¿Qué hay detrás de los robos a camiones como el sucedido en Tasajera?

¿Qué hay detrás de los robos a camiones como el sucedido en Tasajera?
El estallido del camión en Tasajera dejaba 26 muertos y más de 40 heridos, hasta el viernes pasado. //Foto: Archivo - El Universal.

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El reloj marcaba las 8:30 a. m. cuando nos topamos de frente con aquella fila quimérica de vehículos sobre la Troncal de Occidente. A lo lejos un tumulto de gente, cierto caos, molestia de conductores, había una protesta de razones inéditas y algo increíbles (si así se puede decir). Bajamos del carro, afanados por llegar al lugar de la manifestación, que interrumpió nuestro viaje a un pueblito de los Montes de María para un reportaje de El Universal, en marzo de este año. Falta de energía eléctrica, de agua potable, algún problema social sin resolver, alcantarillas rebosadas, algún colegio cayéndose, un puesto de salud ‘enfermo’, todas aquellas posibilidades pasaron por nuestras mentes mientras caminábamos por la fila de carros, camiones, buses, busetas, tractomulas, de más de un kilómetro. Cuando llegamos por fin al punto, a Gambote, corregimiento de Arjona, las razones de aquella protesta insólita nos sorprenderían. Y mucho. Un muchacho escuálido, de buzo negro y cabellos teñidos, que sobresalía entre los demás manifestantes, todos jóvenes y hombres, respondió nuestras preguntas.

-¿Qué sucede, por qué es la protesta?

- No, men, tú sabes, la Policía... nos hizo unos disparos y hubo heridos.

- ¿Pero por qué, qué pasó?

- No nos dejaron cogernos la carga de un contenedor que se volteó esta mañana por allá (señaló hacia la carretera).

Respondió así, sin más ni menos. Protestaban porque no los dejaron robar o por los heridos que dejó el intento frustrado de robo. El camión volcado, a las 6:30 a. m., llevaba perfumes y productos de belleza que se venden por catálogo. La Policía protegió el cargamento. (Le puede interesar: Jóvenes mantienen bloqueada la Troncal del Occidente, en Gambote)

Al escuchar a aquel muchacho hablar airoso, el reportero gráfico, con temor, bajó su lente. No era la primera vez que él vivía algo así. También en Gambote, en otro periplo periodístico, tuvo que correr para evitar ser apedreado. Sucedió en el año 2010, cuando un contenedor cargado de televisores se volcó en la misma zona y varias personas se adueñaron del cargamento de aparatos Simply. Él llegó para registrar aquel accidente pero eso no gustó mucho a un hombre que corría con televisor en mano e intentó agredirlo al ver su cámara y al ver que era de la prensa. Después del sofoco, los policías lo protegieron. Luego las autoridades recuperaron los televisores. “Tres años después, un camión de dulces corrió la misma suerte cerca de El Viso”, recuerda. (Le puede interesar: Saqueos y capturas por caída de tractomula cargada con televisores)

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Algo similar a lo de Gambote, pero mucho más grave, ha sucedido esta semana con la tragedia en Tasajera, que dejó el intento de un grupo de hombres del pueblo de apoderarse de la gasolina de un camión cisterna volcado en un costado vial. El estallido del carrotanque cobraba hasta el viernes 9 de julio de 2020, veintiséis muertos -algunos de ellos calcinados hasta los huesos- al menos 26 heridos y mucho, muchísimo dolor en aquella invasión sofocada por la pobreza extrema, pero también develó muchísimas otras cosas. ¿Qué hay detrás de hechos como estos? ¿Cuál es su trasfondo social? ¿Hasta dónde ha llegado la degradación humana? El intento de robo, las muertes, los heridos, el estallido en Tasajera ha levantado humareda de opiniones y desencuentros que aún no se disipa.

“El origen de estos hechos, hablando en términos sociológicos, los podemos entender desde el concepto de anomia, del que nos habla Emilio Durkheim (uno de los sociólogos más representativos de esa rama). Para él la anomia es el debilitamiento de la moralidad común. Cuando en un espacio o población la moralidad está completamente diezmada, cuando la moral que debe ser esa manera de que las personas adopten unos patrones de conducta, no los constriñe de manera suficiente”, responde la socióloga Marlys Cano Yepez, docente de la Corporación Universitaria Rafael Núñez. “Cuando hay un espacio anómico, de acuerdo con Durkheim, se carece de un concepto claro de lo que puede ser una conducta adecuada, por ende se genera un territorio sin una normatividad específica acerca de unos patrones de comportamiento. Los individuos pierden la capacidad de analizar sus propios actos y los efectos y consecuencias que estos puedan generar.

“Si vemos lo que pasó en Tasajera, inicialmente hubo unas personas que vieron una ‘oportunidad’ (por decirlo así), pero no hubo un detenimiento a pensar qué podía pasar con ese acto. Así mismo hubo muchas personas que quizá no tenían esa vehemente necesidad de llegar a tomar unos galones de gasolina y, sin embargo, lo hicieron, lo que en sociología se conoce como sociología de masas”, dice.

¿Por qué se da esta anomia social?

-Aquellos territorios más vulnerables a padecer anomia son donde hay crisis o quiebres en los ámbitos económicos, políticos, culturales, educativos, religiosos. No podemos desconocer que esta zona de Tasajera y sus alrededores, como Pueblo Nuevo, la zona bananera, son territorios que están completamente a la intemperie y al abandono estatal. Hay muchos quiebres y se convierten en territorios vulnerables a padecer anomia. Puede ser que bajo esas circunstancias, en ese carecer de un sentido común, se puede generar es tipo de actos. (Lea también: Tragedia en Tasajera: siete muertos y 60 quemados)

Como el COVID Friday

La socióloga destaca que “hay que decir que la anomia, tal cual como la desarrolló Durkheim, es un concepto a nivel mundial”, en todas las poblaciones se puede presentar, es decir, no es exclusivo de Gambote, de Tajaera, de la Costa Caribe, ni de Colombia. “Lo que pasó con el COVID – Friday (como la prensa internacional llamó al primer Día sin IVA en Colombia), ese es un estado completo de anomia. Es decir, las personas no se detienen a pensar que quizá saliendo se van a exponer a un virus que puede estar en cualquier parte, sin embargo lo hacen, salen con una filas enormes. La anomia es algo que todas las poblaciones en general la pueden padecer”.

¿Empatía perdida?

¿Hemos perdido la empatía? ¿Está bien juzgar a los protagonistas de esta trágica historia? ¿Está bien de alguna forma intentar justiciar lo sucedido? “Claramente es de esperarse que haya opiniones encontradas. Resulta que las condiciones de vida de cada persona determinan su manera de pensar y actuar, no es lo mismo de pensar a favor o en contra de lo que sucedió en Tajasera, cuando tú eres caribeño y puedes mirar las condiciones en las cuales viven, no es lo mismo verlo desde esa perspectiva, que hacerlo desde una perspectiva en la que conociste Tasajera simple y sencillamente por la noticia trágica”, señala la socióloga.

“Las opiniones encontradas siempre van a existir, son válidas, siempre y cuando tengan unos argumentos. Yo pienso que aquí lo importante no es tratar de justiciar el hecho o no justificarlo, lo importante es analizarlo, que nos sirva de reflexión, nosotros como sociedad tenemos que ver qué pasó, cuáles fueron los motivos y, sobre todo, procurar que circunstancias tan nefastas como estas no se repitan”, precisa.

“¿Dónde quedó la empatía? Es triste como sociedad que veamos comentarios que digan: está bien que les haya pasado para que no lo vuelvan a hacer, en vez de decir qué podemos hacer por las personas que quedaron vivas, por las personas familias que quedaron destruidas, esas esposas que quedaron sola. Si hay empatía, las circunstancias pueden mejorar (...) Ojalá conocieran un poco las condiciones a las que esas personas les ha tocado vivir, para tratar de entender un poco, no justiciar, entender un poquito el desespero de esas personas”. (Lea también: A 26 ascienden los fallecidos en accidente de Tasajera)

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La historia se ha repetido con camiones de cervezas, de carnes, de transporte de cemento volcados.

Ha sucedido en Gambote, pero también en otros pueblos, y solo tres días después de aquella tragedia en Tasajera, el jueves volvió a pasar, esta vez, en la Vía del Mar, entre Cartagena y Barranquilla. Un furgón cargado con 950 kilos de pescado fue saqueado por una turba que amenazó a su conductor con cuchillos y machetes para que abriera el contenedor. El pobre hombre, en medio de un llanto desgarrador, se negó a abrir el furgón y, en un acto completamente vandálico, la muchedumbre desvalijó el vehículo para llevarse el cargamento.

La anomia parece ser una epidemia nefasta y ya mortal. También necesitamos una pronta cura.

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