menos se alejaron de él. Porque, como con todos los hijos putativos que ha criado, en ocasiones se preguntaba: ¿Dónde está? ¿Qué será de su vida? ¿Estará gordo o flaco? ¿Se casó? ¿Tendrá hijos? Tantas cosas que solo pasan por la cabeza de una madre.

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La vida continuó. Por un lado, Pedro Claver fue “rebautizado” por sus nuevos padres suecos. Johan Pedro Claver Oskarsson es su nombre en el otro extremo del planeta. “Crecí en un entorno muy relajado y bueno en Estocolmo, Suecia. No crecí en una familia muy numerosa, pero sí muy buena, que siempre ha cuidado de mí”, explica. “Mis padres adoptivos se asustaron cuando iba a entrar al colegio porque soy negro, pero tengo un nombre sueco así que eso ayudó mucho a que pudiera estar bien en el entorno”, relata. Nunca fue víctima de matoneo, tampoco se sintió excluido o diferente en Suecia, por el contrario, la gente sentía mucho interés por su origen, y él también.

“Desde muy pequeño -con 4 años-, supe que era adoptado, porque me di cuenta de que era diferente. Saber eso me hizo interesarme en conocer mi origen. Toda mi vida he pasado investigando sobre Colombia y Cartagena, siempre estuve interesado en ver fotos sobre la ciudad y siempre he estado orgulloso de ser colombiano, de mis raíces”, sostiene. Ahora es pedagogo en un colegio en Suecia para niños con necesidades especiales, a los que ayuda. “He tenido muchos trabajos, pero este es el que más me ha gustado, el que más disfruto”, precisa.

Por otro lado, Edith no supo más sobre su hijo putativo, Pedro Claver, aunque nunca lo olvidó. Continuó su vida, abriendo las puertas de su casa, en el barrio Junín, para recibir a muchos niños que fueron abandonados o que sus padres no podían criar. Ella es una mujer incansable, una madre como ninguna otra, tiene tres hijas biológicas y ha criado a más de 50 pequeños en más de 40 años como madre sustituta, algo que describe como “sensacional”. Son niños del sistema de Protección Infantil del ICBF. Mientras unos llegan, otros se marchan, en un proceso en el que ella ya está acostumbrada a recibir y soltar vidas, pese a lo difícil de decir adiós.

“Por mi hogar han pasado alrededor de 50 niños. Además de Pedro, recuerdo mucho a Kelly, que fue adoptada aquí en Colombia y que ya tiene hijos y aún me visita. También recuerdo a Gustavo Adolfo, a Sergio y aún tengo bajo mi protección a Víctor. Él se quedó conmigo para siempre y se convirtió en un hijo más que me enorgullece porque, aunque es sordo, estudió en el SENA y hoy trabaja en el restaurante de un hotel en Cartagena (...) Las mamás abandonan a los hijos, pero ellas no saben la alegría que recibe uno cuando ellos llegan a nuestras casas. No saben cómo los aceptas y cómo te entregas a ellos”, cuenta la madre sustituta.

30 años después...

El teléfono repica en la casa de Edith Villalba. Es una llamada inesperada. Ella está hecha un manojo de nervios porque la llamada es del ICBF, le acaban de informar que Pedro ha regresado a Cartagena para verla. El destino conspiró para que sus vidas se cruzaran una vez más, hoy volverían a reunirse 30 años después.

“Yo dije: ‘¡Ay, Pedro!, mi Pedro, Pedro Claver’. Lloré, tenía un nudo en la garganta de felicidad. Como con todos mis hijos, a mí no se me olvida ninguno. Ese día enseguida me vestí para ir a verlo, ni las pastillas de la presión me tomé”, asegura. Este 30 de noviembre de 2018 fue muy especial.

“He estado pensando en encontrar a mi madre sustituta toda mi vida. Siempre había tenido su nombre: Edith, y siempre quise conocerla, pero no sabía cómo. Luego mi papá compró los tiquetes para Cartagena y nos pusimos en contacto con personas. Conocer a Edith era una meta de siempre y aprovechamos venir a Cartagena en vacaciones para hacerlo. En el Instituto nos ayudaron llamando a Edith para darle el mensaje de que yo quería verla”, explica Pedro.

Y él habla también de su madre biológica. Esa que lo abandonó en una iglesia. “Cuando estaba más joven pensaba más en ella. No la conozco, no sé su nombre, no tengo forma de conocerla. Siempre me preguntaba ¿por qué me abandonó? Pienso que lo hizo para ayudarme, pero ya no le doy vueltas a eso, ni a si tengo hermanos. Soy más realista ahora y sé que no voy a conocerlos. No es como con Edith, teníamos su nombre y así pudimos encontrarla”. Encontrarla y abrazarla, como tanto quiso.

En una oficina del Bienestar Familiar, un joven alto y moreno atravesó la puerta. Y ahí estaba ella, Edith, ansiosa. “Está bonito”, dijo emocionada. Y, naturalmente, hubo lágrimas, felicidad. Él no entendía nada de español, pero el idioma del amor habló por ellos. Ella le llevó fotos de cuando era pequeño, rodeado de otros niños, que compartieron su hogar.

Y las lágrimas de Pedro Claver, ese niño abandonado en las puertas de una iglesia, es ahora el llanto de un hombre que llora alegre, porque ha vuelto a casa, a su Cartagena, a su madre. “Fue un sentimiento maravilloso. Es muy difícil de explicarlo en palabras porque son muchas las emociones que llegaron en ese momento. Estaba un poco asustado por conocerla, pero más que eso era la emoción de saber que iba a ver a alguien en quien había pensado toda mi vida. Creo que caeré en cuenta de todo esto que acaba de pasarme, cuando ya esté de regreso en mi casa en Suecia. Pienso que esta es mi mamá. La quiero. He sentido que la quiero incluso desde antes de verla nuevamente aquí, en Cartagena. Ella cuidó de mí cuando era un niño, así que la amaré siempre”, dijo Pedro Claver, luego de tener en sus brazos a su amada madre, Edith.

Pedro volverá
“Espero regresar a Cartagena en dos años. Aun no sé si para quedarme a vivir, primero tendría que venir nuevamente a visitar. Tengo un niño de 2 años y en febrero tendré una niña con mi novia. La próxima vez que venga quiero traer a mi novia, sin los niños, y ya cuando ellos estén más crecidos sí vendríamos todos. Vamos a mantener el contacto por mail y Facebook. Esto es demasiado importante para mí, es demasiado importante mantener el contacto con ellos porque son mi familia. Esta es mi familia”, afirma Pedro Claver.
“Único y especial”
La Regional Bolívar del ICBF tiene 143 madres sustitutas, vinculadas a los servicios de protección en las modalidades Hogar Sustituto Vulneración y Hogar Sustituto Discapacidad. “No se reciben con frecuencia, en la Regional Bolívar, solicitudes de reencuentro entre personas que en su infancia hayan estado en protección en un Hogar Sustituto y las madres sustitutas que estuvieron encargadas de su cuidado, de allí que lo sucedido entre Edith y Pedro sea tan único y especial”, explica el director de la Entidad en Bolívar, Andrés Mejía Pizano.
Otro “Pedro”
El reencuentro entre Pedro Claver y Edith se dio justo un día después de que otro pequeño fuera abandonado como él. En el barrio La Quinta, en el Mercado de Bazurto, el 29 de noviembre, la Policía rescató a un niño, que fue dejado en la calle dentro de una bolsa. Otra madre sustituta lo acogió y esperará que alguna familia lo adopte.

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