Facetas


[Podcast] La biblia de proverbios de Eladio Uparela

Un joya perfectamente diseñada desde la exactitud de la ingeniería para la literatura, eso es el libro ‘Proverbios comentados’.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

08 de noviembre de 2020 12:00 AM

Todo en nuestras vidas está lleno de proverbios. Cuando algo malo sucedía inesperadamente, las abuelas solían decir: no hay mal que por bien no venga, a manera de sabio consuelo. Aunque no sé bien si era un adagio ni tampoco un elogio, también mi abuela Pacha acostumbraba aconsejarme: come bien que tienes la patica seca, como colita de ratón, pero a la vez, en la abundancia, recomendaba: guarda pan para cuando haya leche y, de seguro, en alguna ocasión sentenció a mi abuelo con la escudriñosa frase: hombre con nieto que se quede quieto.

Los adagios populares existen desde tiempos bíblicos, son más viejos que el sol y, al ser tan viejos, también son sabios, porque bien recuerden ustedes que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Existen en todas las culturas. Crecimos con ellos. En el colegio era muy popular escuchar a nuestras madres y padres recomendarnos: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, en referencia a las tareas, y a más de uno -que no hizo la tarea- le aconteció el afortunado hecho de ser salvado por la campana, aunque precisamente este dicho tendría más su origen en el ring de boxeo, cuando, al término de un round, a uno de los contrincantes la campana lo salvó de ser nocaut. Crecimos escuchando frases para cada una de las situaciones de nuestras vidas, quizá cuando una decepción amorosa nos arrugaba el corazón, alguien nos susurraba al oído: nunca nadie se ha muerto de amor o el contundente no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Pero tampoco faltaba aquel indecoroso que para echarle sal a la herida o echarle leña al fuego, podía comentar: nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, adagio aplicable a cualquiera que sea pérdida.

Si la ruptura amorosa sufría los horrores del escarnio público en un pueblo o comunidad pequeña y era vox populi, podía ser peor pues bien se sabe que en pueblo chico, infierno grande. Y es que los pueblos y municipios son una fuente fecunda de adagios populares. En un pueblo, o en la ciudad, sin un político de mala reputación, por ejemplo, hace una promesa en campaña, se sabe bien que la cumplirá el día que amanezca más temprano, o el día que San Juan agache el dedo o en el año de la pera (diría mi mamá) “pues para no cumplir un compromiso, el mejor plazo es el que nunca llega”. Y si ese político era o es ‘pillado’ en algún ‘torcido’ -acto de corrupción- se decía o se dice que se le destapó la olla podrida. Por otro lado, se comenta o se decía en los pueblos que campo bien regado, campo preñado, haciendo alusión a que si se hace un buen trabajo bueno será el resultado y si una muchacha, que se presumía ‘señorita’, salía en embarazo era más fácil escuchar que salió con un domingo siete. Y los dichos, frases o proverbios van cambiando, según la situación y el lugar, pero siempre manteniendo el mismo sentido de enseñar o de resumir paradójicamente una “enseñanza, un consejo o una advertencia”.

‘Proverbios comentados’

He conocido en estos días de postcuarentena a una persona singularmente particular que, a sus 75 años, acaba de publicar la tercera edición de un libro fascinante. Se llama ‘Proverbios comentados, ingeniería literaria’. Yo lo describo como una biblia universal de proverbios, extremamente entretenida en cada página. Su autor es el ingeniero civil Eladio Uparela Madrid. Charlamos desde la cercanía del teléfono, pues él se cuida mucho de aquel virus que aún atormenta al mundo como un tren sin frenos. Eladio no recibe visitas y sí, dice que sale todos los días, pero solo al patio de su casa, en el barrio Manga.

¿Qué hace un ingeniero civil hablando de literatura?, pues todo. En absoluto. Para Eladio la “ingeniería es un arte, el arte de transformar pequeñas ideas en grandes cosas útiles para la humanidad” y sin la ingeniería la civilización no avanzaría, es decir: el desarrollo debe ser permanente con inspiración.

“Un ingeniero, al igual que un escritor, necesita imaginación y esta se pone a prueba cuando penetra a fondo en un refrán para extraer una enseñanza, un consejo o una advertencia”, describe Germán Pardo Albarracín, presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, en la presentación del libro.

Y eso es lo que ha hecho Eladio Uparela Madrid, ha penetrado en el alma de más de 3.000 refranes para plasmar sus significados en esta publicación, pero además lo ha hecho sagazmente, pues respeta la elemental norma de la gramática: “Lo definido no debe hacer parte de la definición”.

Comenzó a hacerlo desde pequeño, siguiendo una tradición que aprendió en la finca de sus padres, quienes le enseñaron el método recreativo consistente en que ellos expresaban la primera parte del proverbio, y él la segunda. Por ejemplo, sus padres decían: no es rico quien más tiene y Eladio respondía: sino quien menos necesita.

Es una tarea rigurosa de muchos años la que sigue alimentando todos los días, pues los proverbios son para él como sus hijos. La primera edición de libro la escribió a máquina. Fueron más de 600 proverbios comentados por él. La segunda superó los 2.000 y en esta tercera son más de 3.000. Ha recorrido el mundo a través del ‘doctor Google’, en su recopilación. Me atrevo a decir que nadie sabe tanto en Cartagena y en la Costa sobre el tema como Eladio.

“Decir guerra avisada no mata a soldado es incorrecto, va en contravía de la realidad. Lo correcto es decir: guerra avisada no mata a cojo, ya que el cojo se previene y se desplaza a un lugar seguro, el soldado no puede hacerlo y debe enfrentar al enemigo sea avisada o no la contienda”, describe Uparela, quien se declara un hombre de muchos amigos, que si se encuentra alguno que se diga que es su enemigo, “no tiene tiempo de atenderlo”.

Hay de todo tipo de proverbios en el libro del ingeniero. Aquellos que hablan sobre la abundancia de escasez, como: no hay perro para tanta garrapata o no hay cama para tanta gente y aquellos sobre la vida y la muerte: la muerte está tan confiada de vencer que da una vida de ventaja, frase que señala a cuando se ejecuta una acción con pleno convencimiento de obtener un resultado positivo, y el seguro no es de vida, sino de muerte es otro proverbio que referencia que “es imposible proteger la inexistencia material de un ser”.

Hay frases para indicar prototipos de fealdad como: más arrugado que nalga vieja y frases como sarna con gusto no pica y si pica no mortifica, que indica cuando tenemos “la personalidad de hacer algo que deseamos, sin molestarnos por las censuras”.

He encontrado también en este libro aquellas frases que rezan: a todo puerco gordo le llega su San Martín y tanto hizo la zorra en un año para pagarlo en un día, que sugieren que “a todo prepotente, arrogante y avasallador le toca su mal momento en la vida”. Y muchos otros proverbios más.

‘Proverbios comentados, ingeniería literaria’ fue presentado en marzo de este año en el Congreso Nacional de Ingeniería, en Cartagena, justo antes de que comenzara la pandemia, donde el propio autor repartió 700 ejemplares gratis, pues su idea no es hacer negocio vendiendo libros, más bien es compartir con el mundo todo aquello que sabe e investiga y porque dice: “No hay cosa que más me gusta que me lean”.

Él sigue recopilando sus proverbios y espera algún día poder compartirlos digitalmente para que lleguen a muchas más personas del mundo. Al que conoce la excelencia, lo bueno le parece regular es otra de las frases que se lee en el libro, precisa para describir está excelente publicación, una joya perfectamente diseñada, que nos llegada desde la ingeniería literaria.

“Ya se está perdiendo la costumbre de recitar los proverbios y por eso es que el mundo está como está, porque la gente no utiliza los proverbios. Eso es una riqueza, una riqueza enorme”, sentencia el ingeniero Uparela.