Pere Sureda, la pasión de editar es un arte

Pere Sureda, la pasión de editar es un arte
Pere Sureda, veterano editor español, con una trayectoria de más de cuatro décadas. //Foto: cortesía.

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Toda su vida ha sido la búsqueda embrujada de un libro de oro. Un libro del tiempo, del enigmático pasado y del escurridizo presente que lo conmueva más allá de la última línea. Un libro que siga palpitando más allá de la muerte de su autor. Lo ha encontrado muchas veces y lo sigue hallando en el vértigo y en los espejismos de la vida contemporánea.

No renuncia a su sueño ineludible, a su vocación y a su pasión indeclinable de lector voraz y a su obstinada valentía de soplar entre las arenas del tiempo, tras el oro perdido de las palabras.

Es Pere Sureda, el veterano editor español que se encamina a medio siglo de vigilias, en su destino de seguir girando sin cesar los molinos de viento de la legítima quimera de sembrar alfabetos que florecen al pie del agua con el solo sortilegio de las palabras, y siguen floreciendo dentro y fuera de los desiertos.

De paso por Madrid, y mucho antes de que el destino me llevara por el camino de Pere Sureda, el escritor Dasso Saldívar me había hablado de esta criatura insoslayable de España, para quien una de sus mayores alegrías de la vida es sumergirse en silencio, como pez abisal, en el océano sin tiempo de los libros.

Con él empezamos a conversar. Con él, que es el capitán de esa hazaña europea y mundial que se llama la editorial Navona.

Empecemos por su infancia. ¿Hubo en su familia, una señal como un imán que lo atrajera a los libros?

-No. Lo que sí hubo fue un profesor de literatura que nos leía en cada clase, unas páginas de las novelas de Enid Blyton que nos dejaban con el misterio hasta la siguiente clase.

¿Qué libros o autores iluminaron esos primeros años?

-Los viajes de Marco Polo, Sandokan, Poe, Chandler, Gogol, El Padrino de Puzo, Papillón de Henry Charrièrre, Sobre héroes y tumbas...

¿Qué personajes literarios lo impactaron y lo siguen deslumbrando?

-Abel Magwitch, Uriah Heep, Raskolnikov, Corleone, David Copperfield, La Familia de Los Maia, Hari Sheldon, Aureliano Buendía, Mersault, Ricardo III, Anna Karénina, Los Karamázov, Garp de John Irving, Lazlo Almazy, el paciente inglés, Ursúa, Palomino Molero, La Regenta, Zhivago sin duda. Frankenstein, Drácula, Carmilla, imprescindibles...

¿Qué ediciones le maravillaron por su estética y su belleza?

-Las que veía en las librerías de viejo de Covent Garden en Londres. Y las que, en general, sigo viendo en mis viajes.

¿En qué momento siente que su destino es el de editor?

-Creo que no hay un momento. Es una sucesión de acontecimientos y de lecturas... pero si hay que fijar una fecha, podemos poner 1996...

¿Qué personas o editores han sido decisivos en su formación?

-Felipe Palma Claudín, el primer jefe que tuve. Me dio alas y confianza. Aprendí mucho con él. Enrique de Hériz, sin duda el mejor editor que he conocido, y con el que he tenido el privilegio de hacer equipo. Y en casa, un ser que ilumina esos momentos es Antonia, mi mujer, que sabe el valor del silencio, su voz tuvo siempre el don de ser una llave o un talismán para conjurar instantes en que estuve en dificultades.

Luego de tantos años de vigilias como editor, ¿qué intuiciones lo llevan a elegir un libro o un autor desconocido o veterano?

-La lectura atenta, es fundamental. Pero el olfato es que el manda. Digamos que la lectura es la razón y el olfato la pasión.

¿Qué privilegia en esa elección?

-La pasión me mantiene vivo y en marcha. Sin ella, no hay proyecto. Me gusta “conducir” con las luces largas... Imagino dónde está en determinado momento la editorial; y mentalmente proyecto donde quiero situarla, y lo veo.

¿Qué piensa del destino del libro en un mundo globalizado?

-El mundo que yo he conocido siempre ha estado globalizado. Gracias a ello he podido intercambiar experiencias entre España y cada uno de los países de América. Nunca he sentido que la edición tuviera límites y menos geográficos.

Cuéntenos sobre las ediciones clásicas en las que trabaja como editor, y qué autores o libros que estaban en la penumbra, ha vuelto a iluminar entre los lectores.

-Estamos trabajando en una nueva traducción de Los Maia, de Eça. Tengo encargado ‘El monólogo de Molly Bloom’, de Joyce. Orlando Furioso, de Ariosto. Los pasos perdidos, de Carpentier, una nueva traducción de Cándido, de Voltaire, La muerte de Empédocles, de Hölderling, en nueva traducción, El anillo y el libro, de Browning, Carmilla, de Le Fanú. El Monje, de M. Lewis en nueva traducción. Noticias de ninguna parte, de William Morris... etc.

¿Cómo dialoga Navona en España con el mundo? ¿Ha pensado en el público infantil y juvenil?

-Bueno, digamos que soy muy de pasear cada día por un par de librerías, si no lo consigo no me siento bien. Converso con los libreros y observo al público. Viajo, siempre que puedo por España, al menos una vez al año todas las capitales. Y debo reiniciar mis viajes a América, pero no tengo, aún, el don de la ubicuidad. ¡Jajaja!

El milagro del libro

Elegir el milagro de un libro por leer o editar es una decisión que pasa por el filtro del corazón, la razón y tiempo. Tiene la discrección de las palabras y el sigilo con que teje la filigrana de lo que él mismo llama “el catálogo”, que, para él, son como los pergaminos sagrados con que su vida de editor construye la biblioteca de oro o el reino intemporal de sus deseos.

Borges decía que el universo es lo más parecido a una biblioteca. La humanidad no ha podido ni podrá prescindir del libro, instrumento de la imaginación y la memoria. Pere Sureda ha creado su propio catálogo de maravillas como Borges creó la biblioteca de lo imprescindible. Como volver a Cervantes, a Borges, a Shakespeare, a Emily Dickinson.

Una biblioteca donde los lectores tienen que regresar al libro leído para volver a ser felices.

¿Cómo es un día en la vida de Pere Sureda?

-No permito que me moleste el despertador. No tengo. Leo hasta tarde en la noche y suelo desperezarme entre las 8 y las 9 de la mañana. Preparo un frugal desayuno, mucho café y tostadas, un yogur, y me pongo frente a la pantalla del iPad. Mientras leo noticias, contesto mails, y hablo por teléfono simultáneamente. Hacia las 11 estoy en Navona y me suelo quedar hasta las 20, 21 horas. Aprovecho para conversar con mis distribuidores de América. Y para leer en soledad. Un lujo.

Epílogo

Así es. Vive dentro de una biblioteca y una editorial.

Pere Sureda se detiene frente a los relojes de pared y siente una extraña fascinación por los latidos sigilosos del tiempo. Cada día es un tesoro supremo. Cuando desea que con solo mirar un paisaje se despierten sus emociones más recónditas y delumbrantes, se va para Calella de Palafruguell, en la Costa Brava, un pequeño pueblo junto al mar donde duermen todos los matices de azules, a flor de agua.

Desde que sale de casa hasta la editorial, el oro de su tiempo fluye entre libros. Y no quiere salir a flote de ese mar hipnótico y en silencio que le deparan las palabras, como si entrara al reino dorado e infinito de un libro, guardado en los anaqueles del tiempo. Esa es la vida de uno de los veteranos editores de España y uno de los mejores del mundo.

Cuando duerme, es probable que una metáfora de jardines o pájaros aletee en su memoria. O a través del sueño regrese a ese cielo que se derrama en verdes y aguamarinas en la aldea espléndida de los pescadores.

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